Ante el ERE, duros como una Roca


Los 258 trabajadores de la firma de sanitarios se niegan a abandonar la fábrica más representativa de la historia industrial de Alcalá de Henares y acampan a sus puertas
Pancarta en lo alto de la fábrica de Roca. Foto: Belén García.

Pancarta reivindicativa en lo alto de la fábrica de Roca. Fotos: B. García

Roca forma parte de la historia de Alcalá de Henares desde hace más de 50 años. La vida de muchos alcalaínos está vinculada a esa firma. Muchos trabajan en ella. Por eso, el Expediente de Regulación de Empleo (ERE) presentado por la empresa de sanitarios en diciembre  sentó como un jarro de agua fría a las 258 familias afectadas por el cierre de la fábrica.

El 27 de diciembre, en la Vía Complutense –junto a la muralla de la Huerta del Obispo– frente a la fábrica, los trabajadores montaron su campamento base para denunciar unos despidos que consideran «injustificados». Allí comen y duermen sin abandonar ni un sólo día sus obligaciones laborales: «No hemos dejado de ir a trabajar ni un sólo día» –afirma Alberto Gálvez, que con 44 años, y dos hijos de 6 y 12 años, lleva vinculado 19 años a Roca–. «Es muy duro ir a trabajar con fecha de caducidad», asegura.

Tiendas de campaña donde duermen los trabajadores de Roca.

Tiendas de campaña donde duermen los trabajadores de Roca

Desde entonces, los trabajadores de Roca se turnan en el campamento. Son varias las tiendas de campaña que pueblan el césped que separa la muralla del Huerto del Obispo de la calzada gris de la Vía Complutense. Una carpa blanca, cedida por el ayuntamiento, es el centro de operaciones. Allí se reúnen cada tarde en asamblea para avanzar en las propuestas que llevarán a la mesa de negociaciones. El interior está decorado con dibujos a Plastidecor y mensajes de apoyo que los más pequeños han dedicado a sus padres. Los lemas están cargados de esa lógica aplastante de los niños: «No está permitido el cierre de Roca», «Vosotros podéis, sois los mejores» o «Roca es muy mala, mala, mala». El mobiliario es sencillo: una mesa con varias sillas en el centro. Los electrodomésticos se reducen a un microondas y una cafetera que funcionan gracias a la toma de luz habilitada por el consistorio. Al fondo, una improvisada despensa con armarios hechos de cajas de cartón con el logotipo azul de Roca tiene rotulado el nombre de aquello que hay en su interior: arroz, pasta, harina, azúcar, sal… Todo ha sido donado por diferentes supermercados de la ciudad y gente anónima.

«La ciudad se ha volcado con nosotros. Por aquí han pasado personas que han donado desde 5 hasta 100 euros; otros han dejado comida…», recuerda emocionado Iván López, secretario del Comité de Empresa, mientras saluda a un coche que, con un estrepitoso bocinazo, le muestra su apoyo.

Trabajadores reunidos alrededor de la hoguera en el campamento

Trabajadores reunidos alrededor de la hoguera en el campamento

Para el secretario del Comité de Empresa, la situación actual no es un ERE: «Es una deslocalización en toda regla». Según su punto de vista, la crisis es sólo una excusa. «La empresa ha tenido unos beneficios de 20 millones de euros este ejercicio. No damos pérdidas. Lo que pretenden es reducir gastos y unificar la producción en una factoría». Tiene más o menos claro que la planta tarde o temprano echaría el cierre, pero también que la reforma laboral facilitó mucho la presentación de los ERE.

El ambiente es desolador frente a las improvisadas hogueras de lata. Reina la solidaridad entre compañeros de trabajo. «La cosa está chunga para todos. En mi caso,  no puedo acogerme a una prejubilación. Con 44 años, sin tener oficio: dime tú donde voy», explica Alberto.

Otra perspectiva del campamento

Otra perspectiva del campamento

La realidad es aún más compleja para los trabajadores que rondan los cincuenta años: para la memoria viva de la empresa. José María Esteban Corral, de 54 años, creció bajo la sombra de Roca: «Mi madre enviudó y comenzó a trabajar aquí en 1963. Yo no jugué a las canicas: todo lo hice aquí». Retira la mirada con los ojos inundados de lágrimas. Se le entrecorta la voz. «No quiero llorar más. He llorado mucho».

Con tan sólo 14 años, José María entró en la fábrica. No sabe lo que es trabajar en otra empresa. «Por aquí han pasado hasta tres generaciones de una misma familia», dice sin poder continuar. La emoción le impide articular palabra. «Esto es muy duro. He visto cómo algunos trabajadores acabaron con silicosis: se trabajaba con arcillas, con caolín. Ahora somos sólo cifras», concluye. 

El 18 de enero finaliza el plazo para las negociaciones con la compañía. Durante la última reunión, Roca ofreció al Comité de Empresa la recolocación de veinte trabajadores en la planta de Burgos, despidos con indemnizaciones de 29 días por año trabajado y prejubilaciones a partir de los 56 años. El Comité de Empresa rechazó estas propuestas al no concretarse las condiciones de algunas de las medidas. Al cierre de esta edición, la empresa había emitido un comunicado en el que informaba que habían acordado con los trabajadores prorrogar el período de consultas para ampliar las posibilidades de alcanzar un acuerdo.

Roca simboliza la pujanza industrial de Alcalá de Henares, el despegue de una ciudad en la década de los sesenta.  Es, en definitiva, la memoria viva de los complutenses que se resisten a verla desaparecer.

Caja de resistencia y mesa para la recogida de firmas contra el cierre de la factoría

Caja de resistencia y mesa para la recogida de firmas contra el cierre de la factoría

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Texto por: Belén García Hidalgo

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Una respuesta to “Ante el ERE, duros como una Roca” Subscribe

  1. Midoun Bravo 18 enero, 2013 en 15:30 #

    holà !
    haci es como considero que el periodismodebe ser hecho
    y esto te queda bien !
    besos y feliz ano nuevo !

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