¿Qué pasa con las historias cuando los periodistas se van?


El periodista Ander Izagirre volvió a Bolivia con ganas de escribir un libro acerca de una vieja historia de ese país. Se reencontró con Potosí, sus niños mineros y su fría realidad, pero vio mucho más.

Hace periodismo gastronómico como trabajo rutinario. Por Ander Izagirre

No, no es un error. Se escribe Ander Izagirre y es el nombre de un periodista vasco que con mochila al hombro, lápiz y papel en mano y presupuesto propio decidió retomar una historia que le dio reconocimiento. Su premisa era: ¿Qué pasa con las historias cuando los periodistas se van?

Izagirre (San Sebastián, 1976), se describe en su blog como un periodista satélite. Ha escrito cuatro libros, tres guías de turismo y ha recibido premios de periodismo por sus reportajes Las madres guaraníes saltan a la cancha y Mineritos. Por este último volvió a Bolivia con ganas de escribir un libro. Se reencontró con Potosí, sus niños mineros y su fría realidad, pero vio mucho más.

«Da pereza y miedo mostrarle el texto a tus entrevistados, pero creo que habría que volver a la fuente y devolverle algo de tu trabajo. Somos vampiros de su tiempo», señala. Escribe grandes reportajes, pero se gana la vida «escribiendo sobre la ruta del espárragado navarro», una serie de artículos sobre productos con denominación de origen y guías gastronómicas.

Izagirre publicó en 2010 Mineritos: Niños trabajadores en las entrañas de Bolivia, un reportaje sobre los miles de niños que trabajan en las minas bolivianas. El foco de aquella historia era una niña de 14 años con la que decidió reencontrarse tiempo después.

«Para el reportaje pasé 3 o 4 días en Potosí. Esta vez estuve entre 16 y 17 días. Lo que vi fue totalmente distinto, duro. Me contaron historias feas. Fue una ventaja tener cierta familiaridad porque te cuentan más (…). La gente no cuenta sus miserias al primero que pasa», apunta el escritor de Cuidadores de mundos (2008).

Con este viaje salieron a relucir tanto historias terribles como otras muy positivas. En ellas se quiere Izagirre centrar ahora. «Quiero reflejar la esperanza. Allí vi chavales que pelean por sus derechos, hacen cartas, reclaman. Los chavales son mucho más que mineritos y pobrecitos. Esas historias las veo poco», dice.

 «Como Superman pero al revés»

A Ander Izagirre le cuesta entrar en confianza, lo reconoce. Cuando habla en público baja la mirada, juega con la tapa del bolígrafo o con los bordes de un cuaderno. También le cuesta invadir la privacidad de un entrevistado. Le da vergüenza sacar una grabadora e incluso algunas veces tomar nota en su libreta. Sin embargo, reconoce también que se arma de valor cuando se enfrenta a historias y lugares peligrosos. Como los túneles de las minas en el Potosí, o los parajes de hielo en Groenlandia.

«Yo soy un cagao. No tengo ningún interés en hacer aventuras. Paso miedo, pero cuando eres periodista haces cosas que de lo contrario no harías. Soy como Superman pero al revés», señala entre risas.

Un superhéroe que escribe historias de espárragos navarros para sobrevivir como autónomo mientras puede publicar su próximo libro y un gran reportaje.

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Texto por: Andrea C. Fernández S.

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