Opinión

Griñán

José Antonio Griñán Martínez, actual presidente de la Junta de Andalucía
José Antonio Griñán Martínez, actual presidente de la Junta de Andalucía

La situación política de José Antonio Griñán Martínez, con el avance del proceso judicial del llamado «EREgate», es más que delicada. Es delicadísima. Casi diría yo, que soy un osado, que es insostenible. Pero no confundamos: Griñán es un hombre honrado.

Recordemos quién es José Antonio Griñán Martínez. Es el presidente de la Junta de Andalucía en alianza con los comunistas de IU. Es el secretario general del PSOE-A desde que en 2010 relevó a Manuel Chaves. Y es el presidente del PSOE desde que en 2012 relevó al mismo Chaves (no Chávez, Chaves). Ahí es nada.

Valoremos ahora el balance político de este jurista de carrera e inspector técnico de trabajo del Estado por oposición. Entre el 24 de abril de 2004 y el 23 de abril de 2009 fue Consejero de Economía y Hacienda de la Junta de Andalucía. Justo durante los años en los que se gestó y perpetró el que tiene visos de ser el mayor escándalo de corrupción de la historia de España, por valor de 900 millones de euros. El crimen, aún por esclarecer del todo, consistía en el desvío masivo de fondos públicos a bolsillos particulares. Dinero público (ése del que dijo la exministra Carmen Calvo que «no es de nadie») en teoría destinado a parados (que en Andalucía no faltan) y jubilados. Griñán, como Consejero de Economía y Hacienda era el responsable último de las disposiciones presupuestarias de la Junta de Andalucía. La Intervención General de la Junta andaluza le advirtió hasta 15 veces acerca de operaciones irregulares. Pero él echa balones fuera alegando que la Junta ha colaborado con la Justicia (eso sí, en el último momento) y que el PSOE está personado como acusación particular. Un ejemplo de honradez.

La firma de Griñán, tal como publicó ABC en portada el 14 de marzo de 2012, aparece en una modificación de los presupuestos de 2008 destinada a incrementar la partida 31-L, el llamado «fondo de reptiles». El exdirector general de Trabajo y Seguridad Social, Francisco Javier Guerrero, declaró ante la juez Alaya que «nada se hacía a espaldas de la Junta». El chófer de Guerrero, Juan Francisco Trujillo, confesó en sede judicial que él y Guerrero se gastaban el dinero público (el que según la exministra de Cultura socialista «no es de nadie») «en fiestas y cocaína», droga que consumían «a diario». Pero que no paguen justos por pecadores: Trujillo y Guerrero son unos presuntos sinvergüenzas que han traicionado la confianza de los andaluces, pero Griñán es un hombre honrado.

La extensión de esta gigantesca mancha de corrupción a los sindicatos tradicionalmente vinculados a los partidos de izquierda (el mismo Pablo Iglesias fundó el PSOE y la UGT, y CC.OO. es cercana a los comunistas), pone más de relieve la dimensión de este macro-entramado. Juan Lanzas, sindicalista de la UGT señalado por la juez Alaya como el «cerebro» de los ERE falsos, conocido en el mundillo como «el amigo de la Administración», acumuló según autos 16 casas y 13 millones de euros. Pero una cosa es amigos y otra cosa es amantes: Griñán es un hombre honrado y, además, honesto. Tan honesto como para que Rubalcaba dijera a sus padres: «Tenéis un hijo honesto que lo único que hace es trabajar por España y por Andalucía las 24 horas del día; ése es vuestro hijo». Sus padres (el oficial del cuarto militar del general Franco y la hija de aquel luchador del bando nacional) se sentirían orgullosos de oír estas palabras, como seguro se sintieron los padres de José Blanco al escucharlas (cambiando «Andalucía» por «Galicia») de boca del Secretario General del PSOE.

Juan Lanzas, de la UGT, el cerebro de los ERE según la juez Alaya
Juan Lanzas, de la UGT, el cerebro de los ERE según la juez Alaya

Toda esta venalidad del fraude de los ERE, toda esta desvergüenza, toda esta obscenidad recuerda a la corrupción generalizada del «tardofelipismo». José Antonio Griñán Martínez, mire usted por dónde, era entre 1993 y 1996 Ministro de Trabajo y Seguridad Social. Como es un hombre honrado, no consta que estuviera implicado en aquellos casos de corrupción, pero sí consta que dejó su cargo con 5 millones de parados. Sólo cuestión de mala suerte (toda la suerte se la llevó su sucesor en el cargo y adversario en Andalucía, Javier Arenas, que restó 3 millones de parados), como cuestión de mala suerte es que la Comunidad de la que ahora es presidente, Andalucía, encabece el ránking de paro con un muy lamentable 36 por ciento. Este triste haber en el hombre que se desvive por los desfavorecidos no fue óbice para que recibiera, como todo ministro y ministra, la Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III, con el tratamiento de Excelentísimo Señor, que es lo que es. Un presidente del PSOE a la altura del lema del partido en 1979: «100 años de honradez».

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *