«Rómpele el brazo» es un paso de baile


Varias personas de más de 40 años se reúnen lunes y miércoles en un salón de baile. Lo hacen desde hace más de seis años. No son profesionales, participantes de torneos o especialistas: solo quieren bailar

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Fotos por A. Fernández

No son Vanessa Williams y Chayanne en «Baila Conmigo» pero sí mueven las caderas y los hombros con cierta cadencia. Tampoco son veinteañeros, pasan de los cuarenta todos, pero son jóvenes de espíritu. Las risas están a la orden del día, pero tampoco es un show de humor. Todos los lunes y miércoles el salón de puertas blancas y losetas grises es invadido por unas veinte parejas adultas que se juntan con un solo propósito: bailar.

19:00 de la tarde. Hombres y mujeres llegan poco a poco al salón. Aún hay algunas rezagados de la anterior clase. José Luis los apura para que despejen su área. La profesora, Patricia Montero, una colombiana afincada en España desde hace 38 años, da señales a los alumnos y pide permiso para salir a lavarse las manos.

Los aprendices de bailarines no lucen mallas ni zapatillas de baile. Tampoco camisas satinadas con el pecho abierto y mangas abombadas, o sensuales vestidos cortos ceñidos al cuerpo. En cambio, visten ropa de diario, como si vinieran directamente del trabajo. Los hombres llevan zapatos de suela y jeans. Algunas mujeres tacones o botas; otras, zapatos de vestir, pero cómodos.

Se ríen, son cómplices. Van a clases de bailes de salón en el Centro Cultural Buero Vallejo desde hace seis u ocho años. No recuerdan muy bien la cifra. «Llevamos mucho tiempo dando clases, pero poca memoria para recordar los bailes», dice entre risas Juan, funcionario.

Si le preguntan qué ritmo prefieren contestan al unísono: «Todos. El que sea». Después vuelven a reír. En ese mismo recinto se dan clases de batucada —un estilo de samba brasilera—, danza española, oriental, gym-jazz y sevillanas. Cada alumno paga 38,90 euros por trimestre. El curso dura lo que un año escolar. Es una de las actividades más solicitadas. Sin embargo José Luis se queja que desde hace tres años esperan una tarima en el aula, porque «se baila mejor».

«¿Por qué vinimos la primera vez? A mí porque me encanta bailar, de siempre», apunta Elena, una fotógrafa. Su esposo, Daniel, replica: «Yo vine porque a ella le gustaba bailar. Me arrastró», y sus compañeros se desternillan de risa. Antonio, con camisa y pantalón de pinzas se une al círculo: «A mí también me arrastraron», apunta mientras le hace un guiño a su esposa.

Patricia, la profesora, vuelve al salón. Dice que la mayoría de sus alumnos tiene hijos y que ella «hasta nietos». Los hijos de los alumnos —ya mayores— no les reprochan o alaban por sus clases. «Les parece bien. Bueno, no le hemos preguntado tampoco», dice Ángela. La instructora de baile no da más treguas y se dirige hasta el reproductor de CD. «¿Les apetece una salsa?», pregunta con su acento colombiano. Dicen que sí y empieza a sonar la clave. La práctica del baile estimula la circulación sanguínea, mejora la imagen –porque el cuerpo libera toxinas–, corrige la postura y potencia la coordinación. Pero ellos resaltan una cosa: «Se sociabiliza muy bien».

Patricia lanza su voz por encima de la música. Cuenta. «One, two, three. Five, six, seven», y lo repite, como en un bucle. Ella baila junto a los alumnos. Todos observan sus movimientos en un espejo que cubre una pared entera. Algunos pierden el paso, otros miran sus pies y la profesora les recrimina.

Patricia, que lleva unas Converse clásicas y medias, vocifera: «Aspirina», «Pásala», «Quédate», «Asústala», «El setenta», «Rómpele el brazo». No son amenazas o locuras de la profesora, son pasos de bailes. En «Rómpele el brazo», el hombre —siempre guía en la salsa— coge el brazo izquierdo de la mujer con su brazo derecho y le da un medio giro a ella, que queda con el brazo en la espalda. Los pies siguen la secuencia: «One, two, three. Five, six, seven». Algunos lo captan, otros tardan un poco más. Pocos lo logran, la monitora pide que se detengan y repite la explicación.

