Álvaro Alcázar: «La calidad de un cuadro está en las emociones que transmite»


El galerista prepara para ARCOmadrid un estand con obra nueva de los artistas con los que trabaja habitualmente

 

Álvaro Alcázar, dueño de la galería homónima

Álvaro Alcázar, dueño de la galería homónima. Foto: Sigfredo

Álvaro Alcázar Gamarra no se ha perdido ninguna de las ediciones de ARCOmadrid. Su pasión por el arte contemporáneo le viene de familia: «En las primeras ediciones, era mensajero con mi madre», recuerda sonriente. Por eso, ha visto crecer la feria desde sus primeros años en el Paseo de la Castellana, la Casa de Campo, hasta llegar finalmente a IFEMA.

Su experiencia le permite afirmar que, desde sus inicios, «ARCO ha ganado en calidad, tanto de galerías como de público. Se ha profesionalizado muchísimo». Para esta edición, Alcázar espera que se continúe con la evolución de los últimos años: «Carlos –se refiere a Carlos Urroz, director de ARCO—, está haciendo un esfuerzo increíble por traer galerías y coleccionistas fuertes a España. Y lo está consiguiendo. Espero que sea una feria que cada vez guste más, y, sobre todo, que vengan grandes agentes de arte y directores de museos e instituciones».

Alcázar es en parte responsable en el aumento de la calidad. Su galería aporta a ARCOMadrid pesos pesados de la escena internacional y jóvenes por los que apostar. Pintores como Eduardo Arroyo, Antonio Murado o Simon Edmonson; el escultor Anthony Caro y creadores tan polifacéticos como Rafael Canogar figuran en el estand que prepara para la edición de este año. «Son los artistas con los que trabajo continuamente, los que defiendo, y, en casi todos los casos, llevo obra nueva de ellos». Es el caso de Josep María Sirvent, quien está preparando una escultura de gran formato. O del pintor Lino Lago, uno de esos jóvenes artistas por los que apostar: «Está preparando una versión de Las Meninas con salpicados de pintura. Es una metáfora de la situación española. Las Meninas son un retrato de una España manchada: por la corrupción, la crisis, el paro… va a ser un cuadro interesante». También aportará piezas de gran envergadura, como dos enormes lienzos de Eduardo Arroyo de los años 90.

LA GALERÍA ÁLVARO ALCÁZAR

Retrato, de Lino Lago

Retrato, de Lino Lago

Todos estos creadores forman parte del capital artístico que atesora en su galería de la calle Castelló, abierta a todos los que quieran conocer el arte contemporáneo. Al entrar en ella, un blanco y diáfano espacio sorprende al visitante. La impresión de que trata de un entorno sin divisiones la confirma el galerista: «Cuando plantee este espacio, lo hice para que fueran muy unidas la parte de la colección, de la exposición y la del almacén. Hay muestras que se alargan hasta él». Frente a las prevenciones del ojo profano, que no ve en Duchamp y su urinario más que una ocurrencia estrafalaria, Alcázar arguye que «todos los artistas tienen su contexto, su evolución, y la gente que está metida en el arte contemporáneo lo conoce». En este arte, como en el de cualquier época, «hay belleza y fealdad. La calidad de un cuadro está en las emociones y la tensión que transmite. Suele ser admitida por todo el mundo», afirma.

Sobre el arte contemporáneo español, piensa que su presencia internacional «está en una situación muy complicada. No tenemos grandes artistas exponiendo fuera. Hay algunos casos, pero son pocos. España tiene un potencial enorme de creadores y debería estar mucho más presente en la escena del Arte internacional».

Tampoco se encuentra mejor el mercado del arte en nuestro país: «Las galerías hemos estado muy tocadas por la crisis. La gente ha dejado de comprar. Bajó muchísimo el porcentaje de ventas». A esto ayudaron medidas tan letales como la subida del 21% en el IVA: «No hemos sido competitivos. Compartimos artistas con galerías extranjeras, y su obra era un 21% más cara en España que en otros países. ¿Por qué te iban a comprar a ti?».

Además, Alcázar echa de menos una Ley de Mecenazgo que apoye el arte contemporáneo. «En los países anglosajones es lo que hace que el mercado del arte sea industria». Y pone como ejemplo a Estados Unidos: «Todas las grandes empresas colocan obras importantísimas en los halls de sus edificios y oficinas. Es un sistema de pago de impuestos. Lo que invierten en el arte lo deducen, y así crean las increíbles colecciones que tienen, que además ceden a museos».

 

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Texto por: Miguel Jorquera Garcilópez

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