Centro

Esos vecinos silenciosos

 

Revistas y diccionarios chinos se venden en la librería Liang You («buen amigo» en chino). Por Eva Pastrana

La calle Leganitos huele a tallarines fritos y a tubo de escape. Como todos los días, Wan entra en la librería Liang You («buen amigo» en chino), coge su periódico de cabecera, el Hua Xin, lo extiende sobre el mostrador con cuidado y lo grapa. «Como he hecho toda la vida».

En la librería Liang You no venden el ABC, ni El Mundo, ni El País. Aquí la batalla se la disputan el Hua Xin Bao, el Ouhua Bao y el Zhongguo Bao. En su interior pueden encontrarse desde noticias regionales de China hasta tests de conducir traducidos en ideogramas. Pero será por poco tiempo. Les ha salido competencia.

Enfrente de la librería está la autoescuela Venecia. En el interior, Yan está dando clase teórica. Mientras en la pantalla se proyectan imágenes de autovías o semáforos, 40 alumnos toman notas. Jeroglíficos que seguramente ninguno entenderíamos. «En la autoescuela estamos haciendo un libro de teórica en chino y español que está casi terminado. Lo pondremos a la venta aquí y en la página web. Esperamos que tenga mucho éxito porque muchos no hablan español», explica Yan.

En la Autoescuela Venecia Classic se imparten clases en chino. Por Eva Pastrana

Esta historia no transcurre en Singapur ni en Hong Kong . Tampoco es el argumento de una película de Bruce Lee. Todo pasa a tan solo unos metros de la Gran Vía. En sólo 300 metros la calle Leganitos acumula 18 comercios dedicados al público chino: tres locutorios, una tienda de informática, cuatro «bazares» de alimentación, un supermercado de productos orientales, tres peluquerías, un centro de masaje y manicura, dos buffets libres, una librería, una autoescuela y hasta un club de alterne. Todo lo que un ser humano puede necesitar.

«Escuché en «Televisión Española» que ésta era la calle con más comercios chinos por metro cuadrado de España y no me extrañaría. Aquí pegas una patada y sale un chino», cuenta Miguel, regente del único bar español de la zona. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, en España actualmente hay cerca de 150.000 chinos empadronados, de los cuales unos 100.000 cotizan a la seguridad social. La colonia madrileña supera los 40.000 residentes, cinco veces más que hace 10 años.

«Local que va quedando vacío, local que ellos van alquilando. La peluquería de abajo lleva tanto tiempo como nosotros. La de arriba tendrá año y pico. La tienda de informática 4 años. La librería es de toda la vida», cuenta Carmen. Ella y su marido Eugenio llevan la farmacia de la calle Leganitos desde hace seis. «Vienen mucho a comprar aquí. Lo que más se llevan es leche de iniciación y dentífrico para mandarlo a China. Para estas cosas no se fían de sus calidades. Dicen ‘chino no, chino no’». El que pone la nota discordante es su marido, Eugenio. «Hay cosas oscuras. Lo de aquí arriba es una cosa rara. Tú trata de entrar ahí, verás como no te dejan».

El locutorio del número 10 de la calle Leganitos. Por Eva Pastrana

Es cierto, el locutorio es oscuro. El escaparate está recubierto de carteles que no dejan pasar la luz y en el interior solo se iluminan las pantallas de los ordenadores. Nada más poner un pie dentro se abre un ventanuco de unos 20 centímetros. Parece un confesionario. Asoman unos ojos rasgados bajo un flequillo: «¿Qué quieres?». Tras la respuesta, la voz que sale del flequillo, me invita amablemente a abandonar el lugar: «No vas a entender. Está todo en chino».

Todo es más fácil en el bloque 12. Al parecer buena parte de los habitantes son chinos. La puerta principal está abierta de par en par así que no resulta difícil colarse. Solo se oye a los vecinos del cuarto (españoles, claro). El edificio no tiene ascensor, es angosto y huele a pintura. Sería como cualquiera de no ser por la decena de sombrillas de colores que cubren la ropa tendida en el patio. El ingenio oriental es lo que tiene.

Disco Spring

La Disco Spring es incluso más oscura que el locutorio. El ambiente es tan denso como suele ser en los clubs de alterne. Pese a que el rótulo de la entrada está escrito con caracteres chinos y la música del interior suena al mismo idioma, el portero puntualiza: «El bar no tiene nada que ver con los chinos. Tampoco las chicas».

Miguel, el camarero de la Sidrería A’Lareira, lo confirma. «Eso lo han puesto para hacer negocio con ellos también. El problema es que tienes que comunicarte con ellos y muchos no hablan español. Yo he tenido que pedir que me escriban un cartel en chino en la puerta del baño porque si no se me colaban sin consumir y decían ‘no entiende, no entiende’. Y así no puede ser».

Parece que en la calle Leganitos terminan mandando otras normas. Allí es el año del Dragón y sus habitantes compran algas secas, jengibre en polvo, té de perla y dulces «Jin Jan». Son trabajadores, cordiales y correctos. Vecinos discretos que sin darnos cuenta van ganando territorio. Como una colonia de pequeñas hormigas. Poco a poco y sobre todo, sin hacer ruido.

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