El renacer de las dos ruedas


Las calles de Madrid, antes hostiles, comienzan a vivir un auge de la bicicleta igual que otras ciudades europeas
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Ciclistas esperan a la salida del «Alleycat» Foto: S.Vilches

«Por andar en bicicleta se aprende mejor de los contornos de un país, ya que tienes que sudar para subir las colinas y bajar las costas», decía Ernest Hemingway. Si hubiera que definir a Madrid según una experiencia sobre dos ruedas, hay quienes describirían un paisaje escabroso, truculento, lleno de incertidumbres. No es precisamente el terreno más propicio para los que aún no se atreven a dejar rodar los pedales.

Tres clics y su mochila «Timbuk2» se ajusta cómodamente sobre su espalda. Llaves bien aseguradas en el mosquetón, candado de herradura enganchado al cinturón y vaqueros «Levi´s 511» con 2% de elastano y reflectantes cosidos a los bajos. Sergio Vilches lleva más de un año recorriendo en bicicleta los 8 kilómetros que le separan desde su casa al trabajo. Cuando llega a su puesto, casco bajo el brazo, sus compañeros no pueden evitar expresar su recelo: «¿No llegas sudado?». Es una pregunta que Vilches está acostumbrado a oír. «Cuando llevas mucho tiempo, pasa de deporte a transporte».

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Bicis a la espera del comienzo del «Alleycat» Foto: S. Vilches

Con la llegada de 2006 y el auge de las redes sociales, el número de páginas web ofreciendo información sobre el ciclismo en Madrid se multiplicó exponencialmente. Así fue como Vilches encontró la mayoría de los proyectos de bici urbana en los que participa hoy en día. Desde recorrerse a toda velocidad de punto a punto las zonas claves de Madrid en el «Alleycat» –una gymkana para ciclistas-, a quedar para desayunar y hacer una ruta por las afueras de la capital con el grupo ciclista Coffee and Ride.

Al igual que Vilches, Martin Roberts, periodista freelance, se reúne con los chicos de Coffee and Ride en la cafetería La Bicicleta. Un punto de encuentro para los amantes de las dos ruedas en el corazón de Malasaña. Rodeado de bicicletas de todo tipo, BMX, fixed gear, de paseo, el que fue corresponsal en países como Gran Bretaña, México, Bruselas o Estados Unidos nos cuenta cómo en todos ellos probó a recorrer las calles en bici.

La imagen de un hombre trajeado pedaleando entre la eterna línea de coches a hora punta nos puede parecer una postal nórdica. Poco a poco, la bicicleta se ha ido introduciendo como alternativa de transporte. Y no solo en Madrid. Para el colectivo de En bici por Madrid este cambio se está gestando a nivel mundial. «Lo puedes notar en Israel, en Sudamérica, en muchos países». Algo está cambiando y viaja sobre dos ruedas.

Con su experiencia, Roberts colocaría a Madrid por encima de ciudades como México o São Paolo en cuanto a accesibilidad. Eso sí, muy lejos aún de la conciencia que existe actualmente en Holanda y Bélgica. Admite que en Inglaterra también hay una batalla mediática «contra los ciclistas». Similar a la pugna que hay en Madrid entre turismos y ciclistas, en el Reino Unido son los motoristas los que no se muestran muy de acuerdo con compartir la calzada.

Roberts recorre con el grupo las rutas que organizan por la periferia madrileña. Pese a ello, afirma que no se atreve a montar por Madrid. Precisamente para combatir ese temor por soltar los frenos por el centro, En Bici por Madrid ideó hace unos 3 años la iniciativa de los «Bicifindes». Un ciclista experimentado se ofrece a acompañarte durante el recorrido desde tu casa al trabajo y darte consejos sobre el tramo. Desde que nació el proyecto, unas 400 personas se han animado a perder el miedo a salir en bici por el centro, de las cuales más de la mitad han seguido montando con regularidad.

«Un círculo vicioso»

Es esa falta de conocimiento lo que tira para atrás a los que sienten las ganas de enfundarse el casco y salir a pedalear. «Es un círculo vicioso» explican desde En bici por Madrid. «La gente no monta por temor y nunca se quitan el miedo por no salir y probarlo». El problema surge cuando el desconocimiento es generalizado y ni turismos ni ciclistas que comparten el asfalto conocen la normativa.

Según la Ordenanza de Movilidad, las bicicletas deben circular en el centro del carril derecho y los vehículos que transitan por ese mismo espacio no deberán sobrepasar los 30 km/h. En la realidad, se tiende a pensar que el lugar del ciclista está pegado al borde derecho, dejando vía libre para que los turismos les puedan adelantar. Los coches en movimiento se suelen ver como el principal peligro y lo que muchos olvidan es que la amenaza más grande es la que no se ve. Como resaltan desde En bici por Madrid, un 10% de los accidentes se dan por la apertura repentina de una puerta.

En el Ayuntamiento de Madrid también parecen estar dándose cuenta de este resurgir del ciclismo urbano. Como cuenta En bici por Madrid, el proyecto BiciMad, idea del Ayuntamiento, dotará a la capital de bicicletas de propulsión eléctrica para transporte público. Pese a que las intenciones son buenas, aún hay ciertas dudas sobre su viabilidad final. «Cuesta como mínimo un euro al día que, contando unos 20 días laborales, al final sale a unos 200 euros al año. Casi como el precio de una bici» explican. El precio parece la principal preocupación de los potenciales usuarios pero, como también resaltan, es un proyecto innovador y el riesgo siempre existe en estos casos.

Ciclistas como Vilches también ven el potencial al proyecto de BiciMad pero le preocupa que siga existiendo el mismo problema con los vehículos. Si la raíz está en la falta de conciencia, añadir más bicis a la circulación sin recordar la ordenanza «no servirá de mucho».

Los 3,3 km desde la cafetería de La Bicicleta hasta Atocha los recorre Vilches en bici. Pedalea por el centro del carril derecho, señaliza cuando tiene que hacer un giro a la izquierda y frena cuando llega a un paso de peatones. No le pita ningún coche; las cosas están cambiando.

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Texto por: Regina Rivera Webb

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