Ramón Lobo: «Las buenas historias no llevan corbata, están en la calle»


El ex corresponsal de guerra, un año después de perder su trabajo en El País, brinda una visión de futuro alejada del pesimismo de la crisis
Ramón Lobo, durante la charla. Foto: R. R. W.

Ramón Lobo, durante la quinta visita al Máster ABC-UCM. Foto: R. R. W.

Ramón Lobo (1955, Lagunillas, Venezuela) escribió tras su despido que «perder el trabajo es un tipo de muerte», sin embargo, un año después, sigue más vivo que nunca. Aunque reconoce que perdió su «identidad» laboral, al convertirse en uno de los 129 redactores afectados por el ERE en el diario El País, Lobo quiso brindar a los alumnos del Máster ABC-UCM una visión de futuro alejada del pesimismo de la crisis. Este venezolano de origen gallego e inglés –afincado en España desde los cinco años– no muestra un atisbo de duda cuando afirma que «si tuviera 18 años volvería a ser periodista». Una ilusión que comenzó a alimentar a los doce, «quizá cuando me di cuenta de que a mi padre le molestaba», explica entre risas.

Aunque considera que no son buenos tiempos para la lírica ni para el periodismo, también reconoce que esto no es «nada nuevo». Hace 38 años, cobró lo que hoy serían unos 1,5 euros por su primer trabajo. «Ese día no me importó la miseria que me pagaron, estaba feliz por ver mi nombre encabezando la pieza», confiesa. Así comenzó a colaborar con la agencia Pyresa –ya extinta–, donde asegura que aprendió dos pilares esenciales para sobrevivir en el «tobogán» del periodismo: la resistencia y grandes dosis de paciencia. «Hay gente que corre los cien metros lisos pero, no os confundáis, esta es una profesión de resistencia», sentencia con rotundidad.

Durante el servicio militar en Zaragoza, comenzó a nadar en aguas internacionales gracias a unas prácticas que consiguió en El Heraldo de Aragón. «Allí era feliz subrayando teletipos», hasta que un día el redactor jefe le mandó entrevistar a un especialista en la Unión Soviética. «Aquel profesor me estuvo hablando durante cuatro horas –en las que solo pude decir ‘buenos días’ y poco más–. Cuando terminó le pregunté cómo podía saber tanto y contestó que lo único que hay que tener claro es el marco, todo lo demás son perchas». Desde entonces, Lobo no ha olvidado que es esa la misión esencial del periodista: ayudar al lector a contextualizar los hechos y abandonar los mitos falsos.

«Sin calidad estamos muertos»

Se podría llenar un párrafo solo al nombrar la extensa lista de conflictos internacionales en los que Ramón Lobo se adentró con el fin de completar el rompecabezas. Bosnia-Herzegovina, Israel y Palestina, Kenia, Ruanda Filipinas representan la variedad y la complejidad de escenarios por los que el periodista se movió hasta dar con personas que le dieran las claves. Buscaba «gente que fuera crítica con su país», que le diera una visión no sesgada y global del contexto. Porque, según considera, los periodistas «tenemos que convencer a la gente de que somos útiles, que somos capaces de jerarquizar, seleccionar y contextualizar la información. Lo único que nos puede defender es la calidad. Si no, estamos muertos». 

Precisamente, una de las causas de esa falta de calidad a la que Lobo alude es la sumisión al poder. Considera que «la prensa ha comenzado a vender ilusión, en vez de información» porque se da más importancia a «las declaraciones vacías de los políticos». Sin embargo, a su modo de ver, «las buenas historias no llevan corbata, están en la calle».

Y es ese principio de búsqueda de calidad el que todavía le alienta a la hora seguir buscando y contando historias, esta vez como freelance. De momento, colabora con Jot Down, InfoLibreEl Periódico y con el programa A vivir que son dos días  de la Cadena SER. «Ahora gano la mitad, pero tengo el doble de libertad, sigo siendo un privilegiado». El mismo consejo que se aplicó él hace un año es el que hoy regala a quienes comienzan su andadura profesional: «Vamos a un mundo completamente distinto, pero no tiene por qué ser peor, se puede ver la crisis como una oportunidad». Todos los proyectos que le quedan por culminar -dos libros empezados y el reto de lograr publicar un reportaje en el New Yorker– avalan  sus palabras. Pese a los éxitos y las frustraciones que haya podido experimentar a lo largo de su trayectoria, a Ramón Lobo nada le hace cambiar de opinión: «Si confiáis en esta profesión, apostad por ella, con paciencia, todo se consigue».

UN LIBRO «Las ciudades invisibles»
UNA PELÍCULA «Ciudadano Kane»
UN ESCRITOR Kafka
UN ACTOR/ACTRIZ Marilyn Monroe y sus imitadoras
UN PAÍS Italia
UNA CIUDAD Nueva York
UN LUGAR VACACIONES Portugal
UN PERSONAJE Winston Churchill
UNA NOTICIA El «día D» de la II Guerra Mundial
UNA VIRTUD NECESARIA Paciencia

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Texto por: Marta R. Domingo

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