Madrilánea

¿Te acuerdas?

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Una mujer de unos 60 años está sentada en un banco, mirando al lago. Un hombre se acerca a ella y le ofrece un helado de chocolate y nata. La mujer le sonríe, le da las gracias y empieza a comer

Paco Solís / CC

Paco Solís / CC

Una mujer de unos 60 años está sentada en un banco, mirando al lago. Un hombre se acerca a ella y le ofrece un helado de chocolate y nata. La mujer le sonríe, le da las gracias y empieza a comer.

No me atrevo a hablarte. Prefiero venir, sentarme a tu lado y darte un helado para despertar tus recuerdos. Prefiero callar y pensar lo que quiero decirte. Prefiero no decirte nada, no quiero que te enteres nunca de la realidad. Prefiero confiar en que un día ese helado te ayude a revivir aquellos momentos y te acuerdes de quién soy.

¿Recuerdas cuando nos conocimos? Estabas en un banco como este. Me fijé en tu sonrisa mientras leías a Neruda. Yo no sabía ni quién era y me dio tanta vergüenza que aquel día me compré un libro suyo. Me pasé la noche en vela para aprendérmelo de memoria. Al día siguiente volviste al mismo sitio y me acerqué a saludarte. «Me gustas cuando callas», te dije. Me miraste, sonreíste y me contestaste «porque estás como ausente».

Han pasado 41 años desde aquel día y no pasa una mañana sin que lo recuerde. Y tampoco se me olvida nuestra primera cena en aquel restaurante. Sé que no te acuerdas de nada, que para ti soy un extraño y que solo eres capaz de sonreír cuando te saludo y te ofrezco un helado cada tarde que vengo a verte. Como en nuestra primera cita, aquel sábado de noviembre.

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