Madrilánea

Desfilando por el barrio de Moncloa

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Madrilánea le toma el pulso a este barrio, saboreando el aire castrense y sobrevolándolo a vista de pájaro

 

El barrio de Moncloa siempre ha atesorado grandes historias. De vida militar, cada esquina es reflejo de sus habitantes, desde la Dirección General de la Guardia Civil a la sede del Ejército del Aire, Moncloa es de corte castrense y respira servicio patrio por los cuatro costados.

En sus calles de casas bajas y árboles en cada portal, vive un trocito de la historia de España. Con sus más de 18.000 habitantes, el perfil del ciudadano que vive en este distrito es de clase media. Familias, matrimonios mayores y un enjambre de estudiantes dan vida a estas calles, que ven su fin en el Palacio de El Pardo.

Si algo caracteriza a este distrito madrileño es que es verde. Pero verde oliva, verde militar. La Dirección General de la Guardia Civil, edificio centinela de este distrito, corona sus calles y define institucionalmente al barrio de Moncloa. Situada en Guzmán el Bueno 110 y actualmente dirigido por don Arsenio Férnandez de Mesa, esta sede de la Benemérita imprime carácter y está rodeada de casas militares relacionadas con el cuerpo, fundado por el Duque de Ahumada.

Pero sin duda, la niña bonita castrense del barrio es la sede del Cuartel General del Ejército del Aire. Conocida popularmente como Ministerio del Aire, por ser la sede de este antiguo departamento ministerial. Este impresionante edificio está presidido desde el año pasado por el avión más antiguo de la Patrulla Águila, rindiendo homenaje a este escuadrón tan mítico de los pilotos militares, que hace las delicias de los españoles en todos los desfiles.

Imagen del Cuartel General del Ejército del Aire. Foto: L.C

Imagen del Cuartel General del Ejército del Aire. Foto: L.C

Esta zona, prácticamente desierta hasta el siglo XIX, toma cuerpo con la construcción del ensanche de la Gran Vía madrileña. La época de proyección de la villa y corte de Madrid permitió a la incipiente burguesía instalarse en el eje Moncloa-Argüelles-Aravaca. Rodeado de amplios jardines y parques, elegidos inicialmente por los monarcas para sus paseos, este reducto real es ahora el nido de la Universidad Complutense y sus instalaciones.

Alfonso XIII visualiza la construcción del campus con el tinte americano de las universidades del siglo XX. Para ello, Modesto López Otero, artífice de los planos, separó los terrenos por tipos de enseñanza, comenzando por las especialidades científicas y a su vez de las zonas de viviendas y deportivas.

La esencia de Moncloa son los domingos. Este clásico barrio plagado de pequeño comercio parece no pestañear entre semana. Sin embargo, se viene arriba los fines de semana. El kioskero, los bares de toda la vida, la señora del estanco y Carmen, la gitana que vende flores, esperan los sábados y domingos como agua de mayo. Las terrazas se plagan de gente, los bares y restaurantes doblan su clientela y la gente hace sus compras en el comercio de toda la vida -que aún queda-.

A quien le gusten las alturas, el Arco de la Victoria o el Faro de Moncloa, que limitan a este distrito madrileño, es un buen destino para tomar el pulso al barrio a vista de pájaro. Si fuera posible eliminar los tejados de las casas, desde allí podrían ver a miles de estudiantes sacando punta a esa etapa, dando vida a los colegios mayores o ambientando bares. También se colarían en las cocinas, compartiendo las preocupaciones de los vecinos mientras caen las hojas dorando el suelo.

Moncloa a vista de pájaro. Foto: Consorcio de Madrid

Moncloa a vista de pájaro. Foto: Consorcio de Madrid

También verían a señoras saludándose con sus mejores galas y entorpeciendo las aceras, donde niños todavía se tiran con coches de colores, seguidos a mucha distancia por sus acalorados abuelos. Podrían casi sentarse con el solitario que lee en una terraza el periódico mientras disfruta de un cigarro, o animar a los valientes que hacen deporte en el Canal de Isabel II, o poner el oído en alguna reunión del Tribunal Constitucional. Pero los que quizás dejarían de pasar desapercibidos son todos los militares, que desempeñan su labor de forma anónima, casi sigilosamente, para que el barrio de Moncloa y la ciudad de Madrid puedan dormir tranquilas.

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