La ética periodística en la era digital


Dos periodistas de larga trayectoria responden a los principales retos de la información en internet

Realizado por: Angie Calero y Miguel Jorquera

El pensador

«El pensador» de Rodin en la ciudad de Valladolid. Foto: Nicolás Pérez.

El periodismo, sea digital, por twitter o por señales de humo, está sujeto a las mismas reglas que los soportes tradicionales. Cambia la forma de transmitir y comunicar pero los criterios éticos con los que se elabora una pieza noticiosa siguen siendo los mismos que instauró, en la época de Carlos III, Francisco Mariano Nipho cuando se paseaba por los mentideros de Madrid con su Diario Noticioso.

En el Congreso de Periodismo Digital de Huesca mañana, 14 de marzo, se discutirá sobre la ética en los medios digitales. Para acercarnos a este debate, Madrilánea entrevista a Alfonso Armada y a Alicia Gómez Montano. Armada es director del Máster de Periodismo de ABC, Adjunto al Director de ABC y editor y director de la revista digital fronteraD.  Gómez Montano ha sido  Jefa del Área de Nacional de Telediarios de TVE, directora y subdirectora de Informe Semanal y ha publicado libros de cuestiones éticas como «La manipulación en la televisión» y «Por una mirada ética. Conversaciones con Alicia Gómez Montano».

– ¿Qué rasgos debe seguir un medio de comunicación para ser ético?

Alfonso Armada: Cumplir el pacto sagrado del periodismo y del periodista con el lector: todo lo que le voy a contar es verdad, no me he inventado nada. No publicar nada que no haya sido al menos confirmado por tres fuentes que no se conozcan. Fomentar el espíritu crítico y el conocimiento. Mantener una distancia crítica de todos los poderes. En caso de duda, hacer siempre periodismo.

Alicia Gómez Montano: Un medio de comunicación es ético cuando su principal objetivo es ofrecer al lector información veraz, por encima de intereses comerciales, políticos e incluso editoriales. Y cuando en caso de error, saber rectificar.

– ¿Qué evolución han vivido los medios respecto a la ética periodística?

A. A.: Limitándome al caso español creo que tenemos un grave problema con la verdad. Se ha difundido que es imposible llegar a saber la verdad sobre nada porque todas las fuentes son interesadas, porque todos mienten, porque «la objetividad no existe», como se escucha incluso en muchas facultades de periodismo. Me gustaría recordar la explicación que suele esgrimir el periodista Arcadi Espada a la hora de definir la objetividad: «La capacidad de ser respetuoso con los hechos al margen de las propias convicciones».

A.G.M.: Hay mucho «ruido» informativo, poca comprobación y menos rectificación. Los retos son otros: llegar el primero, dar la campanada, hacerse famoso… El info-entretenimiento, los géneros mixtos en el audiovisual, también han dejado un terreno abonado para la falta de ética.

«Creo que el comportamiento de la Cadena Cope y el diario El Mundo fue manifiestamente antiético»

– ¿Qué acontecimiento marcó un antes y un después a la hora de tratar desde el punto de vista ético una información?

A. A.: En la España reciente, los atentados del 11-M. Creo que el comportamiento de la cadena Cope y del diario El Mundo fue manifiestamente antiético. Pero es que además la emprendieron contra el diario ABC por no sumarse a la famosa teoría de la conspiración instando incluso a sus lectores a que dejaran de leerlo y a sus suscriptores a que cancelaran su relación con el periódico.

A.G.M.: Entre los que han afectado a España, la intoxicación de los periódicos de Ramdolph Hearst acusando a España de la voladura del Maine en Cuba. También las mentiras de la Primera Guerra del Golfo que se «descubrieron» cuando se desclasificaron los documentos (se acusó al régimen de Sadam Hussein de haber destruido incubadoras en Kuwait y de prender fuego a pozos de petróleo); las mentiras elaboradas durante la Segunda Guerra del Golfo, cuando se difundió que el régimen irakí tenía armas de destrucción masiva. Los papeles del Pentágono que pusieron a la luz las falsedades de la administración estadounidense respecto a la Guerra de Vietnam… Los  ejemplos más relevantes suelen estar relacionados con conflictos donde es necesario demonizar, a cualquier precio, al enemigo.

