El mago de Sol


Raúl Martínez ha dado la vuelta al mundo por tierra y por mar. Si sus números de magia son buenos, su simpatía aporta a su espectáculo un elegante aire cubano

Cada domingo son más los que se acercan a escucharle. Cada vez echan menos monedas. Cada día tienen más problemas. Por eso el mago Raúl, de 45 años, se propone que durante los veinte minutos de espectáculo se olviden de sus preocupaciones. Curiosos que pasean por la Puerta del Sol y se detienen indolentes para matar el tiempo. «Acérquense, no tengan miedo. Estoy vacunado». En la tarde apacible del domingo, la voz del mago se alterna con el silbido agudo de su silbato. Un chorro de agua surge de la botella, dibuja una circunferencia sobre el granito de la plaza y marca el escenario improvisado.

Elegante, vestido de chaqueta, pantalones y zapatos rojos, el showman de piel morena inicia su espectáculo callejero de «magia negra», como él lo denomina. «Me presentaré, soy alemán. (Silencio) Les engañé, ¡soy cubano!». Sus manos grandes, «los negros somos famosos por el tamaño», contrastan con la velocidad de sus dedos. Diestros en barajar naipes al modo japonés —las cartas literalmente ruedan entre los dedos— o al estilo de Las Vegas —dos mazos se entremezclan con precisión matemática—. Se mofa con ironía de cómo se barajan en España: se inclina sobre el mazo de cartas para enfatizar el choque torpe de unas cartas contra otras a punto de rasgarse.

Número del billete de 500 €

Número del billete de 500 €. Fotos cedidas por Raúl Martínez

Nacido en Camagüey (Cuba), hijo mayor de cuatro hermanos, su familia vive en el campo. Con nueve años y medio abandonó su pueblo para continuar con los estudios. Gracias a una beca para el desarrollo de las artes del espectáculo pudo iniciarse en la magia. Durante once años, de los 20 a los 31, recorrió el mundo gracias a las giras internacionales del Circo Nacional de Cuba. Encontrándose de gira en la ciudad de Pisa (Italia), decide escaparse del grupo de artistas y de este modo no regresar a su país. Sin conocer a nadie, trabaja por seis meses en una gasolinera. Duerme en un cuarto que le ceden en la estación de servicio. Reparte tarjetas de visita con su teléfono para promocionar sus números de magia y comienza a realizar todo tipo de fiestas privadas, «incluso funerales». Para ello dispone de un motorino que utiliza para desplazarse sin permiso de conducir. En la ciudad toscana conoce a su mujer, también cubana. Juntos tienen un hijo por aquel tiempo.

«Un día me verán en la televisión»

Un mago toscano le propuso una estancia en un crucero, para sustituirlo en el espectáculo de a bordo por el Mar Adriático. La experiencia resultó tan buena que pasó los próximos siete años navegando por el Mediterráneo, el Mar Báltico o las Islas Canarias. Ganaba 4.000 € al mes. «Echaba de menos a la familia. Quería pasar más tiempo con mi hijo». Su último viaje hizo escala en la Libia de Gadafi. Cansado de hablar el italiano que había aprendido gracias a la televisión, decidió venir a Madrid con su mujer e hijo. Aquí lleva cinco años, tres de ellos actuando en la calle. En el Parque del Retiro, en tiempo de verano acude con una nevera portátil para convidar a los habituales de su espectáculo. En la Puerta del Sol el espacio se vende caro, y para elegir el lugar es necesario acudir de mañana para actuar por la tarde. La competencia en el kilómetro cero agudiza las dotes de supervivencia. Y en la calle Preciados las quejas de los comerciantes ahuyentan a los artistas.

Raúl Martínez Fiz

Raúl Martínez Fis

«No me tengan lástima. ¡Yo soy un artista!» Raúl Martínez no es una persona que desee pasarse toda la vida en la calle. «Un día me verán en la televisión». La gente suele pensar que quienes se ganan la vida en la calle pueden pasar con cualquier cosa, pero Raúl no se considera un limosnero. Posee aspiraciones. Es más, se encuentra envuelto en los últimos ensayos del espectáculo «Blanco y Negro» con el argentino Ignacio Kowalski, que combina magia y teatro bajo la dirección de José Luis de Damas. Una trama tejida con las biografías de la pareja de actores. Dos emigrantes llegados a España con sus maletas cargadas de sueños. Por el momento, las expectativas de Raúl Camagüey consisten en recargar el teléfono de su madre, que él mismo le envió desde España y que le permite hablar con ella en la isla. En la conversación sorprende la dulzura de su voz. Y para despedirnos nos invita a un caramelo de miel, de los que utiliza para suavizar su garganta.

Texto editado por F. Delgado-Iribarren

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Texto por: J. López García

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(Asturias, 1969) Tras pasar los últimos 20 años como físico en la Universidad de Oviedo, ahora me encuentro de corresponsal en la calle Montera.

Una respuesta to “El mago de Sol” Subscribe

  1. Ana Mª. García 1 marzo, 2013 en 22:12 #

    Sintonizo con esas gentes de buena voluntad que interrumpen su camino, su viaje o su paseo con los niños, para disfrutar del espectáculo de magia y simpatía que les ofrece este cubanito, ciudadano del mundo, llamado Raúl Martínez. Las sonrisas que arrancan su desenvoltura y su dominio de los trucos mágicos, valen mucho más que las monedas que quieran y puedan ofrecerle estos espectadores espontáneos que, ante el derroche de buen humor de este artista, desconectan de sus problemas personales, cargan las pilas para el resto del día y les ayuda a encarar la vida desde otra perspectiva más optimista.
    Un fuerte aplauso para todos

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