«¿Era una estafa? Elemental, querido Watson»


Los detectives no son personajes de ficción sino profesionales de carne y hueso dispuestos a descubrir bajas fingidas, engaños al seguro y empresarios morosos
Sherlock Jr, película de Buster Keaton (1924)   Foto: ABC

Sherlock Jr, película de Buster Keaton (1924) Foto: ABC

Una pipa, una lupa o una gabardina; Holmes, Poirot o el padre Brown. Homicidios, robos imposibles o una sala llena de sospechosos. El cine y la literatura han extendido una imagen del detective que pocas veces se corresponde con su trabajo cotidiano. La realidad es que los investigadores invierten su tiempo en cuestiones relacionadas con la competencia desleal, las bajas fingidas o escamoteos de pensiones alimenticias. Y todo realizado con discreción y sigilo, alejados de cualquier protagonismo.

En Argüelles se encuentra la Asociación Profesional de Detectives Privados de España, (APDPE). Con 400 socios, es la más numerosa de nuestro país, surgida en 2001 como fusión de varias asociaciones repartidas por las distintas comunidades autónomas.

Para su presidenta, Eva Grueso, lo mejor de la profesión es que «no hay rutinas». «Un día se hace una infidelidad, al día siguiente un caso de solvencia económica y otro día un seguimiento a un menor. Cada cliente es un mundo», afirma.

Tanto personas corrientes como grandes empresas contratan servicios de investigación privada. Los detectives actúan cuando no hay pruebas de delito sino intuiciones del mismo. En cuanto se llega a la conclusión de que se ha infringido el Código Penal, tienen obligación de comunicarlo a la Policía o a la Guardia Civil.

Con la crisis, las investigaciones de tipo económico se han disparado: localización de morosos, cuestiones de solvencia económica, ocultación de bienes, bajas fingidas, competencia desleal y dudosas capacitaciones laborales. Entre particulares, los casos más frecuentes afectan a pensiones que, después de una separación, se escamotean alegando falta de recursos. Sin embargo, atrás quedaron los tiempos en los que un marido (o una esposa) con sospechas llamaba discretamente a los despachos. Al no hacer falta alegar razones para el divorcio, los detectives han perdido cuota de mercado.

Los casos económicos, como empresas fantasma o contraespionaje industrial, suelen ser las investigaciones más difíciles. Grueso recuerda un caso de fraude empresarial: «Era una persona que había declarado su empresa en concurso de acreedores y, realmente, continuaba trabajando a través de otras empresas que había creado de forma paralela».

 El seguimiento es uno de los métodos más comunes para iniciar un caso. Pero, a veces, el investigado descubre a su perseguidor. Pueden ocurrir por filtraciones, chivatazos de algún conocido e incluso por descuido del propio interesado que ha contratado al detective. Algo así le ocurrió a Francisco Iglesias, detective con más de diez años de experiencia: «A mí me han preguntado, ‘tú, ¿me vas siguiendo?’, y no sólo el investigado, sino alguien que no lo era. Mi respuesta ha sido: ‘mira, estás equivocado, lo siento mucho, pero no tengo nada que ver’». Después de eso, hay que desmontar el operativo, dejar pasar un tiempo y buscar otra camino para investigar. Como se dice en el argot, en cuanto te descubren, «estás mordido»

Uno de los casos que más le ha impactado a Iglesias es el de un joven al encontraron muerto tras una exhaustiva búsqueda. «Era el hijo menor de una familia australiana, con fama de ‘oveja descarriada’. Tenía que volver a España después de haber viajado a Marruecos. Consumió alcohol y drogas antes de subir al tren que le llevaría de Algeciras a Madrid». Paralelamente a las investigaciones de la Guardia Civil, la familia contactó con el despacho de Iglesias, que organizó un equipo de veinte personas e inició la investigación. «Nos separamos en tramos de cinco kilómetros y empezamos a cubrir todo el tramo de la vía». Cuando hay delitos, y no sólo indicios, las pesquisas se llevan a cabo en exclusiva por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Al encontrarse en paradero desconocido, se podía iniciar la investigación privada. «Cerca de Córdoba, encontramos el cadáver. Aunque parezca increíble, el resultado de la investigación determinó que se cayó del vagón. Parece que el tren no tenía las medidas de alerta adecuadas para avisar de que se ha abierto una puerta en pleno viaje. Se concluyó que el joven abrió una de la puerta de los vagones para tomar el aire y, fruto de los estupefacientes, cayó».

para ser detective

Para llegar a ser detective hay que aprobar los estudios de Investigación Privada, de tres años de duración y 1800 horas de clase. Según Eva Grueso, hay tres perfiles de personas interesadas en llegar a ser detectives. El primero, sería el vocacional: «Tiene a alguien conocido en la profesión, la conoce antes de entrar en ella y acaba ejerciendo la investigación». Un segundo caso sería el del influenciado por el cine negro y las películas: «La decepción es total, porque la realidad es bastante diferente. El primer año el índice de fracaso es bastante alto». El último perfil procede de los llegados de otras carreras: «La gente confunde criminología con investigación privada. Es fácil conseguir el título de investigador privado después de haberla estudiado. Generalmente, nunca ejercen».

Los que finalmente llegan a dedicarse a las cuestiones detectivescas tendrán que aprender a manejar el registro mercantil, colocar una cámara oculta en el lugar menos sospechado y conducir a la distancia justa. La pipa, la lupa y la gabardina,  quedan para la intimidad.

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Texto por: Miguel Jorquera Garcilópez

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