– ¿Cómo ha influido la crisis en los medios de comunicación en la ética periodística?

A. A.: Ser ético siempre tiene un coste, aunque estoy convencido de que a la larga es más rentable ser honesto que deshonesto, y si no fuera así creo que a pesar de todo habría valido la pena. La caída de la publicidad y de las ventas ha hecho que se baje el espíritu crítico. En internet, para conseguir más pinchazos a toda costa, se han bajado también los listones de exigencia periodística y de rigor a la hora de comprobar una historia antes de lanzarla a la red.

A.G.M.: A más crisis, plantillas más reducidas y menos rigor; menos verificación y menos rectificación.  Además, en la batalla de ganar lectores o audiencia, se produce una escalada de «todo vale» que tiene sus efectos negativos en el terreno de la ética.

– ¿Cómo se puede afrontar una noticia de última hora en un momento en el que prima la inmediatez?

A. A.: No dándola hasta no tenerla confirmada a través de fuentes completamente fiables. Lo importante no es ser el primero sino ser el que dice la verdad y la cuenta mejor. Con demasiada frecuencia publicamos noticias que no lo son.

A.G.M.: Insistiendo en que muchos datos son provisionales y están a la espera de confirmación. Poniendo mucho énfasis en dejar claro cuáles son los hechos confirmados y cuáles no.

«Los libros de Estilo son papel mojado si no hay convicciones serias detrás»

– ¿Qué libro de estilo trata la información con mayor rigor? ¿Si pudiese elegir, por cuál se decantaría?

A.A.: Mi primer periódico fue El País. En ese diario me formé hace treinta años junto a grandes profesionales. Me sigue pareciendo un buen manual, aunque el diario que lo creó no siempre fue fiel a sus dicterios. Me gusta también mucho el del New York Times, que creo que ha mantenido de forma más constante y rigurosa sus cánones de exigencia y su rigor.

A.G.M.: Los libros de Estilo son papel mojado si no hay convicciones serias detrás. Es la información de cada día el auténtico test donde se miden los principios éticos y deontológicos.

– Cuando hay un atentado, un accidente o una catástrofe natural, ¿es ético publicar imágenes de las víctimas?

A.A.: Es una noticia de alto interés general. Creo que sí, que forman parte de la realidad. No creo que haya que edulcorar las cosas para hacerlas más digeribles. Pero no hay que regodearse en el morbo ni en el impacto. Hay que acertar a conjugar la buena información con el respeto a las víctimas. Pero a veces la línea roja no está clara ni es fácil de determinar.

A.G.M.: Las víctimas (fallecidos o heridos) conservan su derecho a la dignidad y a la privacidad. Cualquier imagen que se difunda tiene que tener en cuenta estos elementos y el impacto que puede causar en las familias de los heridos/fallecidos. Pero el asunto es muy complejo. Antes de publicar una imagen de una víctima hay que pararse a pensar en su interés general, en qué aporta, a quien perjudica su publicación. Por ejemplo, si la difusión de los daños ocasionados por un grupo terrorista contribuyen hipotéticamente a desacreditarlo socialmente) y su valor añadido.

– ¿Hasta qué punto es ético retocar una imagen para ser publicada?

A.A.: Las fotos no se pueden retocar, en el sentido de manipular, añadir o quitar elementos de la foto. Lo cual no quiere decir que, como se hacía en el cuarto oscuro, se equilibren los contrastes o se ajuste la luz o se amplíe una parte de la imagen.

A.G.M.: El fotoperiodismo no debe hacer retoques, salvo que sean de carácter técnico. No es fotografía artística: es periodismo. Lo que sí se puede hacer es ocultar algún elemento de la fotografía especialmente sensible. Es una decisión editorial que hay que valorar.

