De asesor de Chávez a movilizador del cambio


Un joven venezolano que trabajó en el programa «Aló, presidente» cuenta cómo pasó de ser un convencido chavista a apoyar a Capriles en su carrera hacia la presidencia del país.

Cristina Sánchez y Elena Jorreto

Imagen de la marcha a favor de Henrique Capriles del pasado 7 de abril en Caracas, Venezuela. Foto extraída del perfil de Facebook de Henrique Capriles

El 5 de marzo Nicolás estaba atrapado con su madre en un atasco cuando la radio le provocó taquicardia. Los demás conductores se miraban estupefactos, como queriendo decir: «Escucha la cadena».

—Cuando Maduro lo anunció no nos lo podíamos creer. Nos dijimos, casi al unísono: ¡Cómo que se murió Chávez!

Los rumores en su cuenta de Twitter ya alertaban de que una información muy importante para Venezuela se avecinaba. Aunque desde hacía meses la vida del presidente corría peligro, su muerte dejó helado al país.

—Fue sencillamente estremecedor —dice Nicolás, que fue asesor de comunicación de Chávez en «Aló, presidente», el programa de televisión que protagonizaba.

Después de casi quince años liderados por el hombre que redujo la pobreza a la mitad (del 62,1% al 31,9% ente 2003 y 2011, según cifras del Banco Mundial), los venezolanos sentían una mezcla de religiosidad, ideología, humanidad, solidaridad…

—Imagínate que mi mamá lloró mucho ese día, siendo ahora una ferviente opositora de Chávez y su régimen. Yo también sentí un nudo en la garganta, pero más triste para mí es el penoso legado social y económico que ha dejado.

Nicolás Heredia con Hugo Chávez en el programa «Aló, presidente». Foto: Nicolás Heredia

Nicolás Heredia, de 33 años y natural de Maracaibo, se vio envuelto en una paradoja. Él, que ahora vive la campaña electoral desde dentro como movilizador a favor de la candidatura de Capriles, apoyó a Hugo Chávez durante buena parte de su vida.

Ahora dice que pocos años después de su llegada al poder empezaron a escasear los espacios en que los ciudadanos «podían expresar a viva voz su desacuerdo con la Revolución», pero en la época dorada del líder bolivariano él era el encargado de seleccionar la información que Chávez usaba en sus apariciones en la cadena pública, y acabó dejando el puesto porque no le pagaban bien.

—El 14 de abril los venezolanos tendrán una oportunidad épica de enterrar el legado de Chávez. ¡Cómo afectaría en el ánimo y la vida de la gente que haya un presidente nuevo!

Nicolás, que ha pasado gran parte de sus años en Caracas, considera que Venezuela necesita un cambio no solo político, sino también moral y emocional. Algo así fue lo que él sintió cuando descubrió «el engaño», aunque fue un proceso lento.

Tras licenciarse en Comunicación Social trabajó en la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), donde tuvo algunos desencuentros con sus superiores.

—Nuestra labor se limitaba a exaltar al presidente y su política petrolera, con la que estaba de acuerdo por aquel entonces, dice.

En cada evento político que celebraba el Gobierno, los trabajadores debían lucir una franela roja en apoyo a la revolución. Nicolás se revelaba contra eso eligiendo una azul o amarilla, los colores de su bandera. «Era la forma de marcar mi desacuerdo con la homogeneización de pensamiento».

Cosas como que Venezuela recibiera «la mayor cantidad de ingresos petroleros de su historia» y que en ese periodo fuera «cuando más se incrementaron la corrupción y el despilfarro» le llevaron a pasarse al otro lado.

—Capriles dejará de regalar nuestro dinero a la dictadura cubana. Nicolás Maduro tiene vínculos muy fuertes con la isla, pero el chavismo murió con Chávez.

Nicolás en la marcha de apoyo a Capriles del 7 de abril. Foto: Nicolás Heredia

El 9 de abril, a falta de cinco días para las elecciones presidenciales en Venezuela, Nicolás, que comparte municipio con su candidato, ya calentaba motores en Facebook:

—¡Horas decisivas y de nervios en ambos comandos! ¡Gobierno corrupto arrecia una campaña sucia para meternos miedo y ahuyentar los votos de los indecisos que se inclinan mayoritariamente por Capriles! Al que vean con cara de abstencionista, a convencerlo de votar por el verdadero cambio.

Su función es «hacer propaganda de la candidatura de Henrique Capriles y dar a conocer por cualquier medio lo negativo del Gobierno de Maduro», convencido de que esta vez tendrá todos los votos necesarios, a diferencia de lo que ocurrió en las elecciones regionales de 2012.

El destino del país es incierto, pero Nicolás quiere que esté en las manos del hombre que representa una de sus últimas esperanzas «en décadas».

—En este momento la única oportunidad que tienen los jóvenes es no hacer nada y meterse a delincuentes —confiesa resignado—. Las fuentes de empleo se han reducido drásticamente en el sector privado, y las universidades dependientes del Gobierno se han convertido en verdaderos centros de adoctrinamiento.

Su conclusión es clara:

—Haré lo  posible para no irme de Venezuela.

 

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