«El cine negro está colonizado por la industria norteamericana»


El director Enrique Urbizu defendió el género negro español y a su último filme «No habrá paz para los malvados»

Era la noche del primer clásico Real Madrid vs. FC Barcelona de la temporada, y la sala de teatro del Centro Cultural Buero Vallejo estaba repleta. El personal de apoyo tuvo que buscar sillas adicionales para acomodar a la gente que por poco se tiene que sentar en los pasillos. Era la segunda película del II Encuentro de Cine Español en Canillejas, No habrá paz para los malvados, y su director, Enrique Urbizu, compartiría un coloquio con los vecinos del barrio.

Urbizu durante el coloquio con los vecino de Canillejas. Por A. Fernández

Luego de la proyección del filme, de 114 minutos, Urbizu sentenció: «El cine negro está —como casi todo— colonizado por la industria norteamericana. Por eso tenemos el cine negro como muy asimilado a la gabardina, el sombrero en los primeros tiempos. En los últimos tiempos hay una variante que va más del cine de acción, Miami Vice, las metralletas o los narcotraficantes sofisticados. Siempre ha habido cierta tendencia a la imitación de lo americano».

No habrá paz para los malvados se estrenó en las salas españolas el 23 de septiembre de este año, el mismo día que La voz dormida y Los pasos dobles. Es un thriller policial que cuenta la historia de Santos Trinidad (José Coronado), un policía descuidado que se involucra en un triple asesinato y termina resolviendo una trama de crimen organizado.

El director Urbizu —La caja 507 (2002); Todo por la pasta (1991)—, fiel al género negro, señala que España debería dejar de copiar modelos, ya que su realidad se puede aprovechar para hacer ficción. «Este país ha cambiado mucho. Hemos tenido hechos violentos, la Costa del Sol es un abrevadero de chorizos de toda Europa y somos un país frontera con otro continente, África. Somos la entrada de la mayoría de la cocaína de Europa. Es decir, ya no tenemos que andar imitando nada, sólo basta abrir los periódicos y tienes historia negra constantemente», señala ante la pregunta de un espectador en la sala.

Aunque Urbizu (Bilbao, 1962) es amante del cine negro apunta que no es fácil realizarlo en España, aunque va por buen camino: «No son películas fáciles y muchos productores aún tienen sus dudas. Se está abriendo camino poco a poco. Esta película, por ejemplo, ha funcionado bien en taquilla, a la gente le ha gustado, han ido a verla a los cines y esto va haciendo que los productores vayan teniendo más confianza», dice. No habrá paz para los malvados estuvo doce semanas entre las 20 películas más vistas en las salas de cine españolas —el ranking incluye películas de Hollywood—, según las cifras publicadas en la página web del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Protagonista vs antagonista

El protagonista de este thriller es en realidad un antagonista, no es bueno, no tiene gracia, es malvado, y fueron justamente esos los retos de Urbizu al escribir el guion. «La idea base era hacer una película en la que el protagonista fuera un personaje negativo. Nos planteábamos qué podría pasar con el público cuando el protagonista de alguna manera es un personaje sin virtudes, un asesino, hombre débil, alcohólico, un mal policía. La idea era que este hombre por salvarse a sí mismo terminara de alguna manera, en sentido figurado, salvando al mundo», relata el director bilbaíno.

Una de las asistentes al coloquio cuestionó la poca información que se ofrece en la película sobre el protagonista. Urbizu rió antes de contestar. «Santos es (con el perdón) un hijo de puta. Nosotros sabemos lo que le pasó, pero no lo quisimos contar. Hay una mala costumbre del cine americano y es explicarlo todo, como si fuéramos tontos. A mí me gusta que la gente salga del cine haciéndose preguntas, e inventando soluciones. Es más divertido», apunta.

Parte de la trama narrativa está inspirada en los hechos del 11-M, en investigaciones acerca del funcionamiento de grupos islamistas, o de las instituciones y fuerzas de seguridad españolas. «La película está poblada de escenarios que están en la memoria colectiva traumática de esta ciudad, como la estación de Atocha, la estación sur, Leganés, Madrid Sur, los polígonos. Eso empieza a formar parte de las ficciones que te inventas. Y eso es propio del cine negro, policíaco, porque habla de lo que normalmente permanece oculto, de lo que no se nos muestra, de los ambientes llanos. No es nada sofisticado, no hay adornos ni lujos», concluyó el cineasta.

Al terminar uno de los asistentes dijo: «Pues todavía estamos a tiempo de ver el clásico».


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Texto por: Andrea C. Fernández S.

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