Sánchez-Terán: «Mi trabajo es que la gente viva, no que sobreviva»


El cooperante insiste en la necesidad de que los medios hagan visible «el África que se está educando y movilizando»
Gonzalo Sánchez-Terán. Foto: R.R

Gonzalo Sánchez-Terán se dirige a los alumnos del Aula Máster. Foto: R. R. W.

Gonzalo Sánchez-Terán (Madrid, 1971), asegura que nunca ha hablado para periodistas, pero conoce buena parte de los vicios de una profesión que se acentúan al hablar sobre África. Más de doce años mejorando la vida de los refugiados le han hecho aprender de un continente que, a pesar de lo que dicen de él, es mucho más que pateras y piratas. «Es el único lugar del mundo sobre el que generalizamos. Cuántas veces hemos oído “El problema de África es…” “Lo que habría que hacer con África es…” A nadie se le ocurriría decir “El problema de Asia es…”, “En Europa habría que hacer…”. Nos hacen creer que África es un todo y no es así».

Cooperante en campos de refugiados desde hace más de una década, recuerda cómo la muerte en diciembre de Mandela fue cubierta por los medios estadounidenses «ampliamente». «Pero la noticia sobre África con mayor cobertura mediática los once meses anteriores fue el asesinato de la novia de Oscar Pistorius, presuntamente a manos del atleta. Más que todos los conflictos juntos. Esto para mí es dramático». Sánchez-Terán encuentra decenas de ejemplos para ilustrar el poco cuidado que se presta a la hora de informar sobre África. Un defecto que percibió con su primer viaje al continente.

«Me llevaba un The Economist, donde el tema de ese mes era ‘África, the hopeless continent’ (África, el continente sin esperanza). Conflictos, corrupción, guerra, SIDA… Era absolutamente devastador. Trece años después, The Economist publica ‘Africa rising’ (El despertar de África) y todo lo que lees es más democracia, Derechos humanos, recursos naturales… Estaban equivocados entonces y están equivocados ahora», explica. «Solo nos contentamos con una interpretación de lo que le ocurre a estos 54 países».

Su primera experiencia en un campo de refugiados la recuerda como un «infierno», pero se mantuvo fiel a su vocación: ayudar de manera urgente a los más necesitados. «Hace tanto calor que al llegar a la tienda te encuentras insectos muertos por causa del calor. Cuando llueve, las tiendas de campaña permean y todo lo que tienes –un colchón y una mosquitera– está mojado. Así viven entre 40 y 47 millones de personas en el mundo… ¡Y en 2014! No me entra en la cabeza».

Tres perfiles de África

En algunos de sus viajes ha podido observar la capacidad del fútbol como elemento de unión. Una vez probó a organizar un campeonato de fútbol en un campo de refugiados somalí. «Fue espectacular. En cuanto les das un milímetro tienden a vivir, a amarse, ‘desamarse’, a ser felices. Ese es mi trabajo: que la gente viva, no que sobreviva», explica. Aunque no todo fue así de sencillo a la hora de organizar el torneo: «El mayor reto fue encontrar un árbitro. Ninguno de los equipos confiaba en nadie para ello». Como en la vida, asegura, en el campo se refleja la absoluta desconfianza en los mediadores que tiene esta gente. Una sociedad acostumbrada a la guerra y a conversaciones de paz que fracasan.

Sin querer ser reduccionista, Sánchez-Terán retrata África a través de tres perfiles. Primero hay una África conflictiva, dice, la que vemos en las noticias. Después una África del desarrollo «que interesa a los gobiernos africanos y a los fondos de inversión». Un desarrollo ficticio en muchos casos: «En cuanto sales de esta burbuja mental te encuentras con otra realidad», como que la única carretera que une las dos principales ciudades del país es de barro. «Las carreteras, que para nosotros son vías, puertas y ventanas, para ellos son muros».

«Qué fácil es la palabra pobreza y qué difícil es solucionar la desigualdad»

En último lugar estaría la visión más realista de África, representada por Liberia y los cambios que vivió a partir de las elecciones de 2005. En aquellos comicios hubo dos candidatos: George Weah, Balón de Oro en 1995, famoso pero sin estudios; y Ellen Johnson, una mujer que venía de trabajar para el Banco Mundial. «Pasó algo asombroso», explica Sánchez-Terán. Contra todo pronóstico, Johnson ganó las elecciones y lideró el despertar de Liberia. «Aunque esto no es una película Disney, ese es el África que se está educando y movilizando». Un África que no sale en los telediarios. «Ese cambio depende en buena medida de lo que los periodistas cuenten a la sociedad».

Soluciones al continente

«Qué fácil es la palabra pobreza y que difícil de solucionar es la palabra desigualdad». Para acabar con los problemas del continente hay quien propone un modelo neoliberal. Él no está de acuerdo: «Lo que necesita África es sanidad pública, y ahí no va a llegar nunca ninguna empresa. Es verdad que en algunos casos el sector público ha estado hinchado, pero en África no hace falta pasar mucho tiempo para saber que lo que hace falta allí es un Estado. Que una persona enferma pueda a acudir a un médico y que un niño pueda ir al colegio o tener autobuses».

Siempre queda la duda del papel de las ONG’s en el continente africano. Siempre prudente, Sánchez-Terán tampoco quiere generalizar con un tema tan delicado. Las ONG’s, explica, son «como los bares, los equipos de fútbol, los amigos y el tiempo»: los hay buenos y malos aunque, dice, todas van de buenas. «El dinero que se da a veces llega íntegro para salvar personas y otros se pierde en meandros de burocracia». Como última reflexión, ¿De quién es la culpa? «De los medios de comunicación en parte, tienen que investigarlo. Hay trabajadores estupendos y también incapaces y corruptos».

UN LIBRO «Libro del desasosiego», Fernando Pessoa
UNA PELÍCULA «Plácido», Luis García Berlanga
UN ESCRITOR Gabriel Miró
UN ACTOR/DIRECTOR Woody Allen
UN PAÍS Chile
UNA CIUDAD Salamanca
UN LUGAR VACACIONES Ciudad Rodrigo
UN PERSONAJE ¿Por nacer?
UNA NOTICIA Alfabetización universal
UNA VIRTUD NECESARIA Bondad

 

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Texto por: Jorge Sanz Casillas

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