El viaje de la chufa a Madrid


En el 125 de la calle Alcalá hay un rincón valenciano al cien por cien. Se trata de la Horchatería Alboraya que desde hace 34 años ofrece el mejor refresco de la capital del Turia
Fachada de la Horchatería Alboraya situada en el 125 de la calle Alcalá. Foto: J.M.

Fachada de la Horchatería Alboraya situada en el 125 de la calle Alcalá. Foto: J.Monrós.

Cuenta la leyenda que cuando Jaime I llegó a Valencia para iniciar la reconquista contra los árabes se le acercó una niña para ofrecerle un vaso que contenía una bebida refrescante y dulce. El Rey, mirando el contenido del cuenco, le preguntó a la pequeña si aquel líquido era leche. Ella le contestó que sí, pero de chufa. Jaime I se lo llevó a la boca y exclamó: «Llet no, aixó es or xata» (leche no, esto es oro, chata). Esta historia popular se relata cada vez que alguien toma una horchata. Desde hace 34 años la leyenda también se narra en el 125 de la calle Alcalá de Madrid.

La horchatería Alboraya llama la atención a cualquier valenciano que pasa por su puerta. Este nombre hace referencia a una comarca de 20.000 habitantes situada al norte de la ciudad del Turia. Debido al crecimiento de Valencia en los últimos años, Alboraya se puede considerar parte de la ciudad. Todos los fines de semana recibe a un gran número de amantes de la horchata.

Foto: J.M.

En 1980, Fina y José Luís salieron de Valencia para instalarse en Madrid con la intención de abrir una horchatería, algo que por aquel entonces no era común en la capital. Sus hijos, Jose y Celia, son los que regentan actualmente el negocio. «Yo estudié Empresariales y mi hermana es ingeniero agrónomo, a los dos nos ha gustado tanto que nos hemos quedado aquí», comenta Jose para añadir que sus padres ya se han jubilado y han vuelto a su ciudad natal.

El secreto para que esta familia de Alboraya haga la mejor horchata de Madrid radica en la chufa, el tubérculo que da fruto a esta bebida tan refrescante. «La cultivamos en Valencia, los campos nos dan 10.000 kilos que trasladamos en dos tandas de 5.000 a Madrid», cuenta Jose que, entre risas, dice que «lo más gracioso» de este viaje es que cuando descarga del camión los sacos, y alguno se rompe, da «un patinazo» y la gente «se pone a jugar con la chufa».

El peso de la segunda generación

Este joven de 28 años explica que en verano pueden llegar a vender 250 litros de horchata al día. «Antes se pedía mucha más, pero el helado le va quitando terreno», cuenta apenado. Sin embargo, la visión empresarial de Jose y el hecho de pertenecer a la generación de los nativos digitales ha hecho que su hermana Celia se encargue de gestionar la web de horchatería Alboraya y Jose de la página de facebook. Además, con ellos el negocio ha crecido: «Hemos abierto dos tiendas más, una en Santa Engracia y otra en Felipe II».

Variedad de helados de la Horchatería Alboraya. Foto: J.M.

«Ser la segunda generación del negocio es una responsabilidad», apostilla Jose que considera que Alboraya tiene ventajas como la de «trabajar en algo que ya está montado y con una fama adquirida con el paso de los años». Sin embargo, cuenta que cada generación «pide una cosa, los sabores de los helados cambian y ahora se hace incluso horchata sin azúcar». Cuando la horchatería se inauguró en 1980 no había helados, al poco tiempo se introdujeron cuatro y en la actualidad ofrecen a los clientes 33. Del mismo modo, los granizados también han evolucionado en los últimos años y ahora disponen de más variedad: «Antes solo eran de limón y ahora haces de leche merengada, mango y fresa».

Como buen valenciano, Jose tiene la virtud de saber agradar. Tanto es así que desde hace seis años organiza en el 125 de la calle Alcalá el día de la horchata en honor a San Cristóbal, el patrón de Alboraya. «Hemos querido trasladar esa misma costumbre a Madrid». Por ello, el 10 julio, montan una mesa en la calle y dan horchata con fartons -el dulce con bollería alargado que se toma con la bebida gratis a todos los transeúntes. «Cada año viene más gente y regalamos más horchata», relata orgulloso pero con cierta nostalgia. No es para menos, su hermana Celia está en Valencia «disfrutando de las mascletàs»: la terreta está presente en todos los valencianos y el amante de las fallas ahora mismo solo piensa en tomar una horchata bajo el cálido sol de la capital del Turia.

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Texto por: Angie Calero Belenguer

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