Activismo y periodismo


Este es el problema de las ideologías, que son tan absorbentes que acaban diciéndote qué tienes que comer, cómo te tienes que vestir y en quién tienes que confiar.

Vendedor de periódicos. Por The Royal Library Denmark

No sé si ustedes habrán hablado alguna vez en su vida con alguien a quien todo le parece bien. Yo espero que no, porque este tipo de personas son casi tan desagradables como aquellas a las que todo les parece mal. El optimista radical, al igual que el pesimista sin fronteras –ahora se hacen llamar «indignados»– se desenmascara muy fácilmente: no tiene criterio y siempre, pase lo que pase, va a votar al mismo partido político.

Este es el problema de las ideologías, que son tan absorbentes que acaban diciéndote qué tienes que comer, cómo te tienes que vestir y en quién tienes que confiar. Al final, el gran ideólogo no tiene ni idea de cómo salir de esa vorágine de imposiciones –siempre egocéntricas y de cara a la galería– que él mismo se ha establecido. ¡Qué bonita forma de perder el tiempo!

Otro aspecto de este problema es que, en una ideología, todo está al servicio de sus intereses. Siempre. Esta ha sido la perdición de Julian Assange, el fundador de Wikileaks. Su motivo (el de la recolección de «cables») no era ni el bien común ni la seguridad internacional. Su principal motivo era vanagloriarse de su «lucha» contra los males de los imperialismos modernos –de otras ideologías sin fronteras–.

Por todo esto, el director de ABC diferenció durante la presentación de «Wikileaks confidencial» (excepcional libro escrito por Borja Bergareche) los conceptos de «activista» y «periodista». Más allá de que «activista» suena a vegetariano con rastas y de que «periodista» nos sigue pareciendo –gracias a Dios– un tipo decente y con agallas, el activista es un notas que condiciona todo a sus intereses. El periodista, sin embargo, no. Porque la verdad, sabrán, no admite concesiones. Y por eso Borja Bergareche habló de independencia frente a los partidos, esa gran maquinaria –o ese vasto supermercado, casi outlet– de doctrinas que desde hace años viene estando de rebajas. ¿Se imaginan actualmente una libertad de expresión real? Pues yo tampoco. Porque si la libertad nace de la verdad, aquí pocos se salvan; tantos son los intereses que ponen precio hoy a la voz y a la palabra.

Sépanlo los ideólogos, los demagógos y los «progresólogos». El periodismo no es activismo al servicio de ningún color: es el amor a la verdad. Como suena. Y sin cobrar intereses.

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Texto por: Álvaro Calleja

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es periodista

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