Cuando la clase se convierte en un infierno


La Policía Nacional recibe más de 300 denuncias anuales por acoso escolar, un problema que sufren cada día muchos niños que temen la hora de ir al colegio
La clase vacía de un colegio de Madrid. Foto: Isabel Permuy

La clase vacía de un colegio de Madrid. Foto: Isabel Permuy

«Me cogían entre varios, me abrían de piernas y me golpeaban los testículos contra el mástil de la canasta». Son palabras de G. M. L., un antiguo alumno de un prestigioso colegio del barrio de Salamanca, donde sufrió acoso escolar por parte de varios de sus compañeros de curso. La víctima tiene ahora 26 años y asegura que, 13 años después, sigue teniendo pesadillas con sus atacantes: «‘Yuyu, yuyu’, gritaban una y otra vez mientras me golpeaban», recuerda.

J. M. M. estudia hoy tercero de ESO en el mismo colegio y sufre también bullying por parte de sus compañeros. En su caso no se trata de un acoso físico, sino psicológico, a través del teléfono móvil y de WhatsApp. «Me escribían todo tipo de amenazas y bromas», relata el alumno antes de enseñar un mensaje procedente de un número desconocido en el que se lee: «Ten cuidado cuando salgas por la Castellana porque te vamos a matar, maricona».

Lleva recibiendo mensajes de esa índole desde hace cuatro meses, pero no se había atrevido a decir nada hasta ahora. «Pensaba que si lo contaba sería peor», explica. Sintió «mucho miedo» cuando leyó el último mensaje y entonces prefirió explicárselo a sus padres, que pusieron el grito en el cielo. «Al principio no me quería creer que eso le estuviera pasando a mi hijo», cuenta su madre, quien puso el tema en conocimiento del colegio al instante.

«Me dieron todo su apoyo, me calmaron y me aconsejaron que pusiera una denuncia en comisaría», relata. Quiso encontrar por sus «propios medios» a los que amenazaban a su hijo, pero acabó entrando en razón tras reunirse con el director del colegio. Sin embargo, pese a que su hijo ha dejado de recibir mensajes, continúa sin estar tranquila, ya que «siguen sin encontrar a los que amenazan». En este sentido, fuentes del colegio aseguran que lo único que pueden hacer al respecto es tener vigilado al niño, debido a que no tienen un registro de los teléfonos móviles de los alumnos.

El caso de J. M. M. no es el único que ha acabado en comisaría. La Policía Nacional recibió el curso pasado un total de 316 denuncias vinculadas con el ámbito escolar, como lesiones (213), amenazas (63), trato degradante (15), vejaciones (22) o malos tratos de obra sin lesión (5). Cifras altas que, sin embargo, no se acercan a la realidad, ya que, según la Unidad de Participación Ciudadana de la Policía Nacional, la mayor parte de los que sufren acoso escolar nunca se lo comentan a un adulto.

El patio virtual

Las nuevas tecnologías han facilitado el acoso escolar. «Aplicaciones como WhatsApp o Snapchat trasladan inmediatamente una pelea en el patio a los entornos digitales, convirtiéndose en una peligrosa arma de bullying», indicaba un agente de la Policía Nacional durante la presentación de la campaña #noalacosoescolar.

Un alto porcentaje de escolares de entre 11 y 16 años se ha sentido en algún momento víctima del acoso escolar a través de redes sociales como Facebook, Twitter o Tuenti, según el Grupo de Redes Sociales de la Policía Nacional. La mayoría de ellos no lo ha tenido prácticamente en cuenta, ya que se trataba de algo de «carácter leve», pero un pequeño grupo tuvo que recurrir a la intervención de sus padres o profesores.

De ese reducido número de casos graves, casi un 54% de las víctimas de acoso escolar presenta síntomas de estrés postraumático, como pesadillas, ansiedad, insomnio o pánico; el 55% sufre depresión y el 53% tiene una imagen negativa de sí mismo, según el Estudio Cisneros sobre «Violencia y Acoso Escolar». Además, son múltiples los casos de adultos que siguen sufriendo flash backs y sueñan cada noche con las palizas que recibían.

«Se pueden producir daños psicológicos graves cuando las conductas de maltrato y hostigamiento se mantienen durante cierto tiempo», explica Nines González, psicóloga especializada en el tratamiento de niños y jóvenes. Ante esta situación, recomienda apoyar siempre a la víctima, no poner en duda nunca su relato ni intentar que se reintegre con sus compañeros.

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Texto por: Eduardo de Rivas

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