Moncloa-Argüelles

Merienda con un espía

El barrio de Moncloa siempre ha atesorado grandes historias. De vida militar, cada esquina es reflejo de sus habitantes, desde la Dirección General de la Guardia Civil a la sede del Ejército del aire, Moncloa es de corte castrense y respira servicio patrio por los cuatro costados. En una de sus calles de casas bajas y árboles en cada portal, vive un trocito de la historia de España, un testimonio vivo de la transición. El General Andrés Casinello junto a  su mujer, Pilar Apoita, siempre reciben a sus visitas  con una sonrisa.

Casinello, también conocido por los que estuvieron a sus órdenes como «El Gran Rubio», es general de infantería y entre otros muchos logros, fue director del CESED, los servicios secretos de Adolfo Suárez, y jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, durante el 23-F. Tras una larga carrera como pieza fundamental de la transición y de la seguridad de los españoles se jubiló en Burgos,como teniente general.

No es muy amigo de conceder entrevistas y su relación con los medios no es muy fluída, sin embargo, esa tarde fue como un libro abierto. De ojos claros y mirada penetrante, el militar atesora vivencias y aunque no tiene pinta de revelar secretos de Estado, por lo menos es garantía de una buena conversación. Si tiras del hilo, puede hasta que te caiga una buena anécdota, aunque siempre vaya tres pasos por delante de tí. Decidido, cercano y muy inteligente hace gala de su formación militar y con la agilidad mental que le caracteriza ordena : «Vamos a trabajar».

Como no podía ser de otra forma, comenzamos hablando de periodismo. Ha querido la casualidad que este gran militar jubilado tuviera en 1986 unas pequeñas desavenencias a raíz de un artículo publicado en ABC  titulado  «A la señoría que corresponda», en el que desenfundó su pluma para expresar su descontento con los periodistas del Diario 16. El artículo comienza reconociendo que les llamó «gilipollas». Rápidamente todos los medios de comunicación cubrieron con el paraguas de este insulto a todas las personas con trato de Señorías de este país, es decir, jueces y diputados; sin embargo, don Andrés quiso referirse únicamente a los periodistas del citado grupo de comunicación, quienes habían iniciado una campaña de acoso y derribo contra él. El general estaba cansado.

Andrés Casinello, general de infantería.
Andrés Casinello, general de infantería.

El entrevistado me pone en situación. Por aquella época hubo un intento de constitución de un sindicato de la Guardia Civil en Córdoba, y en un alarde de fantasía, algún periodista debió imaginar a Andrés Casinello sobrevolando tierras andaluzas en un helicóptero, rumbo a detenerlos, cuando en realidad estaba bajando las escaleras del Ministerio de Defensa, pues venía de hablar con su amigo, el ministro José Barrionuevo. El general, lejos de intentar desmontar la reunión, estaba ultimando los detalles para su traslado a Ceuta, a pesar de que el ministro  tuviera para él otros planes en la Guardia Civil.

Casinello se muestra cauto ante el asunto y no generaliza respecto a los medios, precisando : «En todos los campos hay de todo». Pero sí recuerda cómo el periodista Fernando Ónega le defendió en la cadena COPE, cuando hasta hicieron unos tanguillos con su causa, que fueron escuchados en la radio de todas las casas españolas.

Pasando a temas más escabrosos, comenzó a contar sus vivencias de la época como dirigente de los espías y su relación con Adolfo Suárez. Al ser director del CESED, Casinello no sólo tenía íntima relación con el presidente, sino que era la primera persona a quién veía todas las mañanas, puesto que durante el gobierno de Suárez, los Servicios Secretos dependían directamente del Ministerio de la Presidencia. Casinello conocía perfectamente los «tejemanejes» españoles, desde las altas esferas hasta las más oscuras cloacas sociales. Por tanto, el general ha dormido todas las noches conociendo demasiada información, sabiendo como funciona el mecanismo del reloj, mientras el resto sólo veía las agujas.

Desde la otra esquina del salón, Pilar hace sus anotaciones al margen y al interesarme por la vida familiar del jefe de los servicios secretos de España, Pilar espeta: «Fue horrorosa, los escoltas  han sido el único motivo de discusión después de tantos años, los escoltas».

EL LOBO, ESE GRAN ESPAÑOL

La curiosidad nos lleva al tema terrorista,  nuestro protagonista dice «yo siempre he dicho que me preocupa más Herri Batasuna, que una pistola. Es cierto que ETA es la lucha armada cruel y dura pero lo realmente peligroso es la expansión del sentimiento». Ante ello, damos el salto al tema de «El Lobo». Infiltrado en la banda terrorista, Mikel Legarza fue reclutado por el SECED para sus operaciones de espionaje. ETA confió en este héroe de la sociedad española para la búsqueda de viviendas y vehículos, con el fín de tejer una infraestructura a lo largo de la geografía española, y gracias a su labor, con Casinello a la cabeza fue posible detener a la cúpula de la banda en 1975.

Al preguntar  por él en la actualidad, el general sonrió y dijo «eso no te lo cuento». Otras fuentes dicen que el Lobo desapareció ese mismo año, tras realizar su cometido, que incluso  se operó el rostro y que actualmente vive con otra identidad. Se desconoce, pero el general sentencia «la gente no sabe lo que les debe a muy pocos». Y lo cierto es que en palabras del propio Mikel Legarza, a fuentes que prefieren permanencer en el anonimato, éste considera a Andrés Casinello como a un padre. Pero es un tema del que los militares jamás presumen. Es simplemente su obligación.

Finalmente, tras dar un paseo por la historia,volvemos a la actualidad, y le pregunto sobre la Asociación de Defensa de la Transición de la que dice «Me hicieron presidente un día que falté» Cuenta que se reunieron para escribir un libro de esa  época, personalidades que participaron en ella, entre otros Rafael Ansón o el cuñado de Adolfo Suárez y de ahí surgió la idea. Algunos siguen cuestionando el carácter democrático de nuestro protagonista pero lo cierto es que formó parte de un acuerdo entre sectores muy diferentes y participó en conversaciones con Felipe González y Carrillo. Personas de ideologías abiertamente distintas a la suya. Para ello Casinello cita a Ortega y a su fábula de  hombres prehistóricos, que se tienen miedo y que se van acercando poco a poco hasta encontrarse y cogerse las manos, «y así se inventó el saludo». El general, con un historial de víctimas en el bando nacional a sus espaldas, fue sin embargo  partidario de la legalización del partido comunista, porque siempre tuvo claro que cada uno tiene su propia historia y que la piedra angular de la transición fue sin duda, querer la paz, pero quererla entre todos.

Y así terminó la tarde. Aunque no esperaba que me revelara ningún secreto de Estado, el general es consciente de que sus recuerdos valen su peso en oro y dosifica muy  bien la información. Sin embargo, ante la tentación de revelar algún secreto , surge un atisbo de media sonrisa y cariñosamente dice «no, de hecho aveces me aburren los recuerdos, fue una época dura, pero aguanté, además tenía a Pili». Este sentido del deber y del honor es lo que caracteriza a tantos héroes como él, quienes han sacrificado buena parte de su vida por servir a España. Por todos  los españoles.

4 comentarios en «Merienda con un espía»

  • Qué interesante y qué pena no haber conseguido son sonsacar ningún secreto de Estado! Estoy de acuerdo con la afirmación de este gran español, le debemos mucho a unos pocos que sacrificaron mucho por los españoles.
    Un saludo y enhorabuena!

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  • «Este sentido del deber y del honor es lo que caracteriza a tantos héroes como él, quienes han sacrificado buena parte de su vida por servir a España. Por todos los españoles»

    Que gran razón tienes. Enhorabuena.

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  • Me ha gustado mucho la entrevista, muy interesante.
    La redacción impecable.
    Enhorabuena.

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  • ¡Qué mal se debe dormir con el tic tac de ese reloj! Sabiendo tanto debe ser imposible pegar ojo.
    Tanto el personaje como la entrevista son realmente interesantes.

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