Madrilánea

Argüelles a cuatro patas

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Menos periodistas, disminución de maestros, albañiles sin andamio y banca sin banqueros. Los paseadores de perros particulares provocan que las empresas del sector canino alcen la voz. Otra profesión tocada por la crisis. Sin embargo, los canes tienen que seguir saliendo a la calle

El Premio Nacional de Fotografía, Ramón Masats, ha elegido la cúpula de Moncloa para exponer a gran tamaño algunas de sus piezas. Un perro paseando en lo alto de un barrio en el que el emplazamiento favorece a los paseos de los animales de compañía por excelencia.

Por Ramón Masats

Leila, Gisele y Maica son las pomeranias que Armando pasea por el Parque del Oeste desde hace seis meses. Lo hace una vez al día, por la tarde. Después, trabaja toda la noche y a la hora de la comida pasea dos perros más en un barrio cercano.

Encontró el trabajo mediante una web especializada en paseadores de perros particulares, donde también se ofertan empresas dedicadas al negocio. Armando es ecuatoriano, no llega a la treintena y sacar a pasear perros le ayuda a llegar a fin de mes. Siempre ha estado relacionado con el mundo de los animales y no le importa pasarse con ellos más tiempo del que le pagan.

Las tarifas entre los particulares rondan los 5 euros por hora. Depende de si el paseador tiene experiencia o no, o si además de pasear asegura que puede adiestrar al animal. Los negocios especializados no pueden competir con esos precios.

Ernesto Casado, el responsable de ADICAN, una empresa dedicada a pasear y adiestrar perros desde hace dos años, denuncia que la crisis ha disparado los anuncios de estudiantes que se ofrecen a sacar a los animales por un precio más económico que ellos. Las tarifas de esta empresa distinguen entre un paseo estándar (40 minutos), por 8 euros, y los exprés, 5 euros por pasear 25 minutos. A su favor Casado afirma que no es igual el trato que le dan ellos al animal que los particulares: «No ofrecen el mismo servicio, no son profesionales, no están preparados». Se refiere a que los particulares no suelen tener conocimiento sobre psicología canina o comportamiento del animal, su interés no va más allá de ganar algo de dinero.

El responsable cuenta que hace un año trabajaban en su empresa el doble de empleados, mientras que ahora son cuatro las personas que se dedican en exclusividad a los clientes fijos: «No podemos centrarnos en los clientes que un día necesitan sacar a su perro y te llaman. Tenemos que cuidar a los fijos para que no se vayan como tantos otros». Un máximo de 18 clientes son los que con frecuencia contratan sus servicios: «No solo es pasear o adiestrar, a veces también tenemos que llevarles al veterinario o incluso darles hospedaje». Asegura que los dueños son personas muy ocupadas pero que se preocupan por que sus mascotas estén en buenas manos.

José Luis Méndez representa el punto intermedio entre estos profesionales del mundo canino y los paseadores particulares. Adora a los animales y quería dedicarse a ellos mientras lo compaginaba con sus estudios de Filología hispánica. «Es un trabajo más que limpiar el coche para sacarte un dinerito», asegura. Méndez cree que la responsabilidad y la formación son imprescindibles para pasear a un animal. Por ello leía libros para que le orientasen sobre los comportamientos de los perros, sobre técnicas de adiestramiento, «porque al final las señores a las que les devuelves a sus animales habiendo aprendido algo, además de pasearles, hablan de ti a otras, y esta profesión funciona con el boca a boca».

Por sus perros los conoceréis

Un barrio lector. Las librerías y los quioscos de periódicos son habituales en las calles de Argüelles. Fotos B. Valverde

 

Un barrio de cultura. El Templo de Debod es uno de los lugares más visitados.

 

 

 

 

 

 

 

 

Un barrio contiguo al centro de Madrid para salir del ajetreo de atascos y tráfico humano.

Un barrio de encuentros, donde los estudiantes protagonizan el día, y la noche.

Un barrio donde puedes hacer deporte sin tener la necesidad de coger el Metro.

Un barrio con moda en su calle principal, Princesa. El dueño de Berta pasea al cachorro con un abrigo que imita a una firma de alta costura.

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