La señora de La Moraleja


En una zona como La Moraleja donde lo que predominan son los enormes abrigos de visón y los lujosos todoterrenos, Carmen no pasa inadvertida en la puerta de un supermercado
Carmen en la puerta del supermercado de La Moraleja

Carmen, en la puerta del supermercado de La Moraleja

“El Bulevar” o “El centro viejo” es uno de los centros comerciales de La Moraleja. Se conoce así para diferenciarlo del ultra moderno Moraleja Green, que se construyó mucho más tarde. Está ubicado en un edificio pequeño, de tres plantas. El sótano lo ocupan una oficina de Correos, una vieja cafetería utilizada sobre todo por los empleados del centro comercial y una fuente central que hace las veces de patio de luz para las tres plantas. La planta principal es la del medio, llena de pequeñas tiendas de zapatos y ropa, un supermercado y un «José Luis» que a la hora del desayuno y de la comida se llena. Hay numerosos personajes televisivos, desde presentadoras hasta modelos pasando por esposas de futbolistas que han decido formar su hogar en esta exclusiva área de Alcobendas. La última planta es la de los médicos, con varias clínicas de estética y un dentista.

Carmen trabaja en la planta principal de un centro comercial. Aunque confiesa 54 años, su cara llena de arrugas, cuarteada por el sol, hace que parezca diez años mayor. Es bajita, algo rellenita. En los días buenos su voz destila dulzura. Nació en Usera, pero la mayor parte de su vida la ha pasado en un piso de Vallecas. Todos la conocen. Lleva más de veinte años dedicándose a lo mismo. No es dependienta ni pertenece al servicio de limpieza. Su trabajo consiste en ayudar a los clientes del supermercado, que pese a haber cambiado dos veces de dueño sigue con los mismos clientes. Su tarea consiste en empujar los carritos llenos de bolsas para descargarlos en los maleteros de los coches. A cambio, se queda con el euro o los cincuenta céntimos que las señoras han utilizado para liberar el carrito.

En estas semanas es difícil reconocer a Carmen. Se ha embutido un viejo disfraz de Papá Noel lleno de agujeros. La enorme barba blanca y el sombrero solo permiten ver sus ojos. Pero algo no ha cambiado. Sigue llevando el bolso negro en bandolera que la caracteriza. Se muestra reticente a las preguntas. No es la primera vez que quieren hablar con ella y parece que la experiencia no fue de su agrado. Diez minutos de persuasión y una humeante taza de café con leche hacen que se anime a contar su historia.

De Vallecas a La Moraleja

No siempre ha vivido de esto. Antes se dedicaba a la limpieza y todo tipo de chapuzas, incluso a reparar tejados. Se quedó embarazada con 14 años. Tuvo un niño con una deficiencia intelectual y ha tenido que dedicar su vida a conseguir dinero para cuidar a su hijo. Cuando vio que su salario no era suficiente empezó a buscar un sitio donde poder ganar algo más. «¡Qué mejor lugar que La Moraleja!». Desde entonces se levanta a las siete de la mañana para coger el autobús de los ocho. Desde Vallecas tarda dos horas en llegar hasta la parada de metro de La Moraleja. A ello hay que sumar otros veinte minutos andando para llegar a su puesto de trabajo. Algunos días tiene suerte y se cruza con una cara conocida qu le acerca en coche.

Gracias a lo que consigue de diez y media de la mañana a dos de la tarde puede ayudar en casa. Su hijo no puede vivir con ella: está internado en un centro especial en Guadalajara. Pero no vive sola. Vive con su sobrina, el marido de ésta —«un morito»— y sus tres hijos. No es un trabajo fácil, y menos en estos tiempos. Cuenta que «un negro»  le está haciendo la competencia: «Tira La Farola al suelo. Como se entere su jefe…». El dueño del supermercado no le pone trabas, pero tampoco le ofrece  ayuda: «Una vez el chico de los embutidos tenía hambre, el pobre, se comió una loncha de mortadela, y le echó».

Dice que alguna vez ha tenido algún que otro problema, pero se siente querida y respetada. Asegura que incluso a veces le hacen regalos. Por Navidad. Sin Carmen, este pequeño centro comercial no estaría completo.

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Texto por: Loreto Sánchez Seoane

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