Don José María Cruz Román, Radio Popular le acompaña


Entrevista a una historia viva del periodismo en Valencia, que nos abre su casa, sus estanterías y sus recuerdos
Cruz Román en la fiesta familiar de su 90º cumpleaños. Foto: David Cantillo Orozco

Cruz Román, en la fiesta familiar de su 90º cumpleaños. Foto: David Cantillo Orozco

El 6 de octubre de 2012, el periodista José María Cruz Román cumplió 90 años. Lo celebró por partida doble: el día de su cumpleaños comió rodeado de su familia (mujer, cinco hijos, cinco nietos y dos bisnietos) en el Casino de Agricultura de la capital levantina. El 30 de octubre de 2012, sus mejores amigos de la profesión le agasajaron con otra comida en el Centro de Turismo. Esta fiesta fue recogida el día de Todos los Santos en los periódicos Las Provincias y El Levante, signo del respeto y el cariño de los que goza en Valencia.

Cruz Román aprovechó esta comida-homenaje para recitar unos versos que loan la amistad, y razones no le faltan. Los periodistas que mejor le conocen son unánimes al alabar su dignidad, su caballerosidad, su honestidad, su calidad humana y profesional, y su lealtad. «Yo toda mi vida te estaré agradecido en todo», es la frase que mejor resume el sentimiento de sus colegas más jóvenes, que le tienen por maestro y a los que Cruz Román ha abierto largas vías de oportunidades profesionales.

Dibujo de José María Cruz Román por Francisco Delgado-Iribarren Cruz

Dibujo de José María Cruz Román, por F. Delgado-Iribarren Cruz

De Sigüenza a Valencia

Nacido en Sigüenza (Guadalajara), el 6 de octubre de 1922, él no reniega de su origen y se considera, ante todo, segontino. Su padre, extremeño, tenía negocios en esta localidad alcarreña. José María fue bautizado en la Catedral de Sigüenza. De su pueblo natal solo conserva memorias vagas: la casa de alquiler en la Plaza Mayor, un caballo de cartón de crines blancas… Y es que apenas ha vuelto un par de veces al pueblo que habitó en su primera infancia, antes de que la familia pasara a Madrid.

En la capital de España fue vecino de Chamberí, pues moraron en la calle Carranza. Dos portales más allá vivía Indalecio Prieto, dirigente socialista y ministro de Hacienda, a quien José María recuerda «muy gordo, muy listo y muy acompañado». El 13 de mayo de 1931, el niño José María iba a recibir la Primera Comunión en la Casa Grande de los jesuitas en Gran Vía. Fue imposible, pues ardió por completo dos días antes y el Padre Ponce, como muchos otros jesuitas, escapó para esconderse. Desde el balcón de su casa, la familia asistió a la humareda que provocaron las llamas en el Colegio de Areneros (hoy ICADE).

En octubre de 1935, con trece años, José María llega a Valencia para quedarse para siempre. Arribó al cap i casal con sus padres, Esteban y Josefina, y sus hermanos, Guadalupe y Natalio. Ahora no le queda ninguno. El 16 de julio de 1936 la familia hizo el viaje más trascendental de sus vidas: se embarcaron para ir a veranear a Ibiza (su madre era ibicenca) apenas dos días antes del Alzamiento Nacional. José María recuerda la fecha porque fue a despedirse de la Virgen del Carmen (cuya festividad se celebra el 16 de julio) en la parroquia de Santa Cruz. Esta travesía mediterránea fue providencial y hasta milagrosa, pues fueron los tres hermanos quienes se empeñaron en viajar a Ibiza contra la voluntad de sus padres, que ese verano no querían moverse a ningún sitio. La casa familiar de Valencia fue asaltada a los pocos días de estallar la Guerra Civil; se llevaron los muebles, desapareció la criada. La vida del padre, que tomaba café en el edificio de la Derecha regional, hubiera valido bien poco en la capital del Turia.

El caso es que el 17 arribaron a Ibiza y se trasladaron a su casa alquilada en Las Salinas. En la isla pitiusa pasaron los tres años de guerra, siendo testigos de muy dramáticas escenas. José María Cruz Román recogió, en 1993, estas memorias familiares en La Guerra Civil en Ibiza 1936-1939. Para escribirlas contó con la ayuda de sus hermanos y de su primo Mariano Llobet Román, abogado, funcionario, hotelero, político y escritor ibicenco.

De izquierda a derecha: Carlos y Mariano Llobet Román, José María y Natalio Cruz Román

De izquierda a derecha: Carlos y Mariano Llobet Román, José María y Natalio Cruz Román

Al volver de Ibiza, Cruz Román estudió Magisterio en Valencia, a la vez que Periodismo en la Escuela Oficial. Él tenía claro, desde niño, que quería ser periodista. Ya en su infancia fue fundador de El Semanario Familiar, que salía todos los domingos. Lo publicó en Madrid y luego en Valencia. A pesar de su nombre, pronto se impregnó de política y de sociedad. Se editaba en un cuaderno, y cada edición constaba de un solo ejemplar. Ahora bien, su influencia no era nada desdeñable entre sus lectores que, eran, por lo menos, cinco.

En las ondas y en la prensa

Titulado en Magisterio y diplomado en Periodismo, entró a trabajar en Radio Nacional de España, donde fue redactor jefe en 1949. Gracias a su buen hacer profesional fue el escogido para fundar Radio Popular de Valencia (de la Cadena de Ondas Populares Españolas, COPE) a mediados de los 60. Cruz Román se mantuvo al mando de esta emisora, líder de la cadena, durante medio siglo. Ha cubierto, entre mil y una historias, el desbordamiento del río Turia (1959), la Transición o el 23-F, quizá su noche más larga, durante la cual la emisora fue ocupada por los militares golpistas de Milans del Bosch.

