Madrilánea

«La diplomacia suele ser el paraíso del tedio»

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El diplomático español Inocencio Arias ha visitado la redacción de Madrilánea para compartir sus experiencias profesionales con los periodistas

Inocencio Arias durante la charla. Por Borja Robert

Hoy lleva pajarita celeste con topos blancos. En la mano derecha sostiene una pluma MontBlac y en la muñeca izquierda lleva un reloj dorado con números romanos. Su pelo es menos espeso y más blanco por el paso de los años.

Uno de los más experimentados diplomáticos que ha tenido España ha visitado este jueves el Máster de periodismo de ABC para hablar como diplomático, como viajero y como «periodista frustrado».

 «Me he pasado toda la vida en la diplomacia menos dos años que fui al Madrid, una experiencia interesante pero frustrante», afirmó. Chencho —como le llaman los amigos— ha servido 42 años al Estado español, muchos de ellos como representante de nuestro país ante la ONU, incluida «una época agitada defendiendo el apoyo de España a la guerra de Irak». «La diplomacia de los organismos internacionales es el paraíso del tedio, algo mortalmente aburrido», confiesa. Pero luego  matiza: «Menos en el Consejo de Seguridad de la ONU».

El diplomático tuvo que defender la decisión del ex presidente del Gobierno José María Aznar de participar en la Guerra de Irak. Para Arias, se han dicho muchas falacias al respecto. La pajarita más famosa de España explicó que la ONU ha hecho una labor regular para preservar la paz, mientras que describió la Asamblea General como un lugar con «un podio de mármol verde en el que habla alguien a quien nadie presta atención, a menos que sea un mandatario importante».

La charla con Arias es un compendio de anécdotas con perfectos detalles, como cuando relata la llegada de Bill Clinton a la ONU en medio del escándalo de su «affaire» con una becaria. En ese momento, Arias se encontraba sentado en la tercera fila. A su lado tenía a Sri Lanka y Sudáfrica; detrás a Cuba. Recuerda cómo el aplauso de la delegada de México, situada en primera fila, desató una reacción en cadena hasta que toda la sala le premiaba con una fuerte ovación. Arias se mantuvo sentado hasta que vio incorporarse a Nelson Mandela, que se unió al curioso espectáculo en los aplausos hacia Clinton. Nadie sabía por qué aplaudía. Ni siquiera el propio Arias, que se dejó llevar como todos. Más tarde el representante cubano bromearía con Arias: «Espero que no me hayan visto en La Habana».

Inocencio Arias terminó su intervención con humildad antes de someterse a las preguntas de los alumnos del máster: «Yo soy novillero, no soy torero», dijo refiriéndose a su estatus profesional. Pero ninguno le creyó.

Las mentiras en la Guerra de Irak

Estados Unidos invadió Irak en contra de lo que dijo la ONU

Para Arias la ONU no se pronunció sobre la intervención y, a nivel jurídico, «está más justificada la intervención en Irak que en Kosovo», donde se intervino sin discutirlo en el Consejo de Seguridad porque Rusia lo iba a vetar. Ante el veto, el ataque sería ilegal. El conflicto irakí no se sometió tampoco a ninguna votación

 No había armas de destrucción masiva

El diplomático explicó que el comisario de la ONU sueco enviado a investigar si había o no armas dijo que no podía garantizar que las armas estuviesen distruidas. Nunca dijo que no existían. «creo que Bush creía en la existencia de las armas porque Husseim las había tenido y las había utilizado. No daba pruebas fehacientes de que las había destruido ¿por qué no lo demostró?».

 Zapatero prometió en precampaña la salida de las tropas españolas

Aznar no envió tropas a Irak. «Las envió después, una vez terminada la guerra», Arias asegura que el ex presidente Zapatero hace una campaña en la que dice que sacará a las tropas de Irak. Además, explica que la salida de Irak fue «bochornosa» porque se avisó a Estados Unidos 24 horas antes y se notificó un domingo.

 Las tropas en Irak estaban de forma ilegal

La ONU lo aprobó de manera solemne con la votación de los 15 países del Consejo de Seguridad de manera unánime. «El lavado de cerebro con ese tema fue tal que hasta un ministro se creía su mentira».

 

 

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