La clandestinidad de una nube de humo


Tres bares del barrio de Salamanca permiten fumar en su interior exponiéndose a multas que ascenderían a 10.000 euros
Foto: Inés Baucells

Foto: Inés Baucells

En las calles aledañas a la plaza del Marqués de Salamanca existe un local que pasa desapercibido, en un soportal, camuflado entre setos y cuyas ventanas apenas dejan ver su interior. Al entrar se percibe un olor característico que impregna cortinas y tapicerías. «¿Se puede fumar?», el camarero reflexiona, segundos después confiesa: «Poder no se puede, pero un cigarro sí que te puedes fumar». Acto seguido, deposita sobre la mesa un plato de café que hace las veces de cenicero, lo irá cambiando cada vez que las colillas sean más de tres. En la mesa de al lado hay dos matrimonios, los varones fuman Cohibas y ellas Marlboro. En la barra dos hombres aguardan a una mujer con un cigarro entre los dedos y una copa en la mano opuesta, el mayor placer para un fumador. «¿Qué hacéis fumando?», exclama sorprendida la mujer que les ha hecho esperar. Ellos se ríen, se encuentran en uno de los locales en los que se permite fumar, de manera ilegal, en el barrio de Salamanca.

El enclave, la decoración, la vestimenta de los camareros y poder fumar en su interior aportan al bar una clandestinidad que consigue atrapar a todo aquel que lo descubre. El local abrió sus puertas en 2006. Cuatro años después el gobierno implantó la ley antitabaco que tanto ha perjudicado al sector de la hostelería. Desde la entrada en vigor de la norma, el bar ha tenido que hacer frente a una multa de 600 euros por considerarse una «infracción aislada». Si se trata de una reincidencia, la multa puede ascender hasta los 10.000 euros o, incluso, 600.000 en delitos graves. El encargado del pub reseña que desde que abonaron la multa llevan mucho cuidado y «vigilan la puerta».

Al bajar las escaleras de un local situado en la calle Velázquez, el transeúnte se topa de bruces con un escondite que hace olvidar los trasiegos y las prisas de la capital. La atmósfera del pub es idónea, su banda sonora hace todo más fácil, los amantes del tabaco soñarían con tomar una copa en su interior acompañada por un buen habano o un cigarrillo. «En teoría no se puede fumar, pero si el propietario lo permite y los consumidores también, se hacen excepciones», asegura el encargado del establecimiento. Por todos los vecinos del barrio es sabido que una noche cualquiera se puede fumar en el interior del bar.

20 terrazas ilegales

La presidenta de la Asociación nofumadores.org, Raquel Fernández Megino, alega que es muy difícil que un inspector «vaya al establecimiento justo en el momento en el que se produce la ilegalidad». «En Madrid hay 17 inspectores, un porcentaje irrisorio en comparación con otras comunidades». Por ello, Fernández comenta que lo más efectivo es «llamar a la policía y que se persone en el bar, porque su palabra vale más que la de cualquier ciudadano y pueden dar fe del acto ilegal», cuenta para añadir más tarde: «La infracción se presenta en la Agencia Antidroga que es la que se encarga de las inspecciones en Madrid». En este sentido, la Agencia Antidroga resalta que los inspectores «acuden en caso de que haya una denuncia de por medio», a través del ciudadano o de las plataformas que se encargan de ello. También realizan campañas de inspección, en el último año han recibido 920 denuncias en toda la Comunidad. Las sanciones finales han sido 547.

Foto: A. C.

Foto: A. C.

Lo mismo ocurre unas calles más arriba, cerca de la parada de metro de Núñez de Balboa. El local pasa desapercibido, en su interior un camarero está al otro lado de la barra donde en un extremo hay unos ceniceros de cristal apilados. El empleado no sabe qué decir cuando se le pregunta por los recipientes que todas las noches acogen colillas. «Hacemos excepciones cuando quedan pocas mesas ocupadas y estamos a punto de cerrar», comenta un tanto nervioso.

Fernández asegura que el mayor incumplimiento de la ley antitabaco en Madrid se da en las terrazas. «En el 98 por ciento de las terrazas se permite fumar ilegalmente». La normativa establece que se entiende por espacio al aire libre todo aquel que no esté cubierto o que estándolo «esté rodeado lateralmente por un máximo de dos paredes». Según ha podido saber este medio, en el barrio de Salamanca habría alrededor de 20 terrazas ilegales.

Fuentes de la Asociación Madrileña de Hosteleros aseguran que es un caso aislado que un establecimiento no cumpla la normativa. «El que puede tener una terraza ha invertido dinero en acondicionarla y le beneficia porque el cliente puede fumar», afirman desde la asociación, que resalta el esfuerzo económico de los propietarios por «hacer las cosas bien». Álvaro Garrido, de Fumadores por la Tolerancia, declara que siempre «hay gente que apuesta por vivir al límite». «El que deja fumar en su establecimiento de forma recurrente acaba por ser sancionado».

A la calle Juan Bravo 25 acuden «los más habituales fumadores de puros del barrio de Salamanca», comenta Narciso, el encargado de O’Clock. Las condiciones de la terraza del local permiten que se pueda fumar por ley. Para los asiduos a este refugio inglés, el O’Clock «es el paraíso». El encargado resalta que «el feedback de sorpresa porque se permite fumar es bastante habitual». Narciso alega que la productividad «en los espacios donde se puede fumar es mucho mayor». «Son las mesas que primero se ocupan».

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Texto por: Angie Calero Belenguer

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