El feminicidio silenciado de Guatemala


No cabía nadie más en el auditorio de La Casa Encendida. La expectación se recogía en la mesa redonda «Feminicidio, conflictos armados y militarización: las mujeres frente a las facciones armadas», donde se revelaron algunos de los asesinatos que el país oculta

Mujeres guatemaltecas que han sido asesinadas en los últimos años. Por La Casa Encendida

La cifra sobrecoge: 6.000 mujeres y niñas han sido torturadas y asesinadas en Guatemala en la última década. Durante los últimos cinco años ha habido un promedio anual de 650, y la cifra va en aumento. En 2011, 700 fueron asesinadas, alrededor de dos al día, muchas de ellas de forma atroz.

Este es el resultado de la política contrainsurgente del Ejército que lleva practicándose desde 1960, año de inicio de la guerra civil que dejó unas 250.000 víctimas –entre muertos y desaparecidos– hasta que el Gobierno y la guerrilla de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) firmaron el Acuerdo de Paz en 1996.

Desde ese momento, «el Estado puso en práctica la aniquilación de las fuerzas políticas y sociales que buscaban cambios estructurales en el país; el racismo contra los pueblos indígenas; y enfatizó el sistema patriarcal», explica Luz Méndez, presidenta del Consejo Asesor de la Unión Nacional de Mujeres Guatemaltecas (UNAMG).

De izquierda a derecha: Mercedes Hernández, presidenta de AMG y Luz Méndez, presidenta del Consejo Asesor de UNAMG. Por E.Magro

«Hay un exterminio contra la población indígena, queman sus casas, aniquilan las tierras e instrumentos de labranza, mientras que el cuerpo de la mujer es utilizado para enviar mensajes de terror», explica Méndez. Los mecanismos que utilizan son espeluznantes, como la apertura del vientre para arrancarle el feto y deshacerse de él, clavar estacas en las vaginas, arrancar los pechos y tras asesinarlas, abandonar sus cuerpos desnudos en los caminos. Méndez explica por qué asesinan a las mujeres: «El objetivo del sistema es combatir la reproducción física de los ‘enemigos del Estado’; de los ‘indios rebeldes’».

«Los soldados guatemaltecos fueron entrenados para violar» afirma tajante la presidenta de la UNAMG. Para ello, les ordenaban tener sexo en público con prostitutas para prepararse para lo que iban a hacer en las aldeas. «A las mujeres se las violaba de manera masiva y enfrente de sus familias».

Ahora, estas valientes intentan llevar una vida «normal», pero la noche es su peor enemiga, porque las devuelve a su pesadilla: la esclavitud sexual. «Cuando cierran los ojos, la primera imagen que les viene a la mente es la de la violación a la que fueron sometidas; y de eso hace ya veinte años», relata Méndez.

Lo que las organizaciones feministas pretenden hacer es una reflexión sexual para que este genocidio salga de lo íntimo a lo público, y así demostrar que se trata de crímenes de Estado, «porque no cumple la responsabilidad de brindar protección y derechos a las mujeres», manifiesta Mercedes Hernández, moderadora de la mesa y presidenta de la Asociación de Mujeres de Guatemala (AMG).

Estas asociaciones dan la oportunidad a las guatemaltecas de contar su historia, demandar derechos humanos y pedir justicia. «Muchas de ellas son viudas que tuvieron que refugiarse en México o en las montañas de Guatemala. Es un paso para la construcción de la memoria histórica», afirma Luz Méndez.

Estas mujeres demandan justicia, que se compone de erradicación, memoria, perdón y castigo. Piden que no se siga violando en el presente, ya que muchas están sometidas a hombres mestizos, e incluso a sus padres; que se sepa lo que ocurrió para no olvidar lo que han sufrido y vivido; que se disculpen para recuperar su dignidad, y la justicia penal. En Guatemala «la impunidad por violencia sexual es total. No ha habido ni una sola sentencia emitida», reclama Méndez.

Estas asociaciones consideran que se trata de feminicidio porque son crímenes de lesa humanidad que deberían ser susceptibles de persecución universal, además de no prescribir. «A las mujeres se las mata por lo que son; una condición a la que no pueden renunciar», manifiesta Mercedes Hernández.

Conferencia

La Casa Encendida acogió el pasado miércoles 22 de febrero la mesa redonda «Feminicidio, conflictos armados y militarización: las mujeres frente a las facciones armadas». En la ponencia participaron: Luz Méndez, presidenta del Consejo Asesor de la Unión Nacional de Mujeres Guatemaltecas; Mercedes Hernández, presidenta de la Asociación de Mujeres de Guatemala; Carlos Castresana, fiscal del Tribunal Supremo de España y Victoria Sanford, antropóloga y directora del Centro de Derechos Humanos y Estudios de Paz en Lehman College (Nueva York).

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Texto por: Estefanía Magro

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