Madrilánea

«Me entiendo mejor con los gatos que con las personas»

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«No somos las locas de los gatos», asegura Pilar Daguerre que, desde hace casi dos décadas, cuida de los 400 felinos abandonados en el parque. Una labor en la que los voluntarios invierten «con gusto» 2.000 euros mensuales

Pilar Daguerre alimentando a los gatos. Foto: M. R.

Pilar Daguerre alimenta a sus «amigos» felinos. Foto: M. R.

Acurrucados en la orilla empedrada del Estanque Grande de El Retiro, «Negrita» y «Juani» tratan de absorber los últimos rayos de sol y el poco calor que desprende la roca tras una gélida jornada de otoño en la capital. Ellos son dos de los cuatrocientos gatos que un día fueron abandonados por sus dueños y que desde entonces tratan de sobrevivir a la intemperie dentro de los muros arbolados del parque madrileño. Un silbido interrumpe el plácido reposo de los felinos que acuden relamiéndose a la llamada. Es el saludo de una vieja «amiga»: Pilar Daguerre, una «gata», tal y como ella se autodenomina y un término que también define su origen madrileño. «Me entiendo mejor con los gatos que con las personas porque ellos te pueden arañar, pero las discusiones entre humanos me matan», asegura mientras abre una lata de comida y se arrodilla para acariciarlos.

Hace 18 años Pilar Daguerre rompió el desdichado porvenir de estos gatos desamparados cuando se cruzó en su camino y les brindó el sustento y el cariño que les faltaba. «Empecé a darles de comer un día que estaba paseando con mi perro. Vi cómo tras él venían un montón de gatos que maullaban desesperados porque estaban hambrientos». A partir de ese momento jamás faltó a su cita con los felinos porque, según explica, «no tengo valor para que venga un gato detrás de mí y marcharme sin más, me da mucho pesar».

Fue en 2008 cuando el Ayuntamiento obligó a Daguerre y al resto de alimentadores altruistas a regularizar su condición. Así, forzados por las circunstancias burocráticas, nació la Asociación de Amigos de los Gatos del Retiro (AGAR) que, cinco años después, ya cuenta con cincuenta afiliados entre voluntarios y donantes. «El Ayuntamiento nos exigió crear la asociación para poder seguir con nuestra labor. A mí no me gustaba la idea pero no quedó más remedio, así que cogí un boli y un papel y moviendo hilos conseguí la firma y la ayuda de mucha gente».

Ahora los objetivos de AGAR son más ambiciosos que el mero sustento alimenticio. Los voluntarios dedican horas de su tiempo libre a desparasitar, vacunar, identificar con chips a los animales y, por supuesto, encontrar una familia de acogida para cada uno de ellos. El problema es, según explican, que «aquí se abandonan gatos todos los días». «Esta primavera recogimos a dos con chip ruso, es increíble», comenta con tristeza Daguerre.

En lo que va de año, 120 gatos han sido recogidos por AGAR. Melissa Wolf, una estudiante de periodismo venezolana que se unió al equipo de alimentadores, también acogió a una gata herida que encontró encerrada en el cajetín de los fusibles de la Casa de Velázquez. «Ellos suelen refugiarse e incluso paren ahí, es muy peligroso, se pueden electrocutar».

Los gatos del parque. Foto: M. R.

Los voluntarios acuden una vez al día a dar de comer a los gatos. Foto: M. R

En ocasiones, su amor por los felinos les hace sentirse entre la espada y la pared: Las sanciones por alimentar a los animales fuera de los diez puntos establecidos por el Ayuntamiento pueden llegar a los 300 euros. «Me han puesto unas diez multas porque dicen que manchamos el parque, incluso me han llamado delincuente», denuncia Daguerre. «Me humillan cuando me las ponen porque creo que un delincuente es el que roba o vende droga».

«no somos las locas de los gatos, sino que venimos a ayudar»

Los voluntarios explican que los animales se distribuyen en colonias y ahí surge el problema. «Los gatos no son macetas, no se les puede mover como queramos, sino que ellos tienen sus familias en sus colonias y si viene otro extraño a su zona se tiran a por él», explica Daguerre. «Allí está la mamá con sus crías que viven separados del resto. Y nosotros, ¿qué hacemos? ¿Nos limitamos a las zonas que han impuesto y les dejamos morir?», se pregunta con impotencia Wolf. Es por eso que desde AGAR reclaman mayor respaldo y comprensión por parte de las administraciones públicas hacia su labor. «No somos las locas de los gatos sino que venimos a ayudar».

Haciendo un cálculo rápido, Daguerre afirma que se pueden llegar a gastar unos 2.000 euros «solo en alimentarlos». «Luego hay que sumar los gastos del veterinario», matiza. Precisamente, con el fin de lograr fondos para pagar las esterilizaciones, Juan Carlos Saire, periodista y alimentador de la asociación, organizó el primer Cat Film Festival el pasado 11 de octubre en la Casa Encendida. «Aquí no hay tanta cultura de cuidar a los gatos como en Estados Unidos, donde nació la idea original. Incluso el New York Times tiene una sección dedicada a ellos». Pese a todo, la ternura que despiertan las mascotas reflejada a través de vídeos caseros atrajo a más de 250 personas, «la sala se quedó pequeña», afirma Saire con una sonrisa. «Hubo incluso reventa», añade divertida su compañera Melissa Wolf.

Con el ánimo de seguir alimentando a los gatos y de enternecer las almas de los madrileños para que acojan a más animales, el próximo festival de vídeos gatunos se celebrará en primavera en pleno Retiro. «Estamos intentando que se haga al aire libre en el Paseo de Coches que es donde viven nuestros gatos», explica Daguerre. Aunque le ilusionan estos nuevos proyectos, su principal preocupación esta noche es otra más mundana: conseguir más mantas. «Cuando he mirado el pronóstico y he visto que van a descender las temperaturas me he puesto fatal», admite. «Alguna vez nos hemos ido llorando, el invierno es muy duro para ellos».

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4 comments Show discussion Hide discussion
  • Me encanto, es realmente emotivo

  • Precioso, el trabajo de AGAR es impecable!
    Felicidades para estas personas tan especiales.

  • Yo soy Gata y Madrileña. Y como a muchos otros JAMAS ME PARARÁN en mi lucha por darles un minuto de felicidad.
    Y cada vez somos más.

  • La loca de los gatos, me dicen algunos en mi localidad. Este comentario me llena de orgullo, ya que con los gatos me entiendo de maravilla y soy feliz viéndoles felices.
    Esta enorme cantidad de gatos en El Retiro deberían controlarla con castraciones, ya que la gente es tan desalmada que abandona sus mascotas como si de juguetes viejos se tratara. Mis felicitaciones a Pilar D.

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