«Necesito ayuda»


La crisis ha abocado a muchas familias a la pobreza. En este contexto, la labor que realiza Cáritas cobra especial importancia al acudir a la llamada de auxilio de estas personas que se encuentran en una situación desesperada
Una voluntaria muestra la nevera llena de carne

Beatriz es una de las diez voluntarias de Cáritas en la parroquia de Colmenar de Oreja. Foto: Juan Antonio Pérez

«Necesito ayuda». Estas dos palabras son las que alguna vez pronunciaron todas las personas a las que Cáritas atiende. Gente de diversa procedencia, que en la mayoría de casos han tenido vidas muy diferentes, pero a los que ahora une una característica: apenas tienen recursos y nadie acude a su auxilio. Desgraciadamente, desde 2008, con el inicio de la crisis, este colectivo se ha incrementado en España en proporciones astronómicas. Cualquier persona conoce a alguien que se encuentra en dificultades. Cada vez más, Cáritas se ha convertido en un actor principal para muchos hogares. Su labor se antoja hoy más importante que nunca.

¿Cómo funciona esta institución? ¿De qué manera se financia? ¿Quiénes colaboran con ella? ¿Quiénes solicitan su ayuda? Tomemos como ejemplo la parroquia de Colmenar de Oreja, municipio de poco más de 8.000 habitantes situado al sur de la provincia. Al ser un pueblo más bien pequeño, todo el mundo se conoce. Allí se establece una relación casi familiar entre voluntarias: todas son mujeres, y gente sin recursos. Todos son vecinos. Hablamos con Antonio, un cura de la localidad, quién nos explica la estructura de la institución: «Cáritas nace con el objetivo de ayudar a los pobres, a los más necesitados, que es una de las patas en las que se sustenta la Iglesia Católica». Y añade: «Está presente en todos aquellos territorios que profesan nuestra religión y en España se divide primero en las diferentes diócesis y después en las distintas parroquias. La de Colmenar es una de esas parroquias».

María Benito, presidenta de Cáritas en el municipio, detalla el perfil de las personas que acuden a los salones parroquiales para recibir ayuda. Lo hace a través de los informes que ella, junto a las otras nueve voluntarias de la institución religiosa en Colmenar, elabora para darlos a conocer a todo aquel que acude a la iglesia cada Jueves Santo. Empezamos el recorrido en el año 2007, el último antes de que estallara la crisis. En aquel informe, las voluntarias muestran cómo «principalmente han venido en busca de ayuda inmigrantes…también nos preocupa mucho la situación de alguno de nuestros mayores». Inmigrantes y ancianos con alguna necesidad eran entonces los destinatarios de las ayudas de Cáritas. No se ofrecen cifras. Como nos cuenta María, «el número de personas que entonces pedían auxilio a la institución era muy bajo».

Pasamos al 2008: el del estallido de la burbuja inmobiliaria. El informe de ese año ya intuye lo que vendría después: «Aunque las necesidades no son alarmantes, hay casos de verdadera angustia. Personas que ahora han perdido su trabajo y no pueden pagar el alquiler de su casa, que necesitan ayuda de alimentos y ropa». Tampoco se dan números, pero sí la voz de alarma. Al año siguiente, la crisis empieza a descargar toda su crudeza, como bien recoge el informe: «Nos vemos desbordados por la cantidad de gente que acude a la parroquia en busca de ayuda. Estamos atendiendo a unas 20 personas cada semana y su principal petición es que les demos comida». Era el año 2009 y desde entonces la frase «estamos desbordados» ha aparecido en todos los informes. Ese curso, la desesperación entre las voluntarias de Cáritas era tal que solicitaron una reunión con el departamento de Asuntos Sociales del Ayuntamiento para trabajar juntos.

