Desahucio en el Portal de Belén


El 'rapto' del niño Jesús en Santiago pretende atraer la atención popular sobre las 50.000 familias que han perdido su hogar este año

«Si la política es un chiste, nosotros también queremos reírnos». La frase pasaría inadvertida, de no ser porque la pronuncia una voz distorsionada con Jesucristo a sus pies. Sonriente, el recién nacido descansa en su lecho de paja, ajeno a su nuevo hogar. En la madrugada previa a Nochebuena, el niño Jesús abandonó el pesebre de la Catedral de Santiago. Ahora, desde el suelo de una habitación, atiende inmóvil a las explicaciones de sus raptores.

«Dejamos el Belén del Obradoiro incompleto porque esta Navidad también será incompleta para muchas familias», explica uno de los jóvenes, sentado sobre la cama y con el rostro invisible. «Sin casa, sin trabajo, sin dinero y sin políticos que los representen», completa ante el silencio de su compañera.

Las imágenes iniciales del comunicado —en las que una estridente sintonía navideña acompaña al espectador en un viaje relámpago por la capital gallega, que muestra el colchón de un mendigo y un centro comercial— y las finales —con la pantalla invadida por muñecos Pikachu, protagonista del videojuego Pokémon, que da nombre a una trama de corrupción política en Galicia— resuelven el misterio.

Tras la sigla Fartas («Fomos armala raptando temporalmente ao Susiño», en castellano: «Hemos ido a armarla raptando temporalmente a Jesusito»), los secuestradores pretendían denunciar los desahucios, una lacra social que ha dejado a más de 50.000 familias en la calle este año.

Un drama creciente

El del niño Jesús no es para ellos un acto vandálico, sino de propaganda. Busca poner el foco en personas como Nilma, una empresaria lucense que perdió su casa tras la quiebra de su negocio de servicios sociales y el fin de la prestación por desempleo. Con su pensión de 700 euros y dos meses de impago a cuestas, los padres de Ana todavía están a tiempo de salvar su vivienda.

Pero si algo comparten ambos es el miedo. «Miedo a hablar, miedo a ser tachados de fracasados por sus vecinos…». Les da voz Gonzalo Pérez de Lis, miembro de la asociación Stop Desahucios Lugo, un grupo de apoyo a las personas pendientes de un desahucio.

Además de asesorar a los afectados, Stop Desahucios ha paralizado casi 200 desalojos en España este año, en el que la cifra de lanzamientos (su nombre técnico) alcanzó en septiembre los 50.000: un 16% más que en 2011, según un reciente informe del Consejo General del Poder Judicial. En Galicia, el incremento fue sensiblemente mayor, del 23%.

La indignación por estas cifras llevó a Fartas hasta el belén de la Praza do Obradoiro, frente a la Catedral de Santiago, en busca del niño Jesús. Avisaron de su acción a Stop Desahucios y, el Día de los Santos Inocentes —tras la entrega de la figura en un cajero para visibilizar la situación de las personas sin techo— Stop Desahucios convocó una manifestación conjunta en: Santiago, A Coruña, Ferrol, Orense, Lugo, Pontevedra, Ribeira y O Morrazo.

manifestación contra los desahucios

El 28 de diciembre siete ciudades gallegas se manifestaron contra los desahucios. Foto: E. Jorreto

«¡Ahí está, a cova de Alí Babá!», coreaban los asistentes a la marcha santiaguesa frente a cada sucursal bancaria que se cruzaban. Sus deseos son: justicia gratuita, alquiler social y dación en pago (si el banco ejecuta la hipoteca y se apropia de la vivienda, la deuda queda liquidada).

Para Xosé Manuel Beiras, portavoz de Alternativa Galega de Esquerda (AGE) en la Cámara gallega, «lo único que puede hacer la gente es movilizarse». Y sin embargo entre los manifestantes no había ningún desahuciado, según los organizadores de la protesta «cada desahucio es un asesinato». De nuevo, el miedo y la discreción que exigen las negociaciones hipotecarias hacen acto de presencia.

Por su parte, Fartas continúa en el anonimato. «No sabemos nada de ellas, es un grupo de guerrilla de comunicación y lo han hecho muy bien», se justificaba Pilar Galloso, de Stop Desahucios Compostela. Mientras en el Ayuntamiento califican de «hecho anecdótico» el robo del niño Jesús, las monjas de la Catedral no están para pesquisas: «No sabemos quien ha sido, pero ya pasó».

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Texto por: Elena Jorreto

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A punto de lanzarme a la incertidumbre laboral, disfruto escribiendo sobre la cultura y averiguando las causas de los problemas que nos rodean.

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