64 años trasladando Jijona a Valencia


«En las cajas de Navidad siempre ha habido un surtido de fruta confitada que era infumable», comenta Amando Galiana después de revolucionar el concepto de este dulce navideño
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Detalle del escaparate de Turrones Galiana en Navidad. Foto: T.Galiana

En la calle San Vicente de Valencia, enfrente del teatro Olympia, uno no puede andar por la acera los días previos a Navidad. La razón es la apertura de la histórica tienda Turrones Galiana que, desde el 1 de octubre hasta el 15 de enero desde hace 64 años,  ofrece a los valencianos lo mejor de Jijona: nueces al fondant, turrones y pastel de yema. Uno de sus géneros estrella es la fruta confitada. Este dulce produce rechazo hasta que uno prueba el que ofrece esta mítica tienda de la ciudad. Amando Galiana es piloto de aviones, pero desde hace algunos años está al frente del negocio familiar. Todos los amantes de la capital del Turia conocen su producto. Las largas colas seguramente sean señal de su éxito, aunque Amando reconoce que su mejor publicidad es la «natalidad».

La cola en Turrones Galiana los días previos a Navidad. Foto: T. Galiana

La cola en Turrones Galiana en Navidad. Foto: T. Galiana

Este comercio tradicional pertenece a dos familias procedentes del pueblo del turrón por excelencia, Jijona. Al frente de la tienda se encuentra Amando Galiana, la tercera generación del negocio, que abrió sus puertas en 1950. Desde entonces, la tienda ha estado situada en el mismo emplazamiento. Amando es piloto de aviones. Cuando su padre decidió jubilarse, tomó las riendas del negocio familiar que asegura llevar «en la sangre». Amando cuenta con orgullo que es una tradición que todos «desde los siete años» pasen por la tienda y ayuden. «Yo me hinchaba a comer dulce», recuerda entre risas, sus tiempos de niñez. «Este es el núcleo familiar. Aquí se esconden los regalos de Reyes», cuenta Amando para añadir que el acudía a la tienda a por sus  estrenas –el aguinaldo–. «Aquí tengo yo las de mis sobrinos», comenta mientras enseña un sobre blanco.

Quan més sucre, més dolç

Gracias a él, los clientes de la tienda pueden volver a disfrutar de la fruta confitada: «La fruta siempre ha sido muy maldita». «En las cajas de Navidad siempre ha habido un surtido que era infumable, incomible», por ello Amando le ha dado la vuelta al concepto de este manjar navideño y en su tienda confitan la fruta con «métodos naturales y consiguiendo una vistosidad y textura diferente». Este dulce se hace cociendo la fruta con almíbar y azúcar. Pero Turrones Galiana se hace eco del famoso dicho valenciano «quan més sucre, més dolç» –cuanto más azúcar, más dulce– y cuenta con una ventaja: «Al abrir del 1 de octubre al 15 de enero, podemos permitirnos el lujo de tener la fruta seis meses almacenada en bidones con almíbar». De esta forma, se disfruta de manera diferente. «Normalmente se hace y a los 10 días se pone a la venta, pero la textura es distinta cuando se pasa tantos meses en almíbar».

Limones confitados de Turrones Galiana Foto: T. Galiana

Limones confitados de Turrones Galiana Foto: T. Galiana

Amando comenta, entre risas, que la natalidad es su mayor publicidad: «Si tengo un cliente que trae a su hijo porque a él le trajo su padre, se continúa la tradición». «Algún día ese hijo tendrá una novia e irá a casa de su familia política y llevará una caja de Galiana y así, nosotros tendremos más clientes». Por esta razón el propietario admite que siguen haciendo el turrón «como antes» y no pretenden cambiar su «forma de funcionar». Amando reconoce que de esta manera siguen con la tradición y la clientela la tienen «garantizada».

Galiana por todo el mundo

Turrones Galiana es un negocio que ha sabido evolucionar. Desde su página web sirven pedidos a cualquier parte del mundo. «El año pasado un hombre de Madrid me llamó diciéndome que tenía un hijo viviendo en Australia. Me preguntó si era posible hacerle llegar una caja de turrón», cuenta Amando que recuerda esta llamada con mucha ilusión. A continuación le hizo una propuesta a su cliente: desde la tienda enviarían el paquete y si no llegaba, se hacían cargo de los costes y el no tendría que pagar nada. Así fue la negociación y el turrón llegó con éxito a su destino final en cinco días. Además, Turrones Galiana también viaja todos los años a Japón, Israel, Alemania, Inglaterra, Francia, Holanda, Dinamarca y a españoles en Estados Unidos. Después de enumerar todos los países a los que sirven su producto, Amando confiesa: «Son cosas que solo ocurren en Navidad».

El ritmo de trabajo en Turrones Galiana es muy duro. Las once personas que trabajan en la tienda –tres atendiendo y ocho produciendo– no celebran Nochebuena. «Es el último día de más trabajo del año», alega Amando. «Cuando llega Nochebuena y consigues llegar a casa, te sientas en la mesa y miras las gambas como enemigos que no te dejan ir a la cama». Quizá su entrega al negocio y el mimo al producto sean la clave de su éxito.

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Texto por: Angie Calero Belenguer

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