Madrilánea

Juan Manuel de Prada y la expansión del Mal

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El escritor ofreció una visión pesimista del presente y futuro del oficio periodístico con un discurso razonado, contracorriente y lapidario

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada visita el Máster de ABC

La observación y el análisis son dos cualidades inherentes al oficio del articulista, del intelectual. Juan Manuel de Prada, a pesar de sus 42 años, lleva ya un tiempo en esto y en su visita a los alumnos del Máster ABC dibujó un panorama actual sombrío, si no desolador. Y en lo referente al periodismo, peor.

Según De Prada, vivimos en una especie de mundo contaminado por sobredosis de pastillas informativas bajo precepto de un poder más allá de los gobiernos. Los periodistas ni siquiera huelen la esencia sórdida de esto y se muestran incapaces de voltear las consignas que reciben. «El periodismo de calidad se sigue refugiando en la prensa escrita», apuntó de todas maneras de Prada, al que le gustaría que éste se divorciase completamente de lo que se ofrece en internet («En un futuro prendido a la pantalla, el descanso estará en la prensa escrita».

El escritor disintió de los que pronostican la muerte del papel, ya que no es la primera vez que se vive una época de fascinación tecnológica, «de confianza ciega». De hecho, cree que es una majadería pensar esto porque es el medio menos vulnerable. «Internet está más cerca de la radio y de la tele. El día que Google saque su cadena de televisión Antena 3 y Telecinco no tendrán nada que hacer», vaticinó el ganador del premio Planeta con la novela «La Tempestad».

La inercia del periodismo, según De Prada, es convertirse en lacayo del poder, en un brazo propagandístico. «Hay muy poca salida», sentenció con desesperanza. Para el articulista de ABC, el oficio periodístico no puede ofrecer la verdad por una cadena de razones. Primero, la verdad es opaca: «El periodista no puede penetrar». Segundo, si pudiese acceder perecería «entre sus mismas fauces». Y tercero, si se les contase la verdad a los destinatarios, al público, estos se revolverían furiosos («como los israelitas contra los profetas»). Pidió hasta disculpas por el cuadro tan funesto que describía.

La mentira de las verdades

Según Juan Manuel de Prada, al no reconocer la verdad (por miedo a ella) la sociedad asimila una serie de coartadas extravagantes: «Decir que la reforma laboral va a crear empleo es como decir que el divorcio va a crear matrimonios». Porque estamos viviendo, para el escritor, «la gran pantomima», donde se subrayan siempre las diferencias ideológicas no esenciales y más superficiales, como una cortina de humo, de los que se disputan la gerencia del poder. «Es un juego que nos mantiene entretenidos», definió.

Nuestra forma de pensar y de sentir ha sido modelada, y para luchar contra eso, según él, la razón debe ser ejercitada («aunque pueda crear monstruos») porque nos mantiene más inmunes a la manipulación. Y amplió: «Hemos perdido la capacidad de enjuiciar nuestras conductas».

En un clima tal de disensión, donde el entendimiento parece imposible (la «demogresca» de su admirado Leonardo Castellani), para De Prada nuestras democracias caminan hacia la autodestrucción. Si la Iglesia condenó el marxismo «con buen criterio» porque era una antropología, una visión del hombre, el afamado escritor piensa lo mismo del liberalismo. Porque «un católico no es progresista, conservador, ni liberal. Es católico».

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