Madrilánea

Mikel Ayestaran, un reportero de guerra con el satélite a cuestas

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El corresponsal de guerra es muy singular. Parece un reportero local, aunque tiene una peculiaridad: graba sus directos en medio del ruido de las bombas

Mikel Ayestaran advierte los desafíos de cubrir los conflictos armados

«¿Qué queréis ver? ¿Vídeos de empotramiento con las soldados de la OTAN?, ¿o con las tropas españolas?, ¿algún país de Oriente Medio?, ¿Siria?, ¿Afganistán?, ¿Iraq?». Así empezó el reportero freelance Mikel Ayestaran (Guipúzcoa, 1975),  su conversación con los alumnos del máster de ABC. Tiene ojos claros y pequeños. Pelo muy corto. Su mirada infunde tranquilidad. Habla en un tono pausado, precavido, con templanza, pero a la vez con una seguridad férrea en sí mismo. Calcula al milímetro cada una de sus palabras, cada una de sus acciones.

Mikel no es un periodista ególatra que relata épicas hazañas de guerra cruzando fronteras entre países de conflicto. Trabaja para Vocento y Euskal Irrati Telebista (EiTB), pero él tiene claro que lo suyo es un sencillo oficio como otro cualquiera, y así lo transmite. De modo muy claro y ordenado —como si de un informático se tratara—muestra a los futuros periodistas el equipo que un auténtico reportero moderno necesita para cubrir una guerra: satélite, videocámara, teléfono, grabadora y cámara de fotos.  Pesa 24 kilos y viaja con mochila y trolley.

«No os aconsejo que llevéis Iphone, puede costaros la vida», advierte a los próximos enviados especiales.  Afirma que hoy en día cualquiera reconoce la manzana de Apple en el móvil y puede ser peligroso utilizarlo.  De hecho, a él se lo robaron cuando trabajaba en la ciudad egipcia de El Cairo. «Yo me llevo mi propio material, me grabo a mí mismo, y envío el paquete de datos informativo por satélite», explica el periodista. Advierte que se debe avisar al cliente de que el envío cuesta 300 euros, «a veces es más caro de lo que están dispuestos a pagarte. Conviene dejarlo claro antes de empezar a trabajar».

Llama la atención cómo opera. Parece un periodista local, pero con la particularidad de que el objetivo de su cámara ha fotografiado las calles grises de Gaza invadida por los escombros, las del Damasco sirio del régimen en plena guerra contra los rebeldes, las de un Túnez agitado por la Primavera Árabe, las de una Libia que derrocó a Gadafi; siempre detrás del ‘breaking news’ (noticias de última hora). «Nunca pensé que podría ganarme la vida como freelance. A mí me encantaba viajar. En el 2006 estaba en Líbano cuando fue invadido por Israel».  Ahí comenzó su autodenominado «bautismo de fuego». Experiencia que le sirvió de aliciente para repetir sus viajes por esos mundos de Dios, haciendo un periodismo al que sólo unos pocos se atreven.

Durante la charla hizo referencia a los cambios de lenguaje y los estereotipos del mundo árabe: «Antes a Mubarak se le llamaba presidente en Occidente y ahora se le conoce como el ex dictador de Egipto». La misma regla se puede aplicar a los muyahidines, «quienes pasaron de ser guerreros santos a terroristas». No hay un barómetro fijo ni común, sino que dependiendo de los intereses de las potencias extanjeras, los términos y relaciones con los países árabes varían.

Consejos para el futuro

El tranquilo reportero de guerra puso el punto y final a su presentación con una serie de consejos destinados a quienes quieran ejerecer el oficio de freelance. Un oficio que se ha puesto en auge desde la guerra de Libia del 2011, y a un nuevo modelo económico, en el que el periodista no trabaja para un único medio, sino que vende a varios. Recomendó realizar el curso de Periodismo de Guerra impartido por el Ministerio de Defensa: «Lo he realizado en Inglaterra y en Madrid, pero me ha gustado más el de aquí». También dejó claro que estamos ante un oficio de 365 días al año, como si fuese un sacerdocio. «No hagas planes porque nunca sabes dónde ni cuándo va a estallar el siguiente conflicto armado», y aconsejó aprender a utilizar todos los soportes. Eso sí, según su Twitter, se observa que aún no ha dado con la fórmula exacta para resguardarse de las bombas que caen en Gaza antes de sus directos.

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