Max Estrella: «Tenemos un complejo de inferioridad respecto al arte»


Para Alberto de Juan, de Max Estrella, ARCO es «una cita vital» para el arte contemporáneo pero la proyección internacional es «clave» para sobrevivir
Alberto de Juan, galerista de Max Estrella, contempla una de las obras de Aitor Ortiz

Alberto de Juan, galerista de Max Estrella, contempla una de las obras de Aitor Ortiz

Max Estrella, poeta ciego y miserable, recorre las calles de Madrid guiado por las palabras de Valle-Inclán. Un escritor venido a menos, refleja la decadencia de un artista en sus últimos días. La connotación conceptual detrás del reconocimiento de un artista «antes de que sea demasiado tarde» fue la inspiración para que Alberto de Juan abriese hace dos décadas su galería en la calle Santo Tomé, 6. Con la idea de promocionar artistas jóvenes, le pareció demasiado pretencioso poner su nombre al local.

En los años noventa, el mercado era más pequeño pero «todo era una efervescencia». Ahora, pese a que la escena artística está más consolidada, De Juan observa cómo los «tiempos difíciles» han destapado «un mercado verdaderamente endeble». Además, él entiende el hasta hoy «elevado» IVA que afecta a la cultura como «un castigo monumental».

Por ello, ferias como ARCOmadrid, que este año tendrá lugar entre los días 19 y 23 de febrero, suponen un evento clave para una galería. Eso sí, De Juan reconoce que abordar una cita nacional de estas características difiere en gran parte de una exhibición internacional. «Hay un enorme público que tiene interés y que viene a verte. No es como en el extranjero, donde hay un proceso de captación de clientes». Para el galerista, ARCOmadrid se ha convertido en una cita para el arte contemporáneo «vital».

En los casi 16 años que la galería Max Estrella lleva asistiendo a la feria, siempre se ha llevado un grato recuerdo. Presentar los proyectos de sus artistas les permite tratar con una cantidad de público que «ya quisiéramos que viniera a la galería». Ante la enorme diferencia entre la cifra de visitantes a ARCOmadrid y los que se animan a pasar por el local después, De Juan ve una explicación lógica: la cantidad de galerías que se visitan a la vez. «Y eso es muy cómodo para el público», admite. Pese a la cantidad de personas que se introducen en el mundo del arte contemporáneo gracias a este tipo de iniciativas, también existe un perjuicio clave: «No puedes entender la obra de un artista solo con dos piezas».

Con esta desventaja en mente, la individualidad de las propuestas de los artistas llevan el peso de la imagen de una galería. «Nosotros solo recogemos los frutos», afirma De Juan. Así, la selección de los autores que les representan en las ferias es un proceso «complicado». Para el galerista, «todo depende de la coyuntura del momento», es decir, del punto artístico en el que se encuentran. Este año, de hecho, presentarán dos artistas nuevos con los que han comenzado a trabajar: Almudena Lobera y un artista fronterizo americano-mexicano, Adrián Esparza.

Musicología lógica

El diálogo entre autor y galerista, que pasa por «un proceso de identificación y comprensión de la obra», cobra importancia a medida que los procesos de producción de las exposiciones no se limita al traslado de una obra sino que pasan ya a intepretar la «musicología lógica» que cada artista tiene en mente.

Clave en la proyección de los artistas es también la colaboración entre galería y museo, una relación «complementaria» según De Juan y a su vez «esencial» para aprovechar el «momento de promoción». Precisamente dos de los artistas que presentará en ARCOmadrid también realizarán exposiciones fuera de ella. Son los casos de Eugenio Ampudia y Marlon de Azambuja, quienes exhibirán proyectos en el Museo de Artes Decorativas —dependiente del Ministerio de Cultura— y en una de las salas del Ayuntamiento, respectivamente.

Pese a tener una visión esperanzadora del panorama del arte actual tiene muy claro que «una galería solo puede sobrevivir si tiene una promoción y un mercado global». Actualmente existe una «gran competencia» por parte de grandes potencias como Estados Unidos y países con tradición coleccionista, como Bélgica. Y es que la competencia juega con una baza clave: saben apreciar a sus artistas.

De Juan añora que países como Latinoamérica hayan tenido «inteligencia» a la hora de promocionar a sus artistas. «Tenemos mucho que aprender de ellos», afirma. Él subraya un grave error en el mercado artístico nacional: «como no identificamos un ‘-ismo’, parece que no se puede hacer nada». Reconoce sentir cierta envidia. «Nosotros si promocionamos lo nuestro somos folclóricos. Si lo hacen otros, son inteligentes y estrategas».

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Texto por: Regina Rivera Webb

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