Las parejas iniciales cambian, van rotando en una ronda. Casi todos los alumnos llegan con sus compañeros sentimentales, pero no les importa intercambiar por el bien supremo del baile. «A veces hay problemas entre esposos, peleas por un paso (risas). Casi todos venimos con nuestras parejas, pero lo mejor es cambiarla, se baila mejor», dice Daniel, de cabellos blancos. Su esposa asiente, sus compañeros también.

Diez minutos antes de terminar la hora de clase —pasa muy rápido—, la profesora cambia de estilo de música. Ahora suena una bachata. Los alumnos se alegran, pero esta vez no cambian de acompañante, regresan con sus esposos y esposas. Hay una aprendiz sin pareja y baila con la profesora.

«Pégame tu vicio» suena en los altavoces. La bachata da la oportunidad de bailar «pegado» con el acompañante. Es una música con sabor, pero más lastimera, como una milonga del Caribe. Los alumnos de la próxima clase se asoman impacientes por la rendija de la puerta.

Se agota el tiempo. Ocho de la tarde. La clase queda despachada. Patricia no hace pausa esta vez, pero indica: «Apúntame la dirección de la página, para que mis hijos me vean en Colombia». La bachata no acaba, es la elección de los siguientes y vuelve a sonar por los altavoces: «Mi alma me destroza. Quiero perderme contigo. En el vicio de tus labios. Pégame tu vicio…». El baile continúa.

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Fotos por A. Fernández

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Texto por: Andrea C. Fernández S.

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8 Respuestas to “«Rómpele el brazo» es un paso de baile” Subscribe

  1. Muelotas 26 febrero, 2012 en 22:50 #

    Me encanto el articulo. Esta mujer es espectacular. Mañana mismo me apunto!

  2. Nones 26 febrero, 2012 en 22:54 #

    A mi me han hablado muy bien de esta profesora en la casa del reloj… A los alumnos un consejo aprovechen q la tienen q no tdos los profesores son tan buenos…Muy buen articulo.. Me quito el sombrero

  3. Charo 27 febrero, 2012 en 13:33 #

    Estupendo artículo y estupenda profesora. Lo dice una veterana periodista y una alumna, casi principiante, de Patricia.

  4. Paloma 28 febrero, 2012 en 22:38 #

    Patricia que mala pata, te han pillado con tus deportivas blancas en lugar de tus zapatitos de baile; aunque da lo mismo pues tu estilazo siempre te acompaña. Gracias por esas clases tan amenas que impartes y como siempre dices “Tenía que ser más tiempo pues se me pasa la clase volando”. Un besote.

  5. Silvia P F 29 febrero, 2012 en 11:55 #

    Divertido y ameno, también para los menores de 40, gran profesora que hace que la clase se pase como un suspiro, y no pierdas nunca las ganas de volver.

  6. J.A. 29 febrero, 2012 en 23:32 #

    La profesora, aunque sea veterana, es estupenda, posee un gran estilo bailando. No cabe duda que es la gran animadora de la clase; con su vitalidad, su forma de expresarse, su vocabulario y su búsqueda de la perfección hacen que aprendas los pasos básicos y las figuras.

  7. ROCIO C. CH. 1 marzo, 2012 en 23:10 #

    CON PATRICIA DISFRUTO MUCHO DE LAS CLASES DE BAILE, SON AMENAS Y MUY DIVERTIDAS, ES UNA GRAN PROFESORA DE BAILE.

  8. AGUSTIN J.J. 1 marzo, 2012 en 23:11 #

    ME GUSTAN TANTO LA CLASES DE PATRICIA QUE DA EN EL CENTRO CULTURAL DE CANILLEJAS QUE ME HE APUNTADO TAMBIEN A LAS QUE DA EN LA CASA DEL RELOJ, ES UNA PROFESORA FANTASTICA :)

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