Embajadores

Embajadores: adictos… a la cultura

Fachada de La Casa Encendida. Foto ABC

Suenan cacerolas y gritos de protesta. Una gran tela blanca con letras negras se ve a lo alto. Piden ser escuchados para un cambio, el «fin de las cundas» del barrio madrileño de Embajadores.

A cualquier hora del día y de la noche, los toxicómanos merodean por la glorieta de Embajadores mientras esperan la llegada de los cunderos, taxistas ilegales que los trasladan a poblados, como la Cañada Real, a comprar droga. Para ello, dependen de los captadores, quienes deciden cómo organizar los coches en los que llevar a estos drogodependientes.

«A pesar de las cundas, es un barrio muy tranquilo, céntrico y bien comunicado. Estás en pleno centro de Madrid», explica Pepe Carmatín, vecino y propietario desde hace dieciocho años de un local de prensa y revistas en el paseo Acacias.

Para algunos es un variado intercambiador de transporte; para otros una línea directa hacia la droga… Y es que, en la glorieta del nudo sur de la capital, hay quien se traslada en metro (línea 3), en autobús, en cercanías (línea C5, Humanes-Fuenlabrada), o incluso en este tipo de «taxi».

Pero mencionar Embajadores para referirse únicamente a la lucha contra las cundas es un sesgo informativo, ya que alrededor de esta glorieta se concentra lo más característico de este barrio, la cultura.

 La glorieta de Embajadores abre paso a Lavapiés, el antiguo barrio judío antes de su expulsión en 1492. El nombre deriva de la fuente que había en la plaza donde se hacían el lavado ritual de pies antes de acceder a la sinagoga, la actual iglesia de San Lorenzo. Ahora, esta zona del barrio de Embajadores vuelve a la reconquista, y por sus calles se respira aire multicultural y ambiente bohemio (más de la mitad de sus habitantes no son españoles, muchos son magrebíes, indios y chinos). «Hay mucha gente de otros países, algo nuevo que en otro sitio no puedes encontrar. Hay mucha riqueza porque hay mucha variedad. En la plaza Lavapiés a cualquier hora hay gente”, comenta Inés Higueras, una arquitecta toledana, que ha vivido varios años en esta zona.

En la glorieta se sitúa la blanca y marmórea Casa de Baños de Embajadores. Tan sólo existen dos baños públicos en Madrid, uno está en este barrio, y el otro en la calle Bravo Murillo, en Tetuán. Ambos se construyeron durante 1920 para paliar la falta de higiene que había en las viviendas. La Casa de Baños de Embajadores se demolió en 2001 para ser reconstruida. En la renovación se levantaron tres pisos que dan servicio, por cincuenta céntimos, sobre todo a la población que carece de ducha o vivienda.

Muros de carga aligerados por grandes arcos en el número 53 de la calle Embajadores. Una planta rectangular de 28.000 metros cuadrados se articula en torno a tres patios. En la fachada un reloj, el tiempo se ha detenido, las 07:45. Estamos en la antigua tabacalera, construida en 1792 y en funcionamiento hasta finales del siglo XX. Hasta el momento, es el Centro Social Autogestionado La Tabacalera de Lavapiés, donde la filosofía de cooperación y la ayuda de los vecinos y ciudadanos son bienvenidos para brindar por la rehabilitación de este edificio.

«Hay mucha gente que la conoces por la vida cultural. Es también un punto de encuentro; mientras esperas, te pasas a echar un vistazo a las exposiciones. Además, hay muchos talleres y seminarios», explica Inés Higeras.

Ladrillo combinado con granito. La claridad de sus paredes ilumina el número 2 de Ronda de Valencia. Este edificio construido en el siglo XIX acogía la segunda sucursal de Caja de Ahorros Monte Piedad de Madrid, la actual Caja Madrid. La Casa Encendida es un centro cultural de obra social de esta entidad financiera donde se ofrecen exposiciones de arte contemporáneo, jornadas de cine y debates, cursos y talleres de educación, medio ambiente y solidaridad para todas las edades. En su interior, un patio central en el que giran las instalaciones permanentes y públicas como la biblioteca, hemeroteca y mediateca. También cuenta con laboratorio experimental de radio, fotografía y multimedia.

«Si te gusta el cine, tienes la Filmoteca; si te gustan los museos, La Casa Encendida, o el Reina Sofía que está en Atocha; o el teatro, el Centro Dramático Nacional Valle Inclán en Lavapiés. Hay de todo», resume Raúl, un madrileño, artista plástico que reside en Lavapiés.

Teatros experimentales

Experimentación, riesgo teatral y coreográfico son algunos de los principios que sustentan la Red de Teatros Alternativos. Madrid cuenta con once, y dos de ellos se sitúan en Embajadores. La sala Cuarta Pared y el Teatro Lagrada son proyectos culturales que posibilitan el encuentro entre la innovación de los artistas y la inquietud de los espectadores. En sus obras vanguardistas se reflejan los problemas de la sociedad contemporánea. Lo mismo ocurre en el Teatro la Puerta Estrecha, que aunque no pertenezca a la Red, indaga en la contemporaneidad del lenguaje escénico a través de propuestas textuales, dramatúrgicas o actorales.

Pero en Embajadores también encontramos espacios multidisciplinares con una gran infraestructura técnica, como el Teatro Circo Price –cerrado desde 1970 y reabierto tras su restauración en 2007–. Creado a mediados del siglo XIX, alberga producciones artísticas no sólo vinculadas al circo o al teatro, sino también a eventos musicales, galas o exposiciones.

La vanguardia e innovación musical y los nuevos talentos se presentan en la Sala Caracol. Más de veinte años celebrando conciertos multiculturales; una plataforma para innumerables artistas que ahora son referentes musicales como Amaral, Placebo, Queens of the Stone Age, Editors, Estopa o El Canto del Loco.

A pesar de la degradación que está sufriendo Embajadores por las cundas y por el merodeo constante de toxicómanos, el arte y la cultura sobresale por encima del intercambiador de la droga.

Las voces del barrio

  • Foto E. Magro

    Pedro García, vecino y quiosquero en el Paseo Acacias

    «El barrio está céntrico y bien comunicado; está Atocha al lado, pero hay mucha delincuencia últimamente. Las cundas molestan a todos los que estamos por aquí».

  • Foto E. Magro

    Inés Higueras, arquitecta toledana que ha vivido durante dos años en Lavapiés«Embajadores es un punto cultural muy importante; tiene el Museo Reina Sofía, y varias bibliotecas como la de la Casa Encendida, Pedro Salinas y la de la Uned». «Por otro lado, Lavapiés tiene mucha riqueza porque hay mucha variedad, pero tiene sus cosas buenas y malas. Es un barrio peligroso por la noche, pero el hecho de que viva tanta gente y la mezcla cultural da la posibilidad a que ocurran cosas. Es un sitio de oportunidades».

  • Foto E.Magro

    Gerado López-Blasco, vecino y empleado en la pescadería Feria del Mar, calle Embajadores«Me gusta mucho el barrio porque está al lado de Sol. Además estamos muy bien rodeados por el Teatro Circo Price, la Casa Encendida y el parque de Arganzuela. Sin embargo, en la glorieta estamos en el punto de mira de las cundas».

  • Foto E. Magro

    Pepe Camartín, vecino y propietario de un local de prensa y revistas

    «Barrio muy tranquilo, céntrico y bien comunicado. Nos conocemos todos los vecinos. Sin embargo se ve marchitado por las cundas y el mercadillo ambulante que se planta todas las mañanas».

Refugio diplomático contra la peste

El nombre del barrio de Embajadores se remonta al siglo XV. Una epidemia de peste se propagó en Madrid en 1435; mientras los embajadores de Túnez, Navarra, Aragón y Francia, que acabaron de llegar de la corte del rey Juan II de Castilla, buscaron refugio allí, fuera de la villa para evitar el contagio de la población apestada. De la creación de esta colonia diplomática ha derivado el actual nombre de este barrio del sur de la capital madrileña.

Es el barrio más poblado de Madrid, alcanza los 51.527 habitantes. Su población puede equipararse a la de algunas capitales de provincia como Segovia (55.740), Ávila (56.855), o Cuenca (56.189), según el Instituto Nacional de Estadística de 2010.


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