La Casa Encendida: diez años y un nuevo proyecto


En la fiesta por su décimo aniversario, La Casa Encendida fue un día más «ella», esa joven familiar, moderna y creativa que acoge a todo tipo de invitados. Ahora se abre a nuevas vías de financiación para seguir deleitando a su público

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Niñas corren por un pasillo de La Casa Encendida

A las 12 de la mañana del domingo, La Casa Encendida ya es un hervidero de padres y niños con la cara pintada que corren por los pasillos. Guardan entre sus brazos extraños objetos de plástico de colores. Gonzalo, de ocho años, aclara que se trata de instrumentos de percusión, que han hecho con envases de yogures y lentejas. Por la tarde volverán porque viven cerca, anota su madre, para quien lo mejor del centro es su programación «alternativa y diversa». A ella, de 44 años, le gustan las exposiciones y los conciertos; a Gonzalo, los campamentos urbanos que se organizan.

Un 2 de diciembre de hace diez años, La Casa Encendida abría sus puertas en un antiguo edificio de la Ronda de Valencia que había sido casa de empeños. Durante todo este tiempo la iniciativa ha dependido de la Obra Social de Caja Madrid, entidad que en enero de 2011 se convirtió en un banco. Ahora, su actual condición no obliga a mantener la obra social (requisito imprescindible para las cajas de ahorros), que se dedica a patrocinar proyectos sociales y culturales.

Fachada La Casa Encendida. Décimo aniversario

Fachada de La Casa Encendida, en la Ronda de Valencia. Fotos: C. Sánchez

Sobre el futuro del centro, su director, José Guirao, habla de una nueva fundación que agrupa a diversas entidades, como Obra Social, Fundación o el Monte de Piedad, que hasta hace poco dependían de Caja Madrid: «Esperemos que esta fundación, que tendrá en los temas sociales y culturales sus objetivos, esté constituida en el primer trimestre de 2013, y que La Casa Encendida siga siendo un pilar importante de la misma».

El almeriense, su director desde el inicio, tiene una buena opinión, más allá de la crisis, del estado de la cultura en Madrid. Piensa que goza de «buena salud por la suma de agentes públicos y privados que ha permitido construir una de las ofertas culturales y de ocio más abiertas de Europa».

En La Casa Encendida, cinco millones y medio de personas han podido disfrutar de las 12.000 actividades programadas desde 2002. Cultura, solidaridad, medio ambiente y educación son el trasfondo de cursos y talleres, debates, mesas redondas, exposiciones, conciertos y trabajos audiovisuales por los que han pasado artistas y escritores como Patty Smith, Antoni Tàpies, Juan Goytisolo, John Berger, Isabel Coixet, Víctor Erice o Abbas Kiarostami.

Una de las actividades de mayor éxito en la última etapa del centro cultural es la de huertos urbanos, talleres que enseñan a montarse un huerto en la terraza de casa. Clemente, de 66 años, ha venido con su esposa por primera vez, y lo ha hecho desde Canillejas por su interés por los huertos: «Tengo una pequeña parcela, pero no consigo darle el punto a los ajos y las cebollas».

Terraza La Casa Encendida

Madres e hijos en la terraza del edificio

Fuera el frío arrecia, en una mañana soleada que invita al paseo. En este domingo de aniversario, niños y niñas hacen pequeñas plantaciones de semillas en la sección Plantando redes, junto a la cual se levanta una gran casa de plástico elaborada con bolsas de supermercado. Alrededor hay lechugas, escarolas, lombardas y plantas aromáticas.

En los servicios, una larga cola hace esperar. Del cuarto de baño sale Teresa, de 75 años, que lleva el pelo teñido de color morado y una buena capa de maquillaje. Vive en la misma calle, por lo que, desde los inicios del centro, no se pierde ninguna conferencia, además de «actos culturales, proyecciones…». Una señora de edad similar que aparece del servicio anejo, insiste en que ella ha salido a misa. «Pero haré lo que mi marido disponga», concede.

La escalera de La Casa Encendida es hoy un muestrario perfecto del tipo de familia que desde hace algunos años puebla el barrio de Lavapiés: padres jóvenes que exhiben piercings y tatuajes y visten ropa de fibras ecológicas.

Mujeres escuchar radio

Dos amigas escuchan la radio en directo de La Casa Encendida

Unos cascos en la pared invitan a los asistentes a escuchar la radio que se hace en La Casa Encendida. La gente prueba y en estos momentos oye al grupo del taller de fotografía, el profesor y dos de sus alumnos con autismo, Andrés y Luisma, que aprovechan el micrófono abierto para hablar de sus cosas. Madres y abuelas aparecen por la puerta y se unen a las carcajadas que resuenan al otro lado del cristal.

La madre de Andrés describe los tres años que su hijo lleva en el curso como «lo mejor que le ha podido pasar». «Él disfruta mucho y yo estoy encantada», añade. En el laboratorio de fotografía, cuelgan los trabajos que los chavales ha realizado este curso: radiogramas (el soporte es una radiografía), retratos hechos sin cámara (solo con los líquidos de revelado), collages con acuarelas… Julien, el profesor, defiende que lo más importante de este taller es, aparte del desarrollo de la creatividad de los alumnos, su interacción con la gente del centro.

En «La Casa», como se refiere al centro José Luis Guirao, el trabajo con personas con necesidades especiales no solo se realiza desde el área de Solidaridad. «La idea es que otras, como la de Cultura, puedan ofrecer actividades a estas personas, como en este caso la fotografía, el ciclo Artes Escénicas y Discapacidad o el taller de artes plásticas Debajo del sombrero. Aparte tenemos cursos de informática programados especialmente para personas con síndrome de Down».

El taller de fotografía improvisa un debate radiofónico

Sentado leyendo El País, Paco cree que este es un lugar «fantástico: moderno, innovador…, con un excelente trato personal». Espera a su hijo de siete años, que está en el taller Arquitectura y chuches, para ir al concierto para familias que tiene lugar en el patio interior del edificio.

Pero no todo el mundo viene a La Casa Encendida a pasar un buen rato. Pablo y Gillermo, de quince años, tienen exámenes en el instituto y han venido a estudiar a la biblioteca, como cualquier fin de semana.

Tampoco a cultivar el espíritu. «Yo no vengo aquí por la cultura», dice con tono serio, casi amenazante, Fatah, argelino de 37 años que vive en un albergue de Cruz Roja. Ha venido hasta aquí desde el barrio de Simancas, junto con Mohamed, de Marruecos, solo para resguardarse del frío. «Antes veníamos dos horas por la mañana y dos horas por la tarde, pero ahora solo una porque van a acabar echándonos», cuenta en un perfecto español.

El director de La Casa, José Guirao, al que se pudo ver en la fiesta poniendo en una video playlist (sesiones de vídeo de Youtube) momentos del cine que le han marcado, le ha resultado muy gratificante ver «cómo el centro se llenaba de niños por la mañana y conforme avanzada el día los adultos ocupaban los espacios donde se celebraban conciertos, proyecciones…». Para él: «gracias a la respuesta de nuestros usuarios, estos diez años han pasado volando».

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Texto por: Cristina Sánchez

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«Hay dos formas de difundir la luz: ser la lámpara que la emite o el espejo que la refleja». Lin Yutang

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