Madrilánea

Reflexiones sobre cronistas emprendedores de Latinoamérica

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Proyectos consolidados, otros que emergen y alguno que se niega a salir de su peculiar laboratorio, en la mesa que cerró la primera jornada del Congreso de Periodismo Digital

Durante la intervención de Alejandra Gutiérrez Valdizán, de Plaza Pública. Totos: Iara M.Búa

Intervención de Alejandra Gutiérrez Valdizán, de Plaza Pública. Fotos: Iara M.Búa

Si algo han puesto en evidencia este grupo de periodistas es que tuvieron las cosas muy claras: como los medios tradicionales no les permitían hacer el periodismo en el que creían, lo dejaron y empezaron a trabajar en su propio proyecto. Hoy, integran una amplía red donde, de nuevo, lo más importante, es contar una buena historia.

Plaza Pública, un ágora digital

Las plazas siempre han sido testigos mudos de grandes acontecimientos históricos. Plaza Pública, pretende devolver al periodismo a ese concepto de reunión comunitaria haciendo uso de las plataformas digitales. Alejandra Gutiérrez Valdizán, periodista de Plaza Pública, resume la idea que inspira el proyecto así: «No vamos a llegar primero, pero lo vamos a contar mejor, de otra forma». Destaca en este proyecto la necesidad de llegar a todo el mundo. Por eso, a quienes no tienen acceso a la red, Plaza Pública se lo cuenta a través de las ondas: la radio llega a todos los rincones de Guatemala.

No se concibe plaza sin participación ciudadana. Con esa misma idea surgen debates que aprovechan la instantaneidad de los 140 caracteres para alimentar el debate en esta peculiar plaza. Tomen nota de los hashtag y estén atentos a la próxima cita: #Debatepzp, #Pzpenvivo y #Pzpalaire.

El Faro, una luz en el camino

Diego Fonseca, periodista de Etiqueta Negra y moderador de esta mesa, anticipó que El Faro había sido el encargado de «aportar más luz sobre el tema» al ser el primer periódico digital de Latinoamérica. Es, en ese sentido, el que guía el camino a los demás medios para que, al final, todos lleguen a buen puerto.

Carlos Dada, fundador de El Faro, recuerda que les tacharon de locos: «Imaginense: un periódico digital hace 15 años cuando apenas el 2% tenía acceso a Internet». Pero no cejaron en el empeño de demostrar que el soporte era lo de menos porque ellos apostaban por el periodismo. Ir más allá de las preguntas y de las cifras, buscar explicaciones, dar  respuestas por encima de las asépticas breaking news. Su fuerte son las crónicas porque «es un género muy latino», asegura.

Y en este faro existe una Sala Negra donde el periodismo en profundidad planta cara y condena la corrupción y los procesos de paz fallidos. Es posible porque este medio no entiende de agendas, opta por diseñar la suya propia. «No salimos corriendo a cubrir las declaraciones de los políticos. No somos ese tipo de medios». Es, en palabras de Diego Fonseca, Etiqueta Negra, su forma de «batallear contra las ballenas blanca».

Un momento de la mesa Nuevos medios en Latinoamérica

Un momento de la mesa «Nuevos medios en Latinoamérica»

Puercoespín, mastica periodismo

No come hierba pero digiere como nadie las mejores historias. Es, en síntesis, la esencia de este medio argentino que opera buscando siempre «la más alta calidad sin límite de extensión», como señaló Gabriel Pasquini, su fundador. La idea es consecuencia del hartazgo de sus fundadores: «estábamos cansados del periodismo que se hacía en los medios para los que trabajábamos y pensamos en hacerlo a nuestro modo», confiesa Pasquini.

Buscaban un periodismo de calidad y como buen Puercoespín, afilaron sus púas con las historias que no se contaban en los medios tradicionales porque «funcionan con lógicas políticas y de negocio no muy claras». El criterio es muy argentino y Pasquini lo explica así: «elegir aquellas historias a las que un antropólogo del futuro pueda recurrir para entender nuestro tiempo». Un reto que asumieron conscientes de que no se harían millonarios pero que estaban haciendo el periodismo de calidad que querían, en el que creen. «Nadie es periodista sólo para cobrar un sueldo», sentencia Pasquini. 

La silla vacía, una invitación a quedarse

Su sello de identidad es ofrecer al lector todas las herramientas con las que se ha construido el reportaje. Constituye «una nueva forma de narrar desde la más absoluta transparencia», señala Olga Lucía Lozano, fundadora del proyecto. Navegar por su web es sumirse en un laboratorio donde los periodistas realizan una especie de autopsia al tema que tratan: el lector asiste en directo a la forma en que el periodista documenta su trabajo: documento a documento, fase a fase. Se va construyendo una suerte de historia clínica del reportaje final.

Es, en definitiva, una hemeroteca online que se actualiza permanentemente. Así, su fundadora considera que se trata más de una comunidad que de un medio donde el único compromiso es con la verdad.

Queda demostrado que ante la crisis, la mejor medicina es un periodismo de calidad, con buenas historias en cualquier formato. La clave es que,  como apunta Carlos Dada, El Faro, «estamos confundiendo la crisis del periodismo con la crisis del modelo industrial». 

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