Además de propagar su característica voz, profunda, gutural, poética y apasionada, por las ondas populares, Cruz Román ha escrito para Las Provincias (durante 25 años), para el ABC (1995-2003) y para el Ya (del que fue corresponsal fijo en Valencia durante más de veinte años). El armario de su despacho esconde unas estanterías corredizas, atiborradas de libros y carpetas, y de allí extrae los tres volúmenes encuadernados con todas sus colaboraciones en ABC. El diario monárquico sigue siendo su periódico nacional preferido, «aunque solo fuera por su hermosa encuadernación».

«Somos charretas»

Preguntado por las diferencias entre el periodismo de ayer y hoy, el veterano locutor y escribidor opina que el actual está súpermecanizado; que gracias (o por culpa) del ordenador ahora se puede hacer casi todo –por ejemplo, una entrevista-, sin salir de casa. Esto, a su juicio, es una infracción periodística, porque el entrevistador debe decir «a qué huele su casa, quién te ha abierto, cuántas veces has tocado el timbre». Le repugnan las expresiones «periodismo de capilla o periodismo de trinchera». Él propugna un periodismo «de acera: coger la acera, vivir la calle, y de ahí entrar en las casas».

A pesar de los pesares, es optimista respecto a la profesión: «El periodismo vivirá siempre. Somos charretas. Esta es una palabra valenciana que quiere decir charlatanes o, mejor, conversadores. Tenemos que ser muy directos y conversar constantemente con los jefes, con los compañeros… y pasarnos las noches en vela, porque hay noticias de última hora». La última, esta vez, es triste: el fallecimiento del histórico de la COPE José Luis Gago del Val. «Director de la COPE y gran amigo; un hombre que sabía llevar adelante una empresa de radio», expresa contrariado.

Los estantes de su despacho albergan literatura de altos vuelos: Antonio Machado, San Juan de la Cruz, Summa Poética. Se desprende un gran interés por la tierra de su vida: Historia del periodismo valenciano, Gran Enciclopedia de la Región Valenciana, Catálogo Monumental de la Provincia de Valencia, Hasta aquí llegó la riada… De la pared opuesta cuelgan dos títulos y una fotografía. El título de Licenciado en Ciencias de la Información, fechado el 14 de octubre de 1987, cuando se convalidaron los títulos de los viejos periodistas. A su lado, el diploma por el que el Papa Juan Pablo II le nombró caballero de la Orden Pontificia de San Gregorio Magno, fechado el 15 de enero de 2003. Esta distinción reconoce la calidad de sus servicios a la Iglesia Católica. La recibió a la vez que el expresidente de la Diputación Ignacio Carrau, por intercesión del entonces arzobispo de Valencia, monseñor Agustín García Gasco (fallecido en Roma el 1 de mayo de 2011). La foto enmarcada bajo los dos títulos, color sepia, retrata a su madre, Josefina Román Ferrer, junto a sus cuatro hermanos.

A sus espaldas cuelga otro cuadro muy especial, el socarrat (literalmente chamuscado, un producto típico de la artesanía autóctona) que reproduce la imagen de San Vicente Ferrer, el patrón de Valencia (era este dominico, como José Luis Gago). Es el regalo que sus amigos de la avpyetur (Asociación Valenciana de Periodistas y Escritores de Turismo) le entregaron en la comida de su 90º cumpleaños. Don José María Cruz Román es presidente de honor de esta asociación, sobre cuyo complicado acrónimo él ironiza. «No sé por qué me hicieron presidente», añade con un encogimiento de hombros y una mirada de desconcierto. El cauce seco de la Alameda que se sigue desde su ventana, la Catedral, la Lonja, las torres de Quart, la cúpula blanca del Hemisferic, la luna de Valencia… tal vez tengan la respuesta.

Cruz Román, bien rodeado en la comida-homenaje organizada por avpyetur

Cruz Román, bien rodeado en la comida-homenaje organizada por avpyetur

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Texto por: Francisco Delgado-Iribarren Cruz

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Liberal-conservador, monárquico y católico. Interesado por la política y el pensamiento como formas de mejorar la sociedad, me gusta conocer y debatir ideas desde el respeto.

4 Respuestas to “Don José María Cruz Román, Radio Popular le acompaña” Subscribe

  1. Paloma 10 enero, 2013 en 22:12 #

    ¡¡Me encantaaa!!

  2. Jose Antonio 11 enero, 2013 en 13:56 #

    Un articulo y una vida que se leen de un tirón…enhorabuena.Es un ejemplo para tantos y para tanto…

  3. Maria del Mar Albert Cruz 11 enero, 2013 en 19:15 #

    Has logrado ponerme la piel de gallina¡¡¡ gracias por este articulo pues creo toda su familia nos sentimos muy orgullosos por la extraodinaria persona que es.

  4. Narciso Chiva Ibçañez 10 febrero, 2013 en 13:43 #

    José María. Gracias por ser mi amigo y poder presumir de conocer la bondad materiakizada.
    Tus elogios inmerecidos por mis humildes trabajos, los guardo para siempre, es decir, no los guardo los muestro a mis amigos que es una manera como ahora se dice de “fardar”.
    Sabes que me tienes a tu entera disposición

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