Fundido en negro carbón


Haciendo gala de su determinación, los mineros se enfundan su casco y encienden sus lámparas para iniciar una jornada más de trabajo durante unas festividades que se antojan difíciles
Entrada al interior de la mina. Fotos: Daniel Rodríguez

Entrada al interior de la mina. Fotos: Daniel Rodríguez

Resquebrajar en las entrañas antraciteras de la montaña asturiana es más que un oficio. Así se demostró durante el verano de 2012 cuando cientos de mineros emprendieron la denominada Marcha Negra, una movilización que pretendía llevar su grito ante el Gobierno para denunciar que los recortes en el sector amenazaban su futuro. A lo largo de los cientos de kilómetros que separan las cuencas mineras de la capital española fueron muchos los que se solidarizaron con los mineros, que les brindaron apoyo a lo largo el camino ofreciéndoles un vaso de agua fresca con el que aliviar la sed de un verano sin tregua o una simple palmada en el hombro como señal de ánimo. «Nunca en la vida se me olvidará lo de Madrid. Fue una pasadísima. Gente que no tenía nada que ver, relacionada con el trigo y los cereales, nos apoyaba. Una pasada». Así lo recuerda Andrés, que lleva más de once años trabajando en una mina del suroccidente asturiano.

Incertidumbre

Regresaron de Madrid con la seguridad de haber plantado cara a la adversidad, de haber luchado para asegurar el pan de sus hijos y el porvenir de una comarca que depende fundamentalmente de la minería. Muchos de aquellos que llegaron a la Puerta del Sol portando linternas en sus cascos. Lo hacen hoy para hacer frente a un nuevo día de trabajo, a unos minutos de las tres, junto a la bocamina. «Después de 20 días y pico tirados en la carretera, venimos y no se arregló nada. Hubo gente que después de ir a Madrid, llegaron y se encontraron con un ERE y sin trabajo», recuerda indignado Andrés. 

Un grupo de mineros reunidos antes de entrar a trabajar. Foto: D.R.

Un grupo de mineros reunidos antes de entrar a trabajar

A la salida del turno de mañana, los mineros se reúnen en el bar de la mina ubicado en las instalaciones del complejo. En los cristales, varias pegatinas de diferentes sindicatos sirven de decoración; en la televisión, una película de vaqueros de la cadena pública del Principado de Asturias (TPA); en el centro, una mesa rodeada de dos bancos. El mobiliario lo completa una barra ante una estantería  que ofrece una amplía gama de productos que demandan los mineros: jabones, esponjas de baño, latas de conserva o de refrescos. Todo ello se esconde entre las cuatro paredes de metal pintadas en color verde azulado del rincón más desenfadado del lugar.

Poco a poco van llegando los mineros. Algunos se muestran reacios a contar sus temores, sus preocupaciones, su incertidumbre… otros, en cambio, se animan entre cervezas. «Trabajo en la mina desde hace 13 años y veo el futuro más negro que eso de ahí fuera —dice uno que acaba de finalizar su turno señalando un montón de carbón mientras apura una caña de cerveza—. Al gobierno no le importa nada».  Y abandona el bar corriendo. El autobús no espera.

Vagones en la bocamina. Foto: D.R.

Vagones en la bocamina

Se refería al Plan del Carbón 2013-2018 que el Gobierno aprobará en el último Consejo de Ministros de 2012 y que remitirá a Bruselas sin haber negociado previamente con los sindicatos y con los empresarios del sector. «Es lo que peor llevamos. Estamos bajísimos de moral: tanto como se luchó para no lograr nada te deja sin fuerzas. El Gobierno sigue haciendo lo que le da la gana sin contar con nosotros», asegura Víctor, un minero que lleva veinte años trabajando a varios metros de profundidad. No se sabe qué contempla ese nuevo Plan del Carbón que tiene entre sus líneas escrito el futuro de cientos de familias de la región. «No somos sólo nosotros, son muchas familias.Vivimos en la zona y compramos aquí. El comercio vive también de nuestros sueldos», reflexiona Andrés.

Para Víctor, la incertidumbre alcanza otra dimensión. «Las nuevas prejubilaciones no las contemplan los nuevos presupuestos, solo las viejas, las de 2012, y yo me retiraba en marzo, así que imagínate cómo es mi estado anímico. Solo necesitaba tres meses, pero me quedé fuera. Estoy para tirarme a la torba*».

Tanto Andrés como Víctor se sienten, por paradójico que parezca, afortunados. «Algunos compañeros de otras explotaciones llevan desde la huelga sin cobrar».  Se refieren a los mineros que trabajan para las empresas del Grupo Alonso en Tineo o Degaña, municipios vecinos. Tienen pendiente el cobro de las nóminas de noviembre, diciembre y la paga extraordinaria de Navidad. Son los mismos trabajadores que ahora deben decidir entre una reducción del 15% de su salario o un ERE de extinción. 

¿Futuro?

Los mineros están convencidos de que hay futuro como lo hubo para sus abuelos o sus padres. Aseguran que hay mucho mineral que explotar: sólo es necesario buscar otra forma de extraerlo. «El carbón es la única materia que tiene España en el tema energético. Tengo claro que no se subvencionará más allá de 2018, pero también que no se quedará ahí. No sé de qué forma ni en qué condiciones de trabajo, pero se va a explotar», vaticina Víctor. «Nos queda la incertidumbre de no saber qué pasará en años sucesivos», remata este especialista en trabajos mecanizados antes de emprender el camino a casa.

No obstante, son conscientes del futuro negro al que se enfrentan. Apenas se genera empleo y el que se crea es a través de contratas. La clave: que las empresas generadoras de energía apuesten por el carbón nacional. «Las térmicas no compran carbón y queman sólo cuando ellas quieren. Hay sólo 40 km desde aquí a la central —situada en Soto de Ribera—. Pero hay intereses detrás», concluye Andrés. Abaratamiento de los costes laborales en el exterior y, por tanto, mayor rentabilidad de  las importaciones son los principales enemigos a vencer en el sector. «En Polonia se trabaja sin seguro y casi 24 horas y en Colombia, por ejemplo, hay mujeres y niños de 15 años en la mina», denuncia este minero.

Montañas de carbón esperan ser quemadas en las centrales térmicas. Fotos: D.R.

Montañas de carbón esperan ser quemadas en las centrales térmicas

La mejor prueba de que hay mucho mineral por arrebatar a la corteza terrestre del suroccidente asturiano son las toneladas de carbón que marcan el camino a seguir para abandonar las inmediaciones de las minas. Decenas de montañas negras se mezclan con el verde de las laderas que custodian el valle del río Narcea que da nombre a la comarca.

(*). —Una especie de almacén donde se deposita el carbón que después se cargará en camiones. Puede albergar hasta 100 toneladas de mineral.

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Texto por: Belén García Hidalgo

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2 Respuestas to “Fundido en negro carbón” Subscribe

  1. Carolina 12 enero, 2013 en 2:49 #

    Magnífica forma de enfocar y mostrar esta negra realidad que afecta no sólo a mineros sino a comarcas enteras, que son muchas más personas y familias de lo que parece. Gracias.

  2. Eva 12 enero, 2013 en 23:48 #

    Realmente la situacion actual del carbón es tan negra como este. Pero lo mas triste son, sin duda,las familias que viven de ello.Gracias por hacer eco de esta situación.

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