La carrera sin prisas de Canillejas


Un evento deportivo pone en evidencia las peculiaridades de un barrio que prefiere la tranquilidad

«Siguen viniendo porque correr en Canillejas es como jugar en el Bernabeu. Saben que por allí han pasado los grandes». Así justifica la 32ª edición de la Carrera de Canillejas su fundador, José Cano. Un evento que saca a relucir las características de un barrio fundado hace ocho siglos.

El Trofeo José Cano es una de las tradiciones del barrio. Por A. Fernández

Es curioso, la carrera no empieza en Canillejas. Más de cinco mil deportistas se aglomeran en una salida ubicada en la calle de Versalles en el barrio Arcos. Las fronteras se cruzan por un objetivo mayor, romper el récord. Los corredores, jóvenes, muy mayores, profesionales, principiantes o aficionados recorren la avenida Guadalajara. Son escoltados por la policía, y algunas señoras con bebés en brazos o vecinos curiosos les aplauden al pasar.

Los atletas llegan a la calle Hermanos García Noblejas e irrumpen en el barrio Simancas, lo atraviesan de parte a parte a través de la calle Emilio Muñoz y conectan por fin a través de la calle Néctar, territorio «canillejo». La meta está frente al parque de Canillejas y a cien metros del cementerio municipal. Rosa Luque, una vecina que ha vivido, desde que nació, muy cerca del camposanto, recuerda que ella participó de pequeña en esa competición. «Esa la hemos corrido todos los niños del barrio. Ya no es tan popular pero es muy divertido porque hacen la entrega de premios y la meta frente al cementerio. La gente no nota que está allí por lo pequeño que es», señala Luque entre risas.

El recorrido más popular es el de diez kilómetros, pero hay otros en los que los niños y jóvenes se van entrenando. El circuito de dos kilómetros y medio recorre la zona norte de Canillejas, un barrio que según los datos del Padrón Municipal de enero de 2011 tiene 30.749 habitantes. Este itinerario incluye la calle Esfinge y la calle Boltaña, una de las preferidas por los vecinos porque es el epicentro comercial del barrio. En Boltaña hay bancos, supermercados y comercio.

«En realidad tienes de todo. La mayoría de la gente que vive en este barrio es mayor, pero está bien para vivir. Tiene el metro y muchos centros culturales cerca», apunta Pilar Sánchez, secretaria general del Centro Cultural Buero Vallejo que se encuentra también en Boltaña. Sánchez vive en Ciudad Pegaso, en Rejas del Distrito San Blas, y destaca a Canillejas porque tiene más facilidades que su barrio. El Buero Vallejo, en dónde se dan clases de teatro, danza, música y otras actividades comparte inmueble con la Biblioteca Municipal.

«Este edificio era hasta hace unos 35 años un lavandero», recuerda Dolores Perna, trabajadora de la biblioteca de Canillejas. Cuando se le pregunta acerca de Canillejas, a Perna se le ilumina la cara y comienza a buscar una carpeta con fotocopias de artículos sobre el barrio. «Es un pueblo muy antiguo y nadie se ha interesado en registrar la historia de Canillejas». Dolores Perna tiene más de 50 años y atesora todo lo que se publica sobre el barrio, desde el programa de la Feria de Canillejas de los años 80 en el que participó Rocío Jurado hasta algún recorte de prensa para «tener algo de información cuando a los niños les mandan en el cole deberes acerca de su barrio».

Todos los circuitos de la Carrera de Canillejas, trofeo José Cano, acaban en la Calle Néctar. El ganador de la 32ª edición fue el marroquí Anouar Dabab, de 29 años, con una marca de 30 minutos y 24 segundos. Dabab no era el único extranjero en esas calles, no en vano Canillejas es el barrio de San Blas con más población inmigrante empadronada. Unos 5.597 foráneos, la mayoría de rumanos y ecuatorianos. Pero la celebración de la carrera no altera por completo la vida del barrio. Mientras en la calle Néctar anuncian por altavoces a los ganadores, a cinco manzanas al norte los vecinos paseaban pausadamente por la calle de Alcalá.

Desorientados

En Canillejas las fronteras son difusas y hay sectores que los vecinos aún no saben si se encuentran dentro de sus límites. La discusión acerca del perímetro geográfico-administrativo se agudiza a cuenta de uno de los principales atractivos del barrio: El parque Quinta de los Molinos.

Pertenece al distrito San Blas Por Google Maps

«Es hermoso. En primavera yo voy a ver a los almendros florecer, es increíble. No entro por la puerta principal porque sólo me interesan los almendros», dice una de las empleadas de la oficina de Correos de la plaza Párroco Luis Calleja, antigua zona comercial del barrio. Una amiga de la funcionaria entra en la estafeta para saludar, se interesa por la conversación y pregunta: «¿Y Quinta los Molinos queda en Canillejas?».

Se quedan en silencio, se miran entre sí y la empleada responde: «Es que en este distrito, San Blas, todo queda cerca. Quinta los Molinos debe ser de Canillejas». Y dan por zanjado el asunto. También Dolores Perna, la bibliotecaria, después de un instante de duda, señala al parque como sitio a visitar en Canillejas. José Cano comparte la misma opinión: la Quinta forma parte del barrio.

Ante tantas coincidencias se puede dar por hecho que el parque forma parte de Canilleras. Sin embargo, en realidad pertenece a El Salvador. Las opiniones de los vecinos tienen su parte de fundamento. Hace 60 años, durante el régimen franquista, se anexionó este municipio a Madrid junto con Barajas, Canillas, Hortaleza y Vallecas.

Y fue Canillejas -a pesar de su peso histórico y territorialya que lo fundaron en el siglo XIII- el único de estos poblados adjuntados que no le dio nombre al distrito cuando se reorganizó la ciudad. A pesar de todo, en la memoria, Canillejas será siempre la importante.


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Texto por: Andrea C. Fernández S.

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