– Cuando el periodista hace una entrevista, ¿Debe publicar que el entrevistado no ha querido contestar a alguna pregunta?

«Sánchez Ferlosio no solo tachó algunas preguntas sino que las calificó de irrelevantes»

A.A.: Claro. En mi caso publiqué una entrevista con Rafael Sánchez Ferlosio en la que el entrevistado no solo tachó algunas preguntas sino que calificó algunas de irrelevantes.

A.G.M.: Depende de la importancia de la pregunta. En general, cuando aclaramos que el entrevistado no ha querido responder, salvamos nuestra profesionalidad: como periodista porque el mensaje que le mandamos al lector/espectador es que nosotros hemos cumplido con nuestra obligación: no tenemos respuesta pero lo hemos intentado.

– ¿La ética de los medios debe plasmarse en las leyes?

A.A.: Creo que deben recoger el secreto profesional y la libertad de conciencia.

A.G.M.:La ética de los medios debe plasmarse en códigos deontológicos, Manuales de Estilo, resoluciones de organismos como Unesco, Consejo de Europa, Parlamento Europeo, etc. Cuando la falta de ética supera los límites de la libertad de expresión y de la veracidad, son las leyes las que entran en juego y las que se aplican. Y entonces ya no estamos hablando de ética sino de derecho

-El no documental de Jordi Évole sobre el 23F, en el que muchos creyeron hasta el final, ¿es una falta de respeto a los espectadores? ¿Viola de alguna manera la veracidad que se presupone al reportaje periodístico, aunque al final desvelase el propósito de la emisión?

A.A.: No era un reportaje periodístico, aunque jugaba con el estilo y los recursos del género. No me gustó, pero reconozco su derecho a hacer lo que quiera, y apencar con las consecuencias. Lo que me llamó la atención es que periodistas de cierta reputación se prestaran al engaño precisamente utilizando su propia reputación para darle al no documental una pátina de autenticidad. Utilizaron su supuesta fama de periodistas respetuosos con la verdad para engañar. Aunque lo reconocieron al final creo que se hicieron un flaco favor a sí mismos y a la profesión. En un país donde el respeto a la verdad y el prestigio de los medios está tan deteriorado, creo que el daño es mucho más profundo. Lo mismo se puede decir de Jordi Èvole. A partir de ahora, cuando pretenda ofrecer una pieza de investigación será legítimo que nos preguntemos si está jugando con la verdad o con la mentira.

A.G.M.: En mi opinión no supone una falta de respeto a los espectadores. El falso documental es un género consolidado en toda Europa y en Estados Unidos. Tiene décadas de tradición. No pretende manipular al espectador porque siempre revela su condición de «fake». El falso documental o mockumentary, es un relato falso con una narración verosímil, siguiendo la escuela del reportaje televisivo y del documental. El objetivo del falso documental es jugar con el espectador. Tiene vocación de juego, subversión y experiencia ética, estética o de entretenimiento. No viola la veracidad porque es ficción y así se desvela en los minutos finales de la emisión.

-¿Qué debe hacer el periodista cuando ha de publicar una información que, en conciencia cree que no es veraz, pero por imperativo del superior ha de publicar?

A.A.: Primero, negarse a hacerla. Como último recurso, negarse a firmar.

A.G.M.: Desde el punto de vista ético, el periodista no puede poner su firma a una información que no es cierta y detrás de la cual sospecha que hay ocultas intenciones. Debe retirar la firma y dejar consciencia de su malestar. Por supuesto, pagará un precio por ello. Es el precio de la honestidad profesional.

Datos útiles:

– Ponencia «Libro de estilo para medios digitales»
– Fecha: Viernes 14/3/2014
– Hora: 10.00 horas
– Intervendrán: Alfonso Armada, Maria José Cantalapiedra, Pedro de Alzaga

 

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