Encuentros

«Las cosas más pequeñas esconden grandes historias»

Plàcid García-Planas, durante la charla en el Máster ABC-UCM. Foto: R. R. W.
Plàcid Garcia-Planas, durante la charla en el Máster ABC-UCM. Foto: R. R. W.

Plàcid Garcia-Planas (Sabadell, 1963) admite que no se salva ninguna de las crónicas que escribió en la Guerra del Golfo. Tras debutar como reportero en el entierro del Ayatolá Jomeini, fue en la guerra de los Balcanes donde se dio cuenta de la importancia del reporterismo para contar las historias de los conflictos. En su visita al Máster ABC dice que le cuesta hablar con alumnos, pero en realidad, este reportero de guerra de La Vanguardia podría estar hablando toda la tarde sobre un oficio que, en un principio, no le hacía «sentirse cómodo». «Mi nombre es Plàcid –Plácido–, así que, aunque no lo parezca, no estoy hecho para la guerra», bromea.

«Reportear es buscar la contradicción siempre», explica. En el actual conflicto de Crimea, el fotógrafo Guillermo Cervera le envió una foto de un manifestante disfrazado de taza en medio de la protesta. Cuando el reportero trabaja en «sacar el perfume del mundo», como explica el periodista del rotativo catalán, no tiene que renunciar nunca a «las cosas tontas, porque las cosas más pequeñas esconden grandes historias». El reportero tiene que descubrir una realidad, pero a la vez hacer reflexionar al lector sobre ella. Por ello, en cuanto recibió esa instantánea pensó automáticamente en el titular «Una taza para Ucrania» y contar la historia de esa persona. Sobre la misión del periodista de contar historias particulares, rememora un reportaje que escribió en Bengasi (Libia). En el espigón del puerto de la ciudad libia se encontraban unas 5.000 personas aguardando a ser recogidas para abandonar el país, sumido entonces en la revuelta que derrocó a Gadafi. De entre la multitud, Garcia-Planas decidió ir a por un punto negro al final del dique. Como explica, resultó que aquella persona era de Oromía, una región de 25 millones de habitantes «invadida por Etiopía», según contó el protagonista de su reportaje, de la que nunca había oído hablar. «Si en la vida nos señalamos un puntito, ese puntito tendrá una historia», sentencia.

El reporterismo que estamos haciendo es muy malo

Plàcid Garcia-Planas afirma que el «reporterismo que estamos haciendo es muy malo». Se narra desde un punto de vista de «patetismo romántico» que hace que las crónicas se parezcan a los «pasos de Semana Santa, con los niños heridos en brazos de sus madres llorando». Otro reportaje suyo donde intenta salirse de los marcos establecidos versa sobre mujeres suicidas palestinas. En él, entrevistó a la familia de la primera suicida palestina, inmolada en 2001 en una zapatería de Tel-Aviv. La joven fue repudiada por su marido al no poder tener hijos. «Decidió hacerse bomba cuando nació el hijo de su exmarido, que se fue a vivir, tras casarse de nuevo, enfrente de su casa», señala el reportero, que hace hincapié en la necesidad de dar a conocer estas historias.

«El reportero tiene que desnudarse siempre», comenta. El periodista critica que uno de los problemas del reporterismo actual es que «entre nosotros casi no nos leemos» y que «a los periodistas de otro tiempo hemos dejado de leer. Hace 50, 100 y 150 años existían los mismos problemas al reportear». Reivindica la cobertura realizada de la I Guerra Mundial por los reporteros de La Vanguardia Agustí Calvet Pascual, más conocido como Gaziel, encargado del bando francés, y Enrique Domínguez Rodiño, reportero en el frente alemán. La «sinceridad del reportero» la ejemplifica en una crónica de Domínguez Rodiño, que una vez enviado al frente ruso y tras andar perdido tres días en la nieve llegó al pueblo de Filipov y se preguntó: «¿Y qué es Filipov? ¿A qué he venido yo a Filipov?».

Los antiguos reporteros no solo se asomaban al abismo, sino que lo reconocen, como afirma Garcia-Planas. Gaziel describe en una de sus crónicas el sufrimiento de unos moribundos en el hospital: «Esos pobres heridos morirán casi todos… ¿Por qué no lo han hecho ya?». «Como buen reportero deja la política y los intereses de ambos bandos en un segundo plano». En este sentido, el periodista también resalta otra crónica de Rodiño, donde explica los cuatro años de contienda en un párrafo, cuando, tras describir una escena en la que se encontraban tres soldados alemanes muertos se pregunta: «¿Unos pasos más allá quién se acuerda lo qué ha visto?».

«La historia del Universo se reduce a dos palabras: Big-Bang»

Plàcid Garcia-Planas defiende que en los reportajes «no hay que enrollarse». «Con pocas palabras se puede decir todo. El ejemplo es que la historia del Universo se reduce a dos palabras: Big-Bang». Además, el periodista explica que el texto tiende hacia el lenguaje de la fotografía, de la misma manera que la fotografía tiende hacia el lenguaje de las palabras, por lo que hace todos sus viajes con un fotógrafo. «Me gustan los textos plásticos, aquellos que son casi imágenes, y que tienen fotografías que podemos casi leerlas».

Según el periodista catalán, la imagen complementa al texto. En esta era digital, es de los pocos que sigue apostando por el papel como soporte ideal del periodismo. «Cuando bajas el texto en la pantalla se pierde la magia y el impacto que produce la fotografía», explica. Además, no le gusta internet porque allí «todos los medios acaban contando la misma historia.» El reportero tiene que ser «tremendamente» original y buscar la historia por los lados y no «de frente». Por desgracia, añade, «internet es la peste del siglo XXI. Estamos en la crisis del corta y pega».

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