Eurocaos en Chipre


La Unión Europea no podría haber actuado de forma más torpe, incompetente y obtusa a la hora de afrontar los problemas de Chipre
Colas ante un banco cerrado en Chipre. Foto: EFE

Colas ante un banco cerrado en Chipre. Foto: EFE

La Unión Europea no podría haber actuado de forma más torpe, incompetente y obtusa a la hora de afrontar las necesidades de liquidez y financiación de Chipre. La forma en que las instituciones europeas han encarado los problemas de la diminuta isla mediterránea, que apenas supone el 0,2% del PIB de la zona euro, ha puesto en un serio aprieto la credibilidad de una Europa ya muy tocada por casi seis años de severa crisis económica, financiera. Pero la más grave es la crisis de confianza que ha hecho dudar del proyecto comunitario a los europeistas más convencidos.

El 16 de marzo el Eurogrupo pactaba con las autoridades isleñas un rescate de 10.000 millones de euros para sanear las cuentas de la maltrecha economía chipriota. Hasta aquí, nada «anormal» en un continente que ya había visto cuatro rescates multimillonarios: los dos de Grecia, en mayo de 2010 (110.000 millones de euros) y marzo de 2012 (130.000 millones), el de Irlanda en noviembre de 2010 (85.000 millones), el de Portugal en mayo de 2011 (78.000 millones) y el del sistema financiero español en julio de 2012 (100.000 millones). A cambio los chipriotas tendrían que sufrir condiciones draconianas —más aún que las que ya sufren griegos, portugueses e irlandeses— entre las que destacaba una especialmente sangrante: una tasa sobre los depósitos del 9,9% para los de más de 100.000 euros y del 6,75% a los de menos. Con ello, los ministros de Economía de la zona euro pretenden, siguiendo la batuta empuñada por Alemania y Finlandia, países que se han erigido en los centinelas de la pureza económica de Occidente, lograr un doble objetivo: dar un escarmiento (otro) a los permisivos países del sur europeo y de paso, arañar una parte de los miles de millones de euros almacenados por ciudadanos rusos en los bancos de la isla, que en la práctica funciona como un paraíso fiscal. Todo ello acompañado del primer “corralito” de la zona euro, para evitar que los chipriotas corran a hacer lo que todos haríamos: sacar nuestro dinero de los bancos antes de que nos lo quiten todo.

Al final, el Eurogrupo ha tenido que rectificar in extremis, después de días de pánico entre los ahorradores y los inversores en los que las Bolsas de todo el continente se han teñido de rojo. Sin embargo, entre todos nosotros quedará durante mucho tiempo el recuerdo de que Europa ha estado en un tris de arrebatar parte de su dinero a la gente de a pie.

Europa debe aprender de sus errores y debe hacerlo ya, porque la siguiente crisis bien podría ser la última para un proyecto común tocado y cada vez más hundido.

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«Es posible hablar con extrema dureza de lo que se ama, precisamente porque se ama, y con la autoridad moral que nos confiere ese mismo amor»

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