En La Moraleja de los pobres hay dos bares: el comunista y el falangista. «El Richar» es el actual propietario del bar comunista, el bar Asociación. Suele estar más frecuentado que el bar Hogar, el falangista, aunque Richar reconoce que esas diferencias se han extinguido: «Es cierto que hemos sido y seremos un pueblo rojo, somos obreros, pero si un comunista muere, el falangista va al entierro. Ante todo, somos vecinos».
Esto que parece un idilio vecinal sucede en las «ochocientas viviendas» del distrito Chamartín, también conocidas como Colonia de San Cristóbal, los nichos o las viviendas de la EMT.
Juan Carlos está apoyado en la barra del bar Asociación. Es amigo de «El Richar» desde que eran pequeños. Pertenecen a la misma quinta y han vivido juntos las mismas historias. Entre ambos recuerdan los tiempos en que no había televisión en todas las casas. «Íbamos a verla a la casa del cura don Benito, que de paso se sacaba unas perrillas», cuenta «El Richar». Tampoco han olvidado los recados que les hacían a los mecánicos de la EMT, «trayéndoles vino de los quioscos o embutido para el bocadillo de jamón». «Ni cuando murió Franco, que todos, o casi todos, lo celebrábamos», apostilla Juan Carlos.
– ¿Y las diferencias? ¿Ya no existen?
– No. Aquí da igual que seas comunista, facha, rico pobre… «El Richar» y yo somos amigos y eso que yo soy del Madrid y él es del Atleti
La construcción de esta colmena de abejas trabajadoras comenzó entre 1948 y 1949. El objetivo de este proyecto fue facilitar viviendas asequibles a los empleados de la Empresa Municipal de Transportes (EMT), ubicadas justo enfrente de las cocheras de los autobuses. Se levantó así un barrio obrero que muchos vecinos han bautizado «La Moraleja de los pobres».
La colonia fue dotada de los servicios imprescindibles para que las familias pudieran hacer su vida en un lugar que, en aquellos años 50, estaba muy lejos de los límites de la ciudad. Un colegio, un ambulatorio, una escuela de baile, una parroquia, un bar y una farmacia fueron los elementos imprescindibles para hacer de un barrio un pueblo de características especiales. Lo que no sabían por aquel entonces es que, a finales de 2007, cuatro rascacielos –las Cuatro Torres Business Area (CTBA)– acabarían por engullir la colonia desde el otro lado del Paseo de la Castellana.
Actualmente, la colonia está compuesta por 25 bloques, repartidos en tres filas de once, seis y ocho edificios. Uno de esos espacios corresponde a la parroquia, cuyo párroco es Jorge de Donpueblo. Procedente de Avilés, el noveno de 14 hermanos y con 54 años, llegó a la colonia hace siete tras sufrir un infarto. «Buscaba un lugar tranquilo, cercano, humilde y vine aquí», explica. Se define como un «cura rojo», que cree en un Dios de la tierra y no del cielo.«De hecho, yo en la misa digo ‘la bendición de Dios Todocariñoso’, porque el Dios de este pueblo es más cariñoso que poderoso». Jorge se siente incapaz de decir algo negativo del barrio. «Es humano y solidario. Tiene todo lo bueno de un pueblo. Aquí compartimos los nacimientos y los entierros». Mientras me cuenta esto, Isabel, la vecina del 21, entra sin llamar:
– Jorge, ¿cómo está Juan?
– Ya está mejor, está su hijo con él
– Venga, pues ya se lo digo yo a las vecinas
Jorge sonríe y me dice: «¿Ves como somos solidarios?»
De Burgos a Madrid
Araceli tiene 82 años y lleva algo más de 30 en la colonia. Llegó a Madrid desde Burgos con 50 años para someterse a una delicada operación de cervicales. Y a través de una enfermera, conoció a Pepe, trabajador de la EMT, con el que se casaría dos años más tarde. «Yo no me había casado hasta entonces porque mi madre no había querido, decía que tenía que cuidar de ella. Pero se murió, y llegó Pepe. Y era muy inteligente. ¿Ves esos libros? Se los leyó todos». Se fueron a vivir a la colonia, aunque no llegaron a formar una familia.«Ya éramos muy mayores. Yo quería adoptar a una niña, pero no pude». Hace seis años, Pepe murió. Y ella, para remediar la soledad, acoge a sudamericanos que alquilan pisos en la colonia y que cuando se quedan en paro, no pueden seguir pagando.«Ahora tengo a una chica muy maja, me hace compañía y solo le cobro 100 euros por todo. Y le cobro porque la pensión no me da para mucho».
Esta burgalesa hija adoptiva de Madrid cuenta que el barrio ha cambiado mucho.«Antes había muchos niños, los hijos de los obreros de la EMT, tenía amigas… Pero ahora, de los que vinimos quedamos muy pocos».
Una estampa de la Virgen y una foto con Pepe en Benidorm adornan la mesa de su sala de estar. «Estuve a punto de no casarme, porque Pepe no era creyente. Y yo le dije al cura: ‘Pero Padre, yo no me puedo casar con una persona que no cree en Dios’. Y él me dijo: ‘Anda, hija, lo importante es que te cuide’». Me despide en la puerta y me señala una docena de macetas a modo de selva amazónica.«La gente sabe que la Araceli vive aquí porque está todo lleno de plantas».







Un articulo muy entrañable. Muy bien escrito y estructurado, con la inserción del dialogo entre el cura e Isabel, que le da al articulo un caracter mas cercano y real. Me ha gustado muchisimo porque me ha acercado a la realidad de un barrio a traves de sus vecinos, y explicado con gran lujo de detalles comunes en las vidas de los vecinos. Fenomenal
Sin duda alguna, el mejor periodismo para mí es el que se hace con humanidad. De eso falta mucho en lo que leemos hoy día. Muy bueno el texto.