Madrilánea

La verdadera crisis de los mercados

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Mientras otros mercados de la capital han lavado su imagen, la falta de relevo generacional amenaza a las galerías comerciales de Hortaleza

Imagen de uno de los pasillos del Mercado de San Lorenzo. Por A. Aragón

«En cuanto nos retiremos los de la vieja ola, esto se habrá acabado». Es un pensamiento que se repite en boca de muchos tenderos en Hortaleza. La apertura de dos supermercados en los últimos dos años ha sido devastadora para los mercados del barrio. En el de la calle Mar Negro, cerca de una veintena de sus locales comerciales están cerrados. En San Lorenzo, sólo cuatro permanecen abiertos. Lo que queda es un reto para emprendedores.

El pasado domingo Emilio abrió su local en el mercado de Mar Negro. No está loco ni vive en una burbuja. Regenta una tienda de quesos en Madrid y pretende darle un giro a este sistema tradicional. Aprovecha que se acerca una señora para desenfundar el cuchillo, cortar un trozo de queso y ofrecerle una pieza. Cliente llama a cliente.

«Si fuera sólo un comercio ni me hubiera planteado abrir porque no me interesa. Tengo otro negocio más grande y esto lo utilizo como una intermediación para acercarme al cliente y de paso recomendarle que vaya a la otra tienda para que vea todo lo que tenemos», afirma. El propósito es distinto al habitual, pero parte de la misma base. «Me interesa este tipo de comercio porque me ofrece la posibilidad de especialización, me permite acercarme a los clientes, darles a probar y conocer», explica.

Desde 150 euros se puede alquilar un local en esta galería de alimentación y, asegura, no es el único que se plantea hacer este uso del mercado tradicional. «Estoy hablando con unos amigos para ver si conseguimos otro local y damos un poco más de vida. Mejor si es en la parte trasera, porque lograríamos reactivar una parte del mercado que ahora mismo está muerta», expone.

Los nueve puestos de la zona trasera están cerrados y hay que agotar el pasillo para encontrar el primero abierto. No todos han podido capear el temporal del Mar Negro. «Ahora mismo la tienda es como todo en la vida: agárrate a ello, lucha y defiéndela como puedas».

«ESTO NO ES PARA LOS JÓVENES»

En el mercado ya no hay fruta que comprar. Por A. Aragón

Al menos en Mar Negro hay batalla. San Lorenzo la perdió hace tiempo. Su planta principal sólo tiene cuatro comercios y la planta baja es un supermercado. Juegan con el enemigo en casa, aunque aceptan con resignación la derrota. «Los mercados están de capa caída. Esperaré a jubilarme dentro de tres años y ya me olvidaré de esto», afirma el pescadero.

Para llegar hasta él hay que atravesar toda la estancia. El trayecto incluye pilas de cajas vacías y un pasillo totalmente abandonado. En el puesto de la esquina sobresale una pequeña virgen a través del cierre roto. Una vitrina desolada anuncia «ofertones». Publicidad engañosa. «Queso manchego, 999 pesetas el kilo». Una escalera de los tiempos de la peseta con las patas abiertas. Una pescadería inundada de tablones de madera. Una frutería sin paredes y dos cristales que reflejan la miseria.

«Todo esto pertenece a un particular y ya no se preocupa por mantenerlo. Lo que quiere es que nos vayamos cuanto antes para alquilárselo a alguna gran superficie. Hace unos tres años alquiló la planta baja y ésta la ha intentado alquilar a unos chinos, pero querían escombrarlo todo y no pudo ser», relata. Habla con la cabeza agachada, paseando los ojos entre sus zapatos y cualquiera de los puestos cerrados que «ya no se abren porque este oficio no es para los jóvenes».

Su historia, para la que prefiere no dar nombre, guarda similitudes con las que se han podido escuchar en el otro mercado. «Los jóvenes ya no quieren esto. Mis hijos se han sacado una carrera, se han colocado y no quieren saber nada de esto. Antes venían a ayudarme los fines de semana, pero ahora tienen familia y ya ni siquiera eso», se lamenta.

Dicen que aquí vienen «los clientes que saben lo que quieren y les gusta recibir una atención cercana», pero en media hora sólo han entrado dos mujeres. Esta galería de alimentación no empezó a morir por la crisis ni por la competencia. Lo hizo antes y por causas naturales. «El problema es que cuando la gente se jubila no hay ningún joven que quiera meterse aquí. Es incómodo, se pasa frío y es un trabajo muy esclavo. Aguantamos nosotros, pero esto se acaba», augura Castillejo, el carnicero.

Otros mercados de la capital, como San Miguel (reabierto en 2009 tras 19 meses de reforma), San Antón (2011) o Chamartín se han lavado la cara y ahora combinan productos cotidianos y exclusivos. Incluso opciones de ocio muy lejos de las que puede ofrecer un barrio residencial y trabajador.

Cuando se habla de futuro, los mercados de Hortaleza se encogen de hombros y resoplan, como quien se da por vencido y ya no tiene qué esperar.

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