Madrilánea

Por sus «followers» los conoceréis

//

Con las nuevas tecnologías, muchos españoles -gurús y otros profetas en su tierra- empiezan a predicar sus extranjerismos sin ningún sonrojo. La horterada se enmascara bajo un rostro de modernidad, y entonces estamos perdidos.

El número de "followers" es para algunos una cuestión vital. Por Marc Smith

En la película de Berlanga «Bienvenido, Mister Marshall», los españoles, deslumbrados por lo que les venía de fuera, prepararon una canción para los estupendos yanquis que, creían, les iban a sacar de la bancarrota. «¡Americanos!, vienen a España guapos y sanos, ¡viva el tronío!, de ese gran pueblo con poderío», cantaban. ¿No les recuerda esto a algo? ¿Acaso ahora no seguimos siendo así?

La cultura yanqui prosigue su invasión cultural. De pronto, con las nuevas tecnologías, muchos españoles -gurús y otros profetas en su tierra- empiezan a predicar sus extranjerismos sin ningún sonrojo. La horterada se enmascara bajo un rostro de modernidad, y entonces estamos perdidos.

La plaga de palabros y de expresiones de bolera al estilo de «trending topic», «vía mail» o «link» logran colarse ya en nuestros diálogos cotidianos («vienen a España guapos y sanos…») sin que nadie diga nada. Porque cuidar el lenguaje español ahora es como pedir a Rajoy que dé más ayudas a la petanca. Hablemos mejor de economía y santas pascuas.

Si no me creen les pongo un ejemplo. Vayan ustedes a un congreso de informática o a uno de periodismo digital, que viene a ser lo mismo, y comprueben cómo allí uno tiene licencia para para decir lo que se le antoje, siempre que sea en aras del progreso. Después de recibir caras de vómito -más bien de lástima- por no tener Twitter, escuche con cara de interés cómo alguien dice que «un periodista vale hoy su número de “followers”», robando la frase a Ramón Trecet. ¿Por qué diantres no se habla en correcto español? ¿Por qué se empeñan en ver siempre la cantidad antes que la calidad? Conozco personas en Facebook que tienen más de ochocientos amigos y que están más solos que la una. O que Rubalcaba. ¡Pero qué más da! Aquí lo importante son los «followers» y ser el «trending topic» de la fiesta. Ya saben: ¡viva el tronío yanqui!

Desde luego, que la prostitución de las palabras venga de un periodista es un agravante inapelable. Y que en un congreso de periodismo (digital) no se hable de lenguaje y de formas de expresión en internet es un crimen. Porque si cambia la lectura, habremos, digo yo, de cambiar la escritura.

La palabra merece nuestro cuidado. Que los deslumbrados paletos de Berlanga hagan lo que quieran. Hablar mal revela pobreza de ideas. O ideas malas. Prefiero la calidad, aunque me cueste algunos «followers».

1 comment Show discussion Hide discussion
  • Entiendo perfectamente su indignación por la falta de uso correcto del castellano siendo usted periodista.
    Pero disculpe este «zas, en toda la boca» que voy a realizar. Se dice una agravante, en femenino, ya que es una circunstancia agravante.
    De todas maneras, olé por sus palabras.

Add a comment

More in Opinión

Most popular