De juez malagueño a cooperador europeo


El Libano, Turquía, Marruecos o Egipto son algunos de los destinos de José María Fernández Villalobos. Tras ocho años como mediador es incapaz de dejar su puesto en EuroMed Justice. Ayudar trabajando engancha
Europa. Foto: Archivo

Europa. Foto: Archivo

Con sus casi dos metros de estatura y una gabardina al más puro estilo europeo, pocos se imaginan al verlo por la calle que este malagueño, nacido en Granada, fuera de cosecha española (si no le oyen el acento). ¿Cómo iba a imaginar José María cuando se sacó la oposición que iba a pertenecer a un equipo de expertos de la Unión Europea?Seguro que su visión de futuro no pasaba por compartir mesa de trabajo en sitios como Libia, con profesionales del norte de África y Oriente Medio, pero la vida a veces da estos giros copernicanos.

A José María Fernández Villalobos la vida le ha llevado por otros derroteros, más internacionales. Este magistrado de vocación, tras años al frente de un juzgado se dio cuenta de que el estrado no era la única posibilidad de servicio a la justicia. Ha  guardado temporalmente el mazo, colgado la toga y comenzó su andadura fuera de España. Hoy es un ciudadano de mundo y es el responsable de formación del programa Euromed Justice III; iniciativa de cooperación de la Unión Europea.

Desde sus inicios en la Facultad de Derecho de Granada, la vocación de servicio público era latente. Pronto vio la luz en la Carrera Judicial y, tras un duro esfuerzo, sacó la oposición. Empezó a tomarle el pulso a la judicatura y pronto supo que desde la cooperación internacional también se podía seguir trabajando en la mejora de la justicia «La labor de un juez es algo abnegado y muchas veces no se sabe transmitir.». Convencido de que en numerosas ocasiones la labor del juez no resuelve el problema, sino el litigio, comenzó a tejer la idea de, con su experiencia como magistrado, emplear la justicia para ayudar a más personas, modificar realidades y cambiar estructuras; en definitiva, para atajar el problema de raíz.

Esa idea no se le fue de la cabeza y la ambición fue derramándose hasta concretarse en su labor actual. El programa del que forma parte José María se centra en crear un espacio de cooperación entre la Unión Europea y los países beneficiarios de la zona euromediterránea, con la intención de apoyar y desarrollar la modernización de la justicia y su acceso a ella.  José María oteaba este horizonte como algo temporal en el Consejo de Europa, pero el torbellino internacional ha acabado por absorberle.

Actualmente está centrado en los tres ejes principales del proyecto. El acceso a la justicia gratuita es el primero. Este derecho, denominador común de los derechos fundamentales de todos los ciudadanos, todavía es una asignatura pendiente de mejora para muchos países de esta controvertida zona. A ello se le suman las nuevas tecnologías, que suponen un nuevo acceso a la tutela de los tribunales.En este punto aún queda mucha labor por hacer y supone un reto de adaptación permanente.

EuroMed también se dedica a conflictos familiares transfronterizos. En este sentido, un grupo de trabajo está elaborando un Código de Buenas Prácticas especialmente centrado en derecho de visita y custodia.

Apertura de miras

José María confiesa que cambiar las realidades injustas en la medida en que se puede, engancha. El magistrado ha descubierto el gusanillo de poder trabajar con diferentes culturas y es algo que cada vez le llena más. Pero explica que para ello ha sido necesario un largo proceso mental de apertura de miras. «Hoy en día no puede entenderse la cooperación internacional desde un concepto unilateral. Cuando conoces otras realidades comprendes la situación desde una perspectiva más amplia. Y te das cuenta de que el mundo es demasiado grande como para pensar que lo correcto es lo nuestro. Yo entiendo mi trabajo desde una perspectiva del aprendizaje mutuo. Los expertos de los países receptores son excelentes profesionales».

Para trabajar en cooperación internacional hace falta ser de una pasta especial. Ya no es suficiente con tener conocimientos, es necesario una personalidad trasversal como la de este equipo. Las inquietudes deben asemejarse a los objetivos del grupo y ser casi una única voz. Tener una sensibilidad especial hacia las realidades humanas y querer cambiar las cosas desde su posición es el brochazo definitivo. Pero sobre todo, es necesario ser buena persona, esa es la identidad final.

El poder palpar el cambio con sus propias manos ha cambiado su visión radicalmente. Cada vez es más partidario de la resolución alternativa de conflictos. Según él son las propias partes los más capacitados para poder defender una solución idónea ayudados por un experto, pues son ellos los que tienen pleno conocimiento de las circunstancias. «El juez, después de todo, trabaja con un procedimiento de valoración de pruebas tasado y aplica la ley. Tras ello juzga y hace ejecutar lo juzgado, pero es el poder legislativo quien dicta las leyes».

José María ha ido comprendiendo que atajar el problema de raíz es parte de la ayuda al ciudadano y eso es lo que da sentido a su vocación. Más allá de la mediación diplomática, dependiendo del momento y la necesidad del país puede llegar incluso a modificaciones legislativas, el objetivo verdaderamente. Todo ello requiere paciencia, para que cada uno de los interlocutores sea capaz de absorber información y aplicarla a la realidad de cada  país.

Un ejemplo es el Código de Buenas Prácticas del acceso a la justicia desde las nuevas tecnologías, que plasmará si se aprueba, un conjunto de principios consensuados por un grupo de expertos de los diferentes países intervinientes.

El concepto y la forma de hacer justicia ha dado un giro y se debe concebir desde una perspectiva más amplia. La justicia ya no sólo gira entorno a los juzgados. Ante las necesidades han surgido métodos alternativos y también se ha dado respuesta a problemas, atajándolos de raíz, como es el caso de esta iniciativa. Los jueces deberán estar preparados para adaptarse a este nuevo panorama, que cada vez se vertebra más en soluciones igual o más eficaces. Los ciudadanos deberán hacerse con este nuevo modelo y confiar en sus nuevas variantes. Por ello, Jose María siente que con su trabajo la ayuda tiene mayor influencia y confía en el poder de la palabra y las relaciones personales para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Cuando termine el proyecto Jose María volverá al juzgado, siguiendo su andadura como juez, su vocación desde niño.

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Texto por: Laura Casado Domech

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