Cuatro siglos de historia y cultura en jaque por la crisis


La Fundación Carlos de Amberes, dedicada a la beneficencia en sus orígenes en tiempos imperiales, se dedica actualmente al fomento de la cultura. La crisis económica es un escollo de difícil superación para una institución que resistió a las desamortizaciones y las guerras.
Fachada de la Fundación Carlos de Amberes. Foto: Luis Asin

Fachada de la Fundación Carlos de Amberes. Foto: Luis Asín

Corría el año 1594 cuando Carlos de Amberes, un mercader flamenco establecido en Madrid, cedió en escritura pública todos sus inmuebles para que sirviesen de hospedaje a los peregrinos de las diecisiete provincias flamencas. A su muerte, en 1604, el archero real Miguel de Frene se encargó de materializar la idea colocando el nuevo hospital bajo la protección de San Andrés. Cinco años más tarde, el Rey Felipe III aceptó el patronato de la Diputación para sí y sus sucesores.

El número 99 de la calle Claudio Coello, situada en el céntrico distrito de Salamanca, alberga en la actualidad la sede de lo que hoy conocemos como la Real Diputación San Andrés de los Flamencos, Fundación Carlos de Amberes. Fue en 1877 cuando la Princesa de Asturias, Doña Isabel de Borbón, inauguró su segunda sede, que hoy es la capilla más antigua del barrio. No fue hasta finales del siglo XX cuando la institución modificó su carácter benéfico-asistencial por el cultural. Pero la Fundación no era ajena al arte, ya que desde el año 1638 gozaba en propiedad del cuadro El Martirio de San Andrés, de Peter Paulus Rubens, que sigue presidiendo la capilla desacralizada que alberga las instalaciones de la Fundación.

Un relato en el que aparecen los nombres de reyes, princesas y brillantes artistas es, sin duda, una historia con mayúsculas. Desde comienzos de la década de 1990, la Fundación se dedica a la cultura, pero siempre manteniendo el foco en establecer lazos entre España y las antiguas provincias flamencas. Además, en esta nueva andadura se ha introducido en el mundo de la política mediante la organización de seminarios y conferencias con una clara vocación europeísta. La presencia de personalidades del mundo de la política se ha hecho habitual.

La colaboración público-privada ha marcado la pauta de una institución sin ánimo de lucro. Pero la actual crisis económica ha puesto en la diana el gasto de las Administraciones Públicas. Además, la cultura está siendo uno de los sectores más golpeados. Catherine Geens dirige la institución desde su bautismo cultural. La preocupación por seguir adelante en estos tiempos centra el tono de su reflexión acerca del mundo de la cultura: «Nosotros no somos una Fundación cara, en los tiempos económicos más boyantes el conjunto de las Administraciones Públicas no nos concedieron nunca más de 300.000 euros en subvenciones nominativas. Se ha recortado de manera discrecional, sin atender quien realmente lo necesita».

 Una entidad solvente

Concierto de piano en la capilla. Foto: Michel Bricteaux

Concierto de piano en la capilla. Foto: Michel Bricteaux

«La Carlos de Amberes», como se la conoce en el mundo cultural, procura que no se la relacione con el prototipo de Fundación parasitaria que recibe subvenciones y no genera valor. Para demostrarlo, nos presentan unas cuentas de las que se desprende que entre 2000 y 2011 el volumen de sus actividades movió 16 millones de euros, de los cuáles solo el 14% corresponden a aportaciones nominativas del sector público. «Necesitamos esa aportación para luego generar ese efecto multiplicador. Nosotros no somos lo suficientemente grandes como para pelear en el mercado todos los recursos que necesitamos para mantener nuestra estructura y una actividad competente», señala Geens.

¿Dónde está el error? Después de estos veinte años la directora tiene claro que todo tiene una vertiente política. «Tenemos una ley de fundaciones que permite crear una por 30.000 euros. Tenemos demasiadas». Cuando se habla del ataque a la cultura Geens tiene discurso propio: «Evidentemente somos un sector que está sufriendo, pero también se han creado numerosos espacios, mucho continentes que son de su titularidad pública y que ahora hay que llenar de contenido. En momentos de escasez han destinado sus partidas a sus propios espacios y ahora se han quedado secos para ayudar a los demás, aunque seamos más rentables».

Nuestra entrevistada no los menciona, pero se nos vienen a la cabeza nuevos centros como el museo arqueológico de Alcalá, el museo de arte contemporáneo de Móstoles, el espacio CentroCentro del ayuntamiento de Madrid o la tan promocionada creación de los Teatros del Canal. Como si la crisis de la cultura fuese un reflejo de la crisis económica. No todos sufren por igual, y aquí sí lo expresa con crudeza: «siempre es más fácil recortar a los que menos tienen».

Y tener poco no es una exageración para una institución en la que la previsión de ingresos para 2013 es cero. «¿Qué como aguantamos? Pues porque hemos tenido superávits presupuestarios desde el año 2000 hasta el 2008. Una gestión eficiente que ahora nos permite tener reservas». En un malévolo giro del destino quiénes gestionaron bien sufren ahora las consecuencias por los que gestionaron mal.

El tono calmado de Catherine Geens solo torna en indignación al recordar que las fundaciones de los dos principales partidos políticos han percibido en conjunto una subvención del ministerio de Educación y Cultura de dos millones de euros. «El año que nosotros más recibimos de ellos fueron 125.000 euros, y de verdad que no solicitamos más. Las fundaciones de los partidos o las de los grandes museos nos hacen una competencia a la hora de percibir ayudas que es legal, pero también es desleal».

La memoria de la institución recoge la contratación de servicios con más de 480 empresas españolas, la mayoría PYMES, para la prestación de servicios entre 2000 y 2011, así como la de 584 personas físicas para participar en las diferentes actividades. Todo ello con una estructura de personal, ahora recortada, pero que entonces ya era de tan solo doce personas

¿Podrán los vecinos del distrito y de todo Madrid volver a disfrutar de exposiciones como los grabados de Van Dyck, el Toisón de Oro o los tapices de Pastrana? ¿Volverán aquellos conciertos de jazz que ya se habían hecho un hueco en el viernes noche madrileño? ¿Seguirá engrosándose la lista de más de 2.500 alumnos que han realizados el postgrado de archivística en colaboración con la UNED?

Decir que no sería pesimismo, afirmar un sí rotundo sería optimismo. ¿Y lo realista?: «Tendremos que seguir reinventando. La crisis es de hoy, pero la aprovecharán para generar un nuevo modelo en el que no volveremos a tener lo que tuvimos». Resignación, pero con una dosis de esperanza

El Principe Felipe visita la exposición sobre el Toisón de Oro

El Principe Felipe visita la exposición sobre el Toisón de Oro. Foto: Fundación Carlos de Amberes

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Texto por: Victor Ruiz de Almirón

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