Por AP

Si caminando por una calle, del norte o del sur (al final eso no importa), observas un individuo de sexo varón vestido de la cabeza a los pies con túnica unicolor, tiendes a pensar que adopta como estilo de vida cualquier fórmula de monacato.

Joseph Kabila se proclamó de nuevo ante el mundo, el pasado 8 de diciembre, como presidente de la República Democrática del Congo. El mandatario ocupó ese puesto por herencia en 2001, tras la muerte de su padre, y lo confirmó en las primeras elecciones de la historia de la RDC, en 2006.

Rusia también celebró recientemente, el 4 de diciembre, los comicios parlamentarios que adelantarían los resultados de las elecciones presidenciales que tendrán lugar en el mes de (sobra) marzo. Vladímir Putin, sin sorpresa aparente para nadie, conseguiría la victoria tras la siglas del partido Rusia Unida.

En ambos países, al finalizar el escrutinio y el anuncio de los dos esperados nombres propios, surgieron revueltas a pie de colegio electoral resacoso.

En territorio africano el líder opositor, Etienne Tshisekedi, rechazó públicamente los resultados y se autoproclamó vencedor de los comicios. Las votaciones fueron denunciadas por ciudadanos que no aparecía en las listas, colegios que no disponían de papeletas o zonas rurales en las que los candidatos a diputados ofrecían algo material a cambio del voto. La violencia es algo que están esperando. En primer lugar, por los ánimos de Tshisekedi, advertido internacionalmente de posibles repercusiones judiciales; y en segundo lugar, por el antecedente más cercano, los días póstumos a las elecciones de 2006 estuvieron marcados por altercados impulsados por los seguidores del por aquel entonces líder de la oposición.

En Rusia la gente se echó a la calle tras conocer el casi seguro regreso de Putin al Kremlin. Durante todo el día las denuncias de fraude en las urnas eclipsaron el desarrollo de estos comicios que sirven como encuesta. Al comienzo de la jornada electoral rusa varios ataques de hackers dejaron a varias webs de medios informativos sin oferta de noticias para los internautas, mientras en la calle se producía el efecto «carusel», grupos de ciudadanos visitaron diferentes colegios electorales votando en cada uno de ellos.

Y ni esto es nuevo, ni será la última vez que suceda. Ni siquiera los medios de países en los que deberíamos escandalizarnos por este uso amordazado de la urna hablamos alto. La misión de paz de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en la RDC, Monusco, fue la encargada de velar para el desarrollo de estos comicios que tantas sospechas levantan a los electores y al resto de observadores del lunes electoral congoleño. Pero, ¿qué esperamos? Si Rusia, Medvedev y Putin, Putin y Medvedev, es uno de los cinco países que pueden vetar al resto del mundo en el único órgano de la ONU que tiene capacidad sancionadora, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

El hábito no hace al monje.


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Texto por: Brenda Valverde Rubio

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«Que existe la vida y la identidad,que prosigue el poderoso drama y que tú puedes contribuir con un verso»

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