Lavapiés se mueve a ritmo de swing


Unos lo describen como flotar en una nube. Otros lo comparan con un fuego que los ahoga. La afición por las big bands está pegando fuerte en Madrid. En el barrio, cada miércoles se reúne gente que enloquece con el baile
En el Traveling Bar de Lavapiés. Fotos: Cristina Sánchez

Traveling Bar de Lavapiés. Fotos: Cristina Sánchez

Duke Ellington decía en su canción: «No significa nada si no tiene ese swing». Tener swing es tener groove, un ritmo expansivo que se genera entre los intérpretes de una banda y el público, que responde a la música con el movimiento impulsivo de pies o de cabeza.

Así encuentro a Nacho, dos metros de un hombre vestido de negro y grandes patillas que esperan en la puerta del Traveling, el club en la calle del Olivar donde esta noche abrazaremos los años 30.

Aún es pronto y hay poca gente en el local, así que el Lokillo con ganas de ser Elvis espera en la barra tomando un ron cola, «como cantan las Andrews Sisters», informa. Nacho se considera un reciclado del rock and roll y no falta a ninguna fiesta en Madrid de las que a él le gustan, las del traje de rayas y la buena bebida. «Nunca el hombre ha sido tan salvaje y educado a la vez: hombres de traje de chaqueta que se vuelven locos. Primero eres cortés, luego te desmayas».

El mejor swing en la calle del Olivar, en Lavapies

La sala se convirtió en un club de los años 30

En la pista ya suena Benny Goodman, con un tema relajado que invita a ir calentando. Cinco chicas y un hombre mayor que ellas se estrenan hoy. Están nerviosos, impacientes. El bar me recuerda a los pubes donde se va a practicar inglés, que a su vez se parecen a los que incitan al ligoteo.

Unos y otros observan, se mueven tímidamente y cuando ven el momento, ocupan un hueco y se integran en la masa de piernas inquietas. Los alumnos reconocen entonces a la profesora, que inconfundible, luce una flor en la cabeza y aparece enfundada en un traje blanco y negro del que asoman unas medias de rejilla y zapatos bicolor.

La chica, toda una modelo vintage, comienza a dar pequeños saltitos que adereza con una gran sonrisa. Lo que bailan es jumping, una de las variantes del swing. Hay algún pisotón por el camino, pero tras el jazz steps (baile suelto), empiezan a salir parejas improvisadas.

Con Glenn Miller, la pista se viene arriba. Sobran los jerseys y el sudor empapa los rostros. Esto es el swing, dejarse llevar, esa sensación de libertad que produce bailar hasta perder el control.

Ahora una vuelta. Sigo a la profe e intento hacer algo nuevo. Consigo no mirar al suelo… «Yo lo vivo un rato, luego me fijo en los pasos, pero al momento se me han olvidado y vuelvo a ir a mi bola». Yolanda ha sido abandonada por sus cuatro amigas. Son las 12 y mañana madruga, pero su pasión no la ha dejado irse a casa. «Soy un fuego», dice mientras mueve los brazos compulsivamente. Entonces Elvis la saca a bailar. No lo hacen mal, se compenetran. Ella me confiesa que prefiere a los hombres que la llevan.

Traveling Bar de Lavapies: ritmo y swing en Madrid

Nacho, el Elvis, saca a bailar a Yolanda

El swing empezó en Estados Unidos a finales de la década de 1920 y durante los 30 fue uno de los géneros musicales más populares del país. Procede del jazz, y aunque sus tempos son más rápidos, como él utiliza instrumentos como el piano, el contrabajo y la batería, trompetas y trombones, saxofones y clarinetes e incluso el violín o la guitarra.

I´m just a gigolo, de Louis Prima, funde de nuevo al grupo, que baila en círculo. Los temas se mueven entre el swing y el boggie boggie. La profesora, Cristina, se escapa para pinchar el siguiente tema. Ella es también fundadora de Madrid Vintage Club, y colabora con los hermanos Pizarro, del programa Melodías Pizarras, de Radio 3. Dice que está enganchada a los años 20, y que cada vez le gusta la música más antigua. Empezó a meterse en el este mundo retro por el cine y la radio, comenta, y desde hace tiempo es su estilo de vida.

«Con lo todo lo que has aprendido de música te hubieras sacado tres carreras», regañaba a Nacho -Elvis- su padre, de 87 años, que en el fondo fue su instructor. «Mi padre era un fanático del swing, el heavy metal de los años 30», asegura. A él bailar le hace sentir feliz, «es como flotar en una nube».

 

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Texto por: Cristina Sánchez

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«Hay dos formas de difundir la luz: ser la lámpara que la emite o el espejo que la refleja». Lin Yutang

4 Respuestas to “Lavapiés se mueve a ritmo de swing” Subscribe

  1. pache 1 febrero, 2013 en 17:24 #

    que interesante este articulo que vida mas divertida

  2. Cris, Crazy Shoes 2 febrero, 2013 en 4:15 #

    Muchas gracias por el reportaje, es chulisimo y lo hemos pasado genial!!

    Solo comentar que todo el mundo es bienvenido y que las clases son gratis, no hace falta saber bailar ni venir en pareja ;)

    Os dejo mi Grupo de facebook dónde anuncio todas mis fiestas: Madrid Vintage Club

    Traveling (Olivar, 39) a partir de las 21:30h

    Afilando suelas!!

  3. pozo 16 marzo, 2013 en 21:38 #

    Es queeee; que quieres que te diga…., I hope for so much paragraphs, Story begum one talk that each other can write!!

  4. pozo 16 marzo, 2013 en 21:52 #

    since your finish!! It’s so good!

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