Colaboración Cáritas-Asuntos Sociales

La siguiente parada es obligada. Silvia, trabajadora social, es la encargada de explicarnos cómo, a partir de 2009, empieza la colaboración entre Asuntos Sociales y Cáritas. «Antes de la crisis éramos nosotros quienes nos poníamos en contacto con la gente que menos recursos tenía y en Cáritas les entregaban lo que pidieran, pero desde 2009 la avalancha de gente pidiendo ayuda hizo necesaria la colaboración», afirma. Aúnan esfuerzos para establecer de una manera más eficiente qué tipo de ayuda necesita cada persona o familia y también para dar prioridad a quién de verdad tiene que ser atendido. En resumen, cada persona que lo solicita tiene que pasar por Asuntos Sociales y entregar una serie de documentos, fundamentalmente de carácter económico, que demuestren fehacientemente que necesita asistencia. Conviene hacer un inciso: hablamos de seres humanos, personas que exigen ayuda inmediata. Lo primero siempre es la asistencia, luego el papeleo. Desde Asuntos Sociales determinan el tipo de asistencia que cada cual necesita y la frecuencia con la que esas personas deben acudir a Cáritas. «Es cada 15 días, aunque cada caso es distinto y hay familias en una situación muy grave que acuden cada semana y otras que, en cambio, aún pueden respirar y solo acuden una vez al mes», cuenta Silvia. Este departamento municipal entrega a Cáritas los 3 ó 4 cargamentos que el Banco de Alimentos de Cruz Roja les envía al año y la partida que el Ayuntamiento dedica para «Ayudas de Emergencia Social».

Habitación con ropa y alimentos

Una de la voluntarias en un momento del reparto de ropa y alimentos.

El porqué es fundamental, la colaboración entre Cáritas y Asuntos Sociales, no se entiende hasta que se conocen las cifras de personas que en los últimos años han solicitado ayuda. Con balances anuales que van de junio a junio, en 2010 fueron 230 las atenciones. En 2011 se elevaron a 511. A mediados de este año los últimos datos muestran que Cáritas prestó asistencia a 95 familias: 360 personas y 800 atenciones. En un pueblo de 8.000 habitantes. Conforme ha ido aumentando el número de necesitados, también ha cambiado su perfil. Si en 2007 eran mayoritariamente inmigrantes y ancianos, más de la mitad de las 95 familias auxiliadas este año, 58, son españolas. Son personas que viven solas o familias monoparentales con hijos que no tienen trabajo y reciben una mínima o exigua prestación. Muchos de ellos trabajaban como autónomos, por lo que nunca han cobrado ni siquiera el paro. A menudo se escucha la expresión: «Nunca pensé verme en esta situación». Llama la atención cómo, de los inmigrantes que reciben ayuda, han desaparecido prácticamente los sudamericanos. Muchos han vuelto a su país.

A pesar de que estas estadísticas hablan por sí solas de la grave situación, María cuenta que hay más gente a la que se le presta ayuda y no figura en ninguna estadística: «Hay que tener en cuenta que en un pueblo todo el mundo se conoce y mucha gente, por la razón que sea, no quiere que nadie se entere de su situación de emergencia. Entonces hablan con el cura o con una de nosotras y directamente le llevamos los alimentos a casa», y apostilla: «También hay otra parte importante de la población qué lo está pasando mal, pero que de momento les ayuda la familia y no han necesitado acudir a Cáritas».

 Mucho más que alimentos

Cáritas no solo reparte ropa y alimentos. En la parroquia de Colmenar de Oreja también pagan facturas, alquileres, transporte, libros, se distribuyen cubiertos y utensilios del hogar. Hace labores de intermediaria para quien se desprende de muebles u otros objetos, estos se den a otros que sí los necesitan. Organiza un taller de costura, corte y confección. Una voluntaria, Beatriz, da clases de español para inmigrantes. Y también se pone en relación a posibles empleadores con personas que demandan un puesto de trabajo. Algunos asiduos a Cáritas han tenido la fortuna de ser contratados como empleados domésticos. Sin embargo, el último informe no es prometedor: «En la actualidad la oferta de empleo es prácticamente nula».

¿Cómo es el sentimiento de las personas que se ven en la necesidad de acudir a Cáritas? María no tarda en responder: «La mayoría vienen desesperados y hasta sienten un poco de vergüenza, pero después son gente muy agradecida y que además se muestra muy solidaria. Algunas de estas personas se ofrecen a ayudarnos en todo lo que haga falta y, por ejemplo, si uno es albañil y otro fontanero, se auxilian en lo que cada uno sabe. Luego es verdad que otros, por su delicada situación, se hunden psicológicmente y caen en temas de alcohol o drogas, pero son los menos».

Llega el miércoles. Para las personas con menos recursos, este es el día en el que Cáritas les atiende. Salvo cuando la necesidad extrema obliga a actuar de inmediato, lo habitual es que acudan cada dos semanas a los salones parroquiales. Nuestro miércoles las voluntarias atienden a un total de 23 familias. Se reparte leche, lentejas, garbanzos, judías, arroz, carne o pasta; productos de aseo como gel o champú, y de limpieza como detergente. Una madre se llevó una cuna y un carrito de bebé. Como se lee en una de las cuartillas que Cáritas reparte en Colmenar de Oreja cada Semana Santa:«Lo que antes eran gastos normales para muchas personas, ahora son artículos de lujo». No hay dos familias a las que se les dé lo mismo. Cada persona lleva una especie de tarjeta dónde vienen sus necesidades y la frecuencia con la que tienen que acudir. Aunque son para tener un cierto control, las voluntarias conocen a cada persona. Poco a poco les va llegando su turno. Además de la entrega se suscita una fluida conversación entre beneficiarias y voluntarias. Una de ellas confesará después: «Para muchas de estas personas venir aquí supone una distracción. Ellas nos cuentan sus vivencias y es muy gratificante cuando un día te vienen y te dicen que ya no vienen más porque su marido ha encontrado trabajo. Realmente te alegras por ellas».

Cartillas de una persona sin recursos

Una de las cartillas que utilizan las personas que acuden a Cáritas.

Eugenio acude a Cáritas cada dos semanas. Tiene 37 años y vive con su pareja y sus hijos de 9 y 3 en una casa de alquiler por la que paga 350 euros mensuales. Desde que el trabajo en la construcción menguó, se vio abocado primero al paro y luego a la nada. Ahora percibe una remuneración de 520 euros por tener dos niños y sobrevive gracias a Cáritas y a los días sueltos en los que le llaman para «currar por un jornal de como mucho 40 euros». Cuando Beatriz interrumpe no para de decir: «Esta mujer se merece un trono». Cuando Beatriz se aleja, Eugenio cuenta lo agradecido que está a Cáritas: «Al nacer mi segundo hijo no tenía nada, ni para comprar pañales ni leche, absolutamente nada. Ellas se encargaron de todo e incluso compraron unas gafas que necesitaba mi hijo mayor». Anna es rumana, tiene unos 40 años y viene a acompañar a su hermana Cristina. Las dos, junto a sus maridos y cuatro hijos en total, vinieron a España hace seis años y también han tenido que acudir a la organización benéfica. Durante un tiempo residieron sin papeles en España. Todavía hoy dejan entrever que a veces ellas o sus parejas trabajan sin contrato alguno por una simple razón: hay que sobrevivir.

 Financiación exclusivamente local

¿Cómo es posible que pese a que el número de personas que necesitan ayuda cada año se multiplica Cáritas sigue asistiendo a todo aquel que lo pide? Antonio, el cura, nos da la clave: «En el caso de Colmenar, Cáritas parroquial es autosuficiente y de momento desde la Diócesis no nos han tenido que ayudar. Toda las necesidades las aporta la gente del pueblo». De esta manera la financiación es local, salvo las entregas del Banco de Alimentos de Cruz Roja. Quien más quien menos colabora. Los tres supermercados, los grupos artísticos, empresas particulares, las hermandades, el Ayuntamiento, la asociación de empresarios, los colegios por medio de la Operación Kilo, la Iglesia en colectas extraordinarias o personas anónimas. Todo, o casi todo el mundo, aporta su grano de arena. Ya sea porque en un pueblo todo el mundo se conoce y, al fin y al cabo, están ayudando a vecinos, o simplemente porque piensan que mañana pueden ser ellos los que tengan que pedir auxilio. Es evidente que, sin voluntarios, la labor de Cáritas no sería la misma. Por eso desde la institución recalcan: «Nuestro pueblo es muy solidario, responde siempre, y aunque son muchas las necesidades, también es mucha la solidaridad».

 

Texto por: Juan Antonio Pérez

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Una respuesta to “«Necesito ayuda»” Subscribe

  1. Erlys 16 noviembre, 2013 en 18:12 #

    Hola, soy cubana nacionalizada espanola, estoy sin trabajo y tengo una hija de 17 años mas mi pareja que tambien esta en el paro, nesecito saber que requisito hay que tener para solicitar la ayuda de alimentos y de busqueda de trabajo, estamos desesperados, si son tan amable de responderme que debo hacer y a donde debo de ir, gracias.

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