Adicto al móvil


Hace una semana que no utilizo el móvil. He descubierto un mundo que ya no recordaba, repleto de sensaciones completamente nuevas
Una chica visita la aplicación de ABC. Foto: Isabel Permuy

Una chica visita la aplicación de ABC. Foto: Isabel Permuy

Existió un día en el que el hombre vivía sin móvil. Se comunicaba con sus amigos, con sus familias, a través de algo ya casi desconocido: la palabra. Se llamaba al teléfono fijo de una casa, esperando que esa persona estuviese. O quizás esa noche tocaba pasarla en vela después de una discusión. Ella había colgado y no había manera de volver a llamar a unas horas intempestivas. Eran épocas en las que no existía WhatsApp. Ni Twitter. Ni Facebook. Un pasado no tan lejano, pero que solo queda en la mente de los más tradicionales.

Llevo una semana sin utilizar el móvil. Cada mañana, cuando salgo de la habitación, me dice adiós desde la mesita de noche, deseándome un buen día lejos de sus garras. Ya no soy dependiente… he vuelto a vivir. Mi sonrisa ha vuelto a ser una sonrisa y no un emoticono, mi estado de ánimo no responde a una simple pregunta de Facebook y si debato con alguien no lo hago midiendo mis frases para que tengan menos de 140 caracteres. Ya no vivo en constante tensión esperando que suene mi teléfono.

Cuando empieza el día, no siento la necesidad de mandar un mensaje de buenos días, ni de enviar a nadie una foto de unos gatitos sonriendo. No es que me haya quedado sin novia, sino que he dejado de medir el amor en bits y descargas. El amor no tiene letras ni número de kilobytes, sino que es algo más que una sonrisa por una foto enviada.

Me he olvidado del móvil y he vuelto a sentir esa sensación. La de pasar la tarde comiendo pipas en un banco, viendo pasear a la gente; la de una espera interminable con una flor y la de un beso que no interrumpe el sonido de un teléfono.

¿Qué fue de esa película de cine sin que el de al lado te deslumbre mirando su correo? ¿O sin que el de la fila de delante se pase 20 minutos escribiendo por WhatsApp? Y, aunque suene antiperiodístico, ¿qué fue de aquellos días en los que llegabas a casa y tu madre te contaba la gran noticia del día? Todo el mundo sabe dónde estaba cuando murió Franco, cuando estalló el 23-F o cuando cayó el Muro de Berlín, pero en el futuro nadie podrá contar qué hacía cuando se enteró de las grandes noticias de la historia. Solo podrá decir «lo vi en Twitter».

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Texto por: Eduardo de Rivas

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