Historia de una barra


Los estudiantes universitarios y los soldados eran los últimos en posar los vasos que les servía Florentino

De madera oscura pierde su robustez en la parte inferior, rozada por los pies de los cientos de clientes que tomaban carajillos en Princesa 51. Estaño rodeando el carril donde el agua corría para lavar los vasos en los que se sirvieron cortados, solos y descafeinados hasta el día del cierre.

Florentino, el camarero de Casa Manolo, insiste en abrir el comedor para mostrar la barra que hay dentro. «Es una joya» que se utilizó en el bar Princesa 51, situado en las coordenadas de donde hereda el nombre, y que el dueño del número 83 quiso comprar anticipándose al cierre del negocio.

La barra comprada a Princesa 51. Por B. Valverde

Tras tres grifos, dos de Amstel y otro de Laiker, Florentino recuerda al gremio de los bares del barrio con especial emoción. Se puso detrás de la primera barra de Argüelles el año en que murió Franco. En la misma calle de Casa Manolo, pero en el número 75. «El Vega», como cariñosamente lo llamaban los estudiantes de Ciudad Universitaria, puso cañas y raciones hasta 1992, cuando sus dueños, Pedro y Bonifacio, dos hermanos con más de 70 años, decidieron echar el cierre definitivamente.

Entonces Florentino se marchó de Madrid por motivos personales que le alejaron del barrio hasta el año 94, cuando la barra de Lorengar, un bar situado en la calle Rodríguez San Pedro, contrató su experiencia y conocimiento como camarero.

Recuerda a los militares del Cuartel General del Ejército del Aire, que se encuentra junto al intercambiador de Moncloa: «Antes venían muchos soldados, ahora se ven menos, tienen cafetería dentro». Los estudiantes eran los que cerraban el bar, asegura Florentino, «como hoy, que al haber Madrid-Barca cerraremos tardísimo». Muchos de ellos, tras acabar la carrera, regresaron a sus provincias «pero cuando vienen a Madrid se pasan a saludar».

Saben dónde encontrarle. Desde hace once años saluda a todo el que traspasa la puerta de Casa Manolo. De voz grave, complexión fuerte y una sonrisa que se descubre en cuanto cruzas con él dos palabras. Es camarero del bar decano de Argüelles. Desde 1934 la familia de Manuel Rodríguez Queizán se encarga de saciar a los vecinos y todo aquel que se pasa por el número 83 de Princesa.

En la barra un señor que ronda los 80 pide un café. Otro cruza directamente hasta el comedor saludando con la suficiente confianza para no pararse a dar explicaciones. Florentino les dice a los dos que son de Hoyo de Manzanares. Se miran sin reconocerse pero pronto, cruzando datos de dónde vive uno y dónde lo hacía el otro hasta hace unos años, localizan amigos en común. Lo último que se escucha entre ellos es sobre bodas de hijas y horarios de autobuses.

Florentino está casado y tiene un hijo. No vive en el barrio.«Pero me he pasado aquí de sol a sol toda la vida», apunta. Cuando trabajaba en el Vega repartía embutido antes de entrar, «se trabajaba a tope por aquel entonces».

Carlos, el quiosquero de la acera de enfrente, entra saludando con un gesto con la cabeza que no ha terminado antes de sentarse. Un café. «Para entrar en calor, que hoy me quedo hasta las ocho». Javi y otro señor que pide «lo de siempre», refiriéndose a un Ballantines con Coca-Cola, distraen al camarero mientras muestra el calendario de 2012 con el que el bar obsequia a sus clientes. Aparecen caricaturas de Tierno Galván y Antonio Gala, «dos queridos por la casa». Cada persona relevante que pasa por su barra, o por sus mesas, aparece fotografiado en una de las paredes de Casa Manolo, «como en los bares de toda la vida». Desde hace una semana se organizan una tarde a la semana catas de vino o de cerveza. 36 personas en el comedor. Con la barra de estaño y madera escuchando nuevas historias. O de toda la vida. Una vida tras la barra.

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Texto por: Brenda Valverde Rubio

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«Que existe la vida y la identidad,que prosigue el poderoso drama y que tú puedes contribuir con un verso»

3 Respuestas to “Historia de una barra” Subscribe

  1. Mario 27 enero, 2012 en 1:30 #

    En este caso contribuiremos con un verso… y una caña. Muy grande.

  2. fernando 5 febrero, 2012 en 19:18 #

    Esa es la historia del Madrid Castizo.
    Muy bueno el articulo.

  3. Nuño 24 febrero, 2012 en 11:39 #

    Este articulo entra entre mis 3 favoritos de la página

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