Celebración de la victoria del mundial de fútbol en las inmediaciones de la plaza España de Barcelona. Por Inés Baucells

El himno español no tiene letra. Dado su origen militar, en tiempos de Carlos III, la Marcha Real de España nunca fue compuesta con vocación de ser cantada. Sin embargo, muchos han sido los que han intentando poner voz al himno español sin conseguir ni el carácter oficial ni el respaldo popular que ansiaban sus letras.

Esta es una nación que, según algunos, no siente respeto por los símbolos. Probablemente porque en muchos casos éstos han sido utilizados más bien como artimaña separatista, acentuando aquello que históricamente nos ha diferenciado, en lugar de lo que nos une como pueblo español. Por ello, nuestros símbolos, cargados de prejuicios, son cruelmente desechados por aquellos que temen ser identificados como lo que no son, y exaltados por los que se los han apropiado, pretendiendo que los identifiquen, precisamente, con aquello de lo que los otros rehuyen. Solo las victorias deportivas parecen haber despertado de su profundo letargo ese patriotismo español que muchas veces nos ha avergonzado, sacándonos a la calle a lucir con orgullo nuestras banderas sin miedo a ser juzgados.

Fuera de los estadios, la bandera es exhibida o quemada, se exalta y se desprecia a partes iguales. Tanto los que gritan «¡Viva España!» portando una bandera anticonstitucional, que, para desgracia de ellos y fortuna del resto, ya no representa a ese país al que dicen exaltar, como los que reprimen sus deseos de lucir los colores nacionales bajo la idea de que son monopolio de quienes se autoproclaman los verdaderos patriotas; todos somos culpables. Culpables de que el patriotismo siga anclado en las leyendas negras del pasado.

Quizás porque nuestro himno no tiene letra los españoles no podemos simular el orgullo con que americanos, italianos, franceses, portugueses, rusos o chinos, entonan su himno nacional, dirán algunos. Sin embargo, quizás el himno del pueblo español no tiene letra porque es la mejor manera de que cada cual pueda cantar la suya propia para sus adentros, mientras oye con respeto la melodía nacional. Una armonía, muchas voces. Una nación plural. ¿No es acaso eso la propia esencia del pueblo español?

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Texto por: Miriam Ruiz